Eran tiempos mejores porque el tiempo sobraba y podía gastarlo en bromas, en ensayos en juegos, en dar vueltas sin ir a ningún sitio en derrochar las tardes y las noches insomnes viendo programas bobos de la televisión en debates absurdos que no aclaraban nada y siempre conducían al punto de partida en planes imposibles que a veces nos creíamos o en viajes lisérgicos y desbarres etílicos que devoraban horas con un hambre voraz
Eran tiempos mejores porque nadie advertía el paso de los días y el peso de los años
No había nada urgente y todo lo importante podía posponerse indefinidamente
Bésame la sonrisa, a ver qué pasa. Mi enfermedad no se obsesiona. Mi enfermedad no es tema de conversación entre enfermeras. La gente se les muere y ellas atesoran tristeza en la frente. Bésame la noche, que no se contagia. Bésamela, que sí se contagia. Ahora que te estoy viviendo me dan ganas de escribirte. Y hay quien envidia la enfermedad de los poetas. Yo no quiero curarme, aunque sería más llevadero si no estuviera enferma todo el día. Me pita el ventrículo derecho cuando me escribes. Cómeme la sonrisa, a ver si puedes. No me gustan los poetas que vuelan en barco. Pero tú sí.
No he olvidado cómo me miraste la primera vez que nos conocimos El futuro que proyectamos en un pasado regresa incesantemente a mi presente.
No puedo ya recordarte de tanto en tanto tanto como me gustaría Cuando llegan las primeras luces de la mañana todavía me siento enferma, vuelvo a casa, sé que no estás. Me falta el aire.
Ahora este es mi presente un estómago por rebosar de decepciones el aumento de cantidad de sangre bombeada por minuto Tú sin querer me quitaste la fortaleza.
No he olvidado cómo me miraste la primera vez que nos conocimos sí cómo me miraste la última no me reconocías.
quizá podría ser que ahora que hemos abandonado la caja de resonancia que hemos llegado a este lugar que no sabíamos que existía a esta parada aleatoria que nos deja al descubierto
El sueño es un talismán. Lo toco. Hay una mujer que mastica cristales se los traga y no sangra. Los cristales del sueño no cortan, pero la vigilia es un estado de vértigo permanente donde las cosas suceden y pasan y ella permanece. Cuestión de velocidad, el miedo y su repetición: la posibilidad de caer, de circular en el curso de las cosas. Ahora soy yo quien lee del libro hasta que la enfermera decide que la iniquidad de la historia es nociva y vuelve a inyectar en la vena el antipático líquido.
Eli Tolaretxipi Ojo suelto. Antología de poesía Editorial Gato Encerrado
El miedo invisible del estrés, una suerte de búsqueda circular, que entonces llamé pereza, procrastinación, nada, pero que era amor, pena, desidia.
Si me vas a preguntar, te diré que sí, que hace mucho tiempo que mi vida es otra. Pero llegan días de estabilidad falsa y niebla, y los suicidas de la fuerza de la costumbre escriben poemas como este.