“Un lobo”, de Fernando Valverde

Dentro de este poema pasa un lobo
que deja sus pisadas en la nieve.

Sigiloso y hambriento,
recorre la ciudad
que miró confiada hacia el futuro.

Hoy han bajado todas las persianas.

Es tarde,
trato de no hacer ruido
y que avancen los versos como pasan los días
para que el lobo escoja
un camino que lleve a otro lugar,
una presa más débil.

Pero en este poema espera un lobo
que ha venido a buscarme.
Aunque intente estar quieto y no hacer ruido
salta por las palabras un recuerdo
que me arranca un aullido y me devora.

Fernando Valverde
Los ojos del pelícano
Visor

“Si me llamaras, sí…”, de Pedro Salinas

¡Si me llamaras, sí,
si me llamaras!

Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!

Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
–¡si me llamaras, sí, si me llamaras! –
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.

Nunca desde los labios que te beso,
nunca
desde la voz que dice: «No te vayas».

Pedro Salinas
La voz a ti debida

“El azucarero”, de Elena Román

En momentos de derrota habría que plantearse otra lucha:

una pequeña, fácil, que se pueda superar sin demasiado esfuerzo.

Algo así como avanzar, con la cara hinchada a bofetadas de amargor,

hacia el azucarero, repitiendo en voz alta que, pase lo que pase,

os comeréis un terrón, que eludiréis los obstáculos diabéticos

y los imperios de la sacarina y, cuando lo tengáis a mano, jurad que os lo

vais a comer… y os lo coméis.

Habría que paladearlo bien porque es la salvación, es un placer.

No cambiará nada pero tampoco habrá agravado el entorno.

Todo seguirá doliendo en su sitio menos la dulzura,

que se habrá mudado a la cavidad auxiliar de la memoria.

Elena Román
Novedades: Ayer. Posible antología 2008-2019
Ediciones Liliputienses

“Y llegó la tormenta…”, de Ana Pérez Cañamares

Y llegó la tormenta y apagó la tele.
Ella sola decidió que el madridbarça
era en sus manos un juego para niños.

Nos brindó su espectáculo
de luces y sonido: un show
de vanidad herida hecho
para impresionar.

Vaya si lo hizo. No solo
olvidamos a Messi: olvidamos
hasta nuestros nombres.

Maradona bendiga a todas las tormentas
porque nos apartan de nuestros vicios:
el deseo, el poder, la identidad.

Ana Pérez Cañamares
Las sumas y los restos
Ya lo dijo Casimiro Parker

“Sin tiempo ni memoria”, de José Agustín Goytisolo

Una voz que bien sé de dónde viene

me ordena que despierte

que me aleje del sueño

que abandone.

 

Digo que así será:

cortaré el agua de los maleficios

verteré azufre en tierra

y me iré a otro lugar

a una región

sin tiempo ni memoria

en la que todo esté por comenzar.

 

José Agustín Goytisolo
Final de un adiós
Lumen

Carlos Ávila actuará el viernes y el sábado en Toledo

Este fin de semana tendréis dos oportunidades para ver a Carlos Ávila en Toledo. El viernes actuará en la plaza Barrio Nuevo, en el Casco Histórico. Y el sábado participará en el concierto solidario que organiza Red Alimenta, que tendrá lugar en el Parque de Viguetas del barrio de Santa Bárbara. Compartirá escenario con Mallo, Ariel Acevedo y la peña flamenca El Quejío.

Nota del 21 de agosto, viernes: Nos comunican que se cancela el concierto de Carlos Ávila en el Casco Histórico de Toledo.

 

“Ulises”, de Zhivka Baltadzhieva

A la playa de Ítaca
me trajeron dormido,
un cuerpo inerte sólo.

Primero
no me reconocieron
y después nadie me preguntó
nada.

He matado a los pretendientes.
Y más

no tengo que navegar.

No tengo que inventarme.
No tengo que inventar nada.
No tengo que ser
otro.

No tengo que ser.

Ni siquiera yo
sueño con Odiseo.

Mi fuga
a lo real

se ha cumplido.

Zhivka Baltadzhieva
Fuga a lo real
Amargord Ediciones

“¿Cómo he tardado tanto en darme cuenta?”, de José María Fonollosa

¿Cómo he tardado tanto en darme cuenta?

Los datos anunciaban claramente,

hasta con fluorescentes de colores,

que había un error grave en mis esquemas.

 

Me obcequé en proseguir, empecinado

y tenaz, por la senda equivocada

–los datos recalcábanlo insistentes–

para llegar así a ninguna parte.

 

José María Fonollosa
Destrucción de la mañana
DVD ediciones

“Punto final”, de Benjamín Prado

Un poema que imite

lo que vas a sentir cuando lo leas;

que diga al mismo tiempo

lo que siempre has pensado

y lo que nunca hubieses podido imaginar.

 

Un poema en el que las palabras

floten igual que el humo

de un papel

que se quema;

que suene como alguien

que habla de ti

en sueños;

que pueda ver en la oscuridad.

 

Un poema que beba de tus ojos,

que te espere despierto,

que salve las distancias,

que no te deje ir.

 

Un poema que te ha reconocido.

Un poema que ayude a pasar página.

Un poema que guarde un minuto de silencio

por lo que nunca se debió callar.

 

Un poema que sea imprevisible,

que diga otra cosa al leerlo otra vez.

Un poema que luche por las causas perdidas,

que se meta en la boca del lobo junto a ti.

 

Un poema que fue la pieza que faltaba;

que está escrito en la palma de tu mano;

que te deje secuelas;

que te arme de valor.

 

Un poema que sea más fuerte que el olvido.

Un poema que el tiempo ya no puede vencer.

 

Benjamín Prado
Ya no es tarde
Visor

“1936”, de Miguel Labordeta

fue en la edad de nuestro primer amor
cuando los mensajes son propicios al precoz embelesamiento
y los suaves atardeceres toman un perfume dulcísimo
en forma de muchacha azul o de mayo que desaparece
cuando
unos hombres duros como el sol del verano
ensangrentaban la tierra blasfemando
de otros hombres tan duros como ellos
tenían prisa por matar para no ser matados
y vimos asombrados con inocente pupila
el terror de los fusilados amaneceres
las largas caravanas de camiones desvencijados
en cuyo fondo los acurrucados individuos
eran llevados a la muerte como acosada manada
era la guerra el terror los incendios era la patria suicidada
eran los siglos podridos reventando
vimos las gentes despavoridas en un espanto de consignas atroces
iban y venían insultaban denunciaban mataban
eran los héroes decían golpeando
las ventanillas de los trenes repletos de carne de cañón
nosotros no entendíamos apenas el suplicio
y la hora dulce de un jardín con alegría y besos
fueron noches salvajes de bombardeo noticias lúgubres
la muerte banderín de enganche cada macilenta aurora
y héteme aquí solo ante mi vejez más próxima
preguntar en silencio
qué fue de nuestro vuelo de remanso
por qué pagamos las culpas colectivas
de nuestro viejo pueblo sanguinario
quién nos resarcirá de nuestra adolescencia destruida
aunque no fuese a las trincheras?

vanas son las preguntas a la piedra
y mudo el destino insaciable por el viento
mas quiero hablarte aquí de mi generación perdida
de su cólera paloma en una sala de espera con un reloj parado para siempre
de sus besos nunca recobrados
de su alegría asesinada
por la historia siniestra
de un huracán terrible de locura

 

Miguel Labordeta
Los soliloquios