«El miedo invisible del estrés…», de Javier Manzano Fijó

El miedo invisible del estrés,
una suerte de búsqueda circular,
que entonces llamé pereza, procrastinación, nada,
pero que era amor, pena, desidia.

Si me vas a preguntar,
te diré que sí,
que hace mucho tiempo que mi vida es otra.
Pero llegan días de estabilidad falsa y niebla,
y los suicidas de la fuerza de la costumbre
escriben poemas como este.

Javier Manzano Fijó
La esperanza o el cuerpo
Editorial Gato Encerrado

‘El falso llano’, de Óscar Aguado

Desnudo como un pájaro sin alas
herido de vida
despierto aún
en la última rama del amor.


La muerte
es la última corbata
que me regalas.


Muere la magia en manos del mago
cuando el truco de amor
lanza sus cadáveres al mar.


El amor es un milagro de rebuznos
contados uno a uno por un notario
la piedra que cae hacia la luz
y es su eco el que se estrella contra el suelo.


Esta tristeza
es una lágrima
que borra un barco.

Óscar Aguado
El falso llano
Editorial Gato Encerrado

«Lo dejo todo en clave…», de Alba Magdalena

lo dejo todo en clave 
con trampas
era muy claro
dije que tengo un ala
desde que sé que existes
no te enteras
es eso
lo que te echo encima
cuando me apoyas la cabeza
ya entiendes
por qué era tan suave
entonces significa
que puedo ser un poco pájaro
si estás cerca
y no necesito la emoción
de volar
uso mis plumas para guardarte
no te preocupes
no te pongas triste
que ni dios podría enfadarse contigo
por haber construido un nido conmigo

Alba Magdalena
Hilo y agua
Editorial Gato Encerrado

«Si usted sueña alguna vez…», de Federico de Arce

si usted sueña alguna vez
que vive en un país
donde lo obligan
a permanecer con vida
sentirá una terrible angustia
y querrá usted morir
pero no tenga miedo
es un sentimiento común
que antes o después
asalta a todos los muertos

Federico de Arce
El guardián de la voz
Editorial Gato Encerrado

«Inventario de vuelos», de Vanessa Jiménez

Echa cuenta de cada cosa que el agua del tiempo diluye: 

echa cuenta de pérdidas no recordadas,
echa cuentas de vacíos que no sabe,
de cuantos no ha conocido y la amaron,
de cuántos conoció mal o poco,
de cuantos la quisieron solo un día,
de muñecos rotos,
de noches en vela,
de metálicos sonidos en la fiesta,
de voces en aparatos desde lejos,
de cigüeñas vistas en el viaje,
de los bocados esculpidos,
de piernas enlazadas a las suyas.

Echa cuentas de soles en rostro,
de confesiones nocturnas en la cama,
de escalofríos al pasar la misma puerta,
y no olvida calcular:
libros, besos,
medias rotas, visitas familiares,
dientes bajo la almohada,
conchas y caracolas,
cabellos cortados en los hombros,
sonidos de colchón,
copas de vino, cormoranes,
arenas bajo su espalda,
caídas y arañazos,
brazos que la alzaron como nube,
persianas in medias res,
resonadores silencios,
y luz sin nada más que luz al fondo.

Echa las cuentas con los dedos,
y al final, solo mira tus dedos,
y de ellos asciende hasta sí misma,
para borrar los ojos.
Sin vista no hay llanto:
borrón y cuenta nueva.

Vanessa Jiménez
De pájaro y muertes
Editorial Gato Encerrado

«Habitarnos», de Alicia Es. Martínez Juan

En la habitación blanca
abre las ventanas
levanta las puertas
y deja que entre el viento
que entren los barcos
todos los barcos
despacio
y el canal
Que entren todos los barcos
y el canal
Deja que entren los mástiles agitados
y las velas
En la habitación blanca
que entren los hombres
y las mujeres
que entren los coches rojos
y los blancos
Sobre todo que entren los blancos
Deja que entren las redes
los marineros
todos los marineros
Que entren las campanas
y los restaurantes
Todas las mesas de Sete
y las sillas
Pero sobre todo que entren los barcos
En la habitación blanca
no cierres nunca las ventanas
Que entre el viento que entre el viento
Que entre el viento que entre el viento
Que entre el viento que entre el viento

Alicia Es. Martínez Juan
En casa, caracol, tienes la tumba
Editorial Gato Encerrado

«La enfermedad de los poetas», de Elena Román

Bésame la sonrisa, a ver qué pasa. Mi enfermedad no se obsesiona. Mi enfermedad no es tema de conversación entre enfermeras. La gente se les muere y ellas atesoran tristeza en la frente. Bésame la noche, que no se contagia. Bésamela, que sí se contagia. Ahora que te estoy viviendo me dan ganas de escribirte. Y hay quien envidia la enfermedad de los poetas. Yo no quiero curarme, aunque sería más llevadero si no estuviera enferma todo el día. Me pita el ventrículo derecho cuando me escribes. Cómeme la sonrisa, a ver si puedes. No me gustan los poetas que vuelan en barco. Pero tú sí.

Elena Román
Amapolamen
Editorial Gato Encerrado

«Certificado de defunción», de Sofía Morante Thomas

Cuando una se encuentra cara a cara con la muerte prematura
su día a día consiste en maquinar cómo morir antes de que esta llegue
es decir
Cómo morir primero
cómo jugársela a la dama de negro
cómo reírse la última.

Una entonces comienza a coquetear con la muerte
y cruza sin mirar
y bebe demasiado
y se deja azotar
y se imagina un traspié en un barranco
y se fuma un día porque sí porque puede porque ya se va porque ya está porque se va a morir
porque está casi muerta porque ya le da igual porque ya no le importa
un paquete entero de
tabaco.

Al día siguiente irritada por su maloliente pelo
su boca reseca y la madera del suelo de su casa triste
se arrepiente y decide Vivir.

Una entonces comienza a volverse sana
y llena la nevera de productos ecológicos
y pasea más de dos horas por el parque
y saluda a los niños a las niñas a los animales
y respira la brisa del aire puro del río
y llega a casa
y se embadurna de crema hidratante
antes de meter su redimido cuerpo en su cama
antes solo antes de abrir un libro.

Una entonces horizontalmente orgullosa libro abierto en mano
escucha las melifluas conversaciones nocturnas
que se avivan bajo su balcón
y en su voz se produce un carraspeo
sus pulmones no la aguantan
su tristeza de hielo la consume
se siente extremadamente excitada
a la par que cansada le cuesta respirar
se espera otra noche de insomnio prolongado.

Revolver el infierno para después retornar a la vida
es más complicado de lo que le habían contado.

Sofía Morante Thomas
Otra conversación
Editorial Gato Encerrado

«El valor del agua», de Félix Chacón

Todo lo que no tuve
me enseñó a valorar
el aire que respiro
los lujos cotidianos
y este tiempo que dejo
fluir hacia la nada

Solo el que tuvo sed
sabe el valor del agua


Félix Chacón
Los días perplejos
Editorial Gato Encerrado

«El aroma del barro», de Antonio Orihuela

En el museo arqueológico, 
con mi iPhone 5.2
fotografío una tablilla sumeria.
Dentro de dos años y medio
estará obsoleto. En veinticinco
todos sus contenidos serán irrecuperables
y su memoria se borrará.
Miro la tablilla de barro
con sus hermosos caracteres cuneiformes,
dentro de otros tres mil quinientos años
seguirá, por encima de lo efímero y lo mortal,
guardando la eternidad.


Antonio Orihuela
Sin fin - Antología personal 1993-2023
Editorial Gato Encerrado