El falso llano

Óscar Aguado

En 1492
descubrí los barcos, abandonaban el horizonte para rozar los dedos de nuestra isla, Lucía era dueña de sus silencios aunque sus silencios no tuviesen dueño, ningún periódico huraño previno a los niños de ninguna tormenta, ningún teniente coronel anunció nubarrones, el mar era azul azul, ahí no nos perdíamos nada, volvía a ser tarde aunque llegamos a punto de que el sol desvirgara nuestro presente.

En 1492
el día en que mi madre me regaló una corona de pinchos para recompensarme por el esfuerzo, como si todavía le doliera la sensación de que mi cabecita saliera de su vientre, como si el barco hundido con la proa todavía hincada entre sus muslos no dejara de naufragar, Lucía abandonaba el silencio y hablaba con los tripulantes, quería que su silencio solo fuera nuestro y contaba en idiomas extraños a los desconocidos que nuestra isla requería ser un secreto.

En 1492
los barcos encallaron en nuestra isla y Lucía y yo todas las noches aflojábamos tornillos como delfines desesperados, los barcos se hundieron y mi madre aguantó los embates como una fiera.

Todo fue a peor, los tripulantes aún están aquí y yo intento averiguar si Lucía está entre ellos.

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Desnudo como un pájaro sin alas
herido de vida
despierto aún
en la última rama del amor.

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Luchan los tuyos y los míos
contra los nuestros
mueren los nuestros
los tuyos
los míos
rodean aquel cuchitril
que nos vio atracarnos de perdices.

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Un mundo en el que un hombre es una reja tan alta
como el vuelo de un pájaro herido
y después una roca en lo alto de una montaña de arroz
y también una peonza en un charco de semen
un hombre que quiso ser un astronauta
y ahora es capaz de barrer el infierno cinco veces al día
un mundo en el que a un hombre no le enseñaron
a amar el mundo como lo hubiera hecho un niño.

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Esta tristeza
es una lágrima
que borra un barco.

 

EL FALSO LLANO

Se llama “falso llano” a un terreno que parece llano pero que realmente está lleno de desniveles. No sabemos cómo pudo confundir Óscar Aguado el casco histórico de Toledo y sus innumerables cuestas con una planicie, pero allí fue a parar en el invierno de 2014 para escapar de una ruptura amorosa que lo había dejado hecho añicos. Durante muchos meses, Toledo fue el lugar idóneo para volver a unir los trozos de sí mismo que pudo salvar y escribir este libro, un poemario de amor íntimo y sincero que se convirtió en la empinada cuesta que tuvo que subir para seguir adelante.

ÓSCAR AGUADO

Óscar Aguado nació la Nochebuena del 77. Su primer libro se llamó El arco iris de un anticuario. Después vino Yo fui el negro que escribió la Biblia y ganó el premio José Hierro. En la plaza de la Corredera de Córdoba salió a la luz su poemario de amor El corazón más feo del mundo. Al poco apareció Barro, un poema río que desembocó en su poemario épico Canción de cuna para un héroe. En una huida a Barcelona escribió La habitación del extranjero, su poemario más próximo al realismo sucio. Allí, en el Rabal, también nació el libro Las últimas palabras de Harpo, un poemario epistolar ilustrado que acabó corrigiendo en Teruel. En León apareció el poeta social con Los animales han llegado. Luego se transformó en Carso Waters para dar a luz su poemario western Traducción de los perros de Omaha. Óscar Aguado volvió a aparecer en Toledo para escribir este libro. Lo último que ha publicado ha sido un diario de prosa poética titulado Un mundo para el hombre de hojalata.

El falso llano

Óscar Aguado

Prólogo de Félix Chacón

ISBN: 978-84-946132-1-0

72 páginas

9,98 €

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© Óscar Aguado
© Gato Encerrado 2017