“De pequeños huíamos de la realidad…”, de Óscar Aguado

De pequeños huíamos de la realidad aunque la realidad era amable y bobalicona. Nos aburríamos con sus raíces, devorábamos su canción. Buscábamos los libros para encontrar en ellos el tiempo que no habíamos vivido, para habitar ese espacio peligroso, resbaladizo, donde los ojos de los espectros nos cambiaban la vida a cada segundo. Ahora buscamos la realidad aunque sea áspera y voraz. El más allá es un tapete donde se juega una partida de locos, un truco de magia del que no nos interesa formar parte. Y la realidad es un cajón donde hemos guardado las gafas y el reloj. De pequeño crecías en la realidad y levitabas en la fantasía. Ahora este mundo de cartón, esta corrompida realidad, ha arrasado con todo, se ha llevado consigo hasta el sentir venidero. Y esas señales que te indicaban el camino de la fantasía te han llevado a un precipicio, al fin del mundo, donde o saltas o regresas a la realidad.

Óscar Aguado
Esperando en la estación a la chica del psiquiátrico
Ediciones Mandres

“El ojo como la lengua…”, de Augusto Rodríguez

El ojo como la lengua cayó en desgracia. No hubo enfermeras, remedios, doctores, exámenes que pudieran dar otra salida. El cáncer está en la próstata, en el hígado, en los pulmones, en los huesos, en el corazón. Mi padre era un hombre sano eso decían, pero era muy tarde. Todo era cruz y ventanas al mal y finito futuro. El párpado no se detenía del asombro. Una cometa volaba muy lejos danzando en las nubes. El viento era helado y golpeaba como mujer ofendida. El reencuentro con el pasado no existirá nunca más. Nada nos pertenece, ni esta tierra que no es mía, ni estos pantalones, ni estas sábanas donde tuve mil cuerpos desnudos y el sexo era una estación más de este sueño perdido.

 

Augusto Rodríguez
El libro blanco
Chamán Ediciones