“Propios y extraños”, de Benjamín Prado

Lo dice todo el mundo:  ya no soy el que era.
Me llamo como el otro,
uso su ropa,
vivo en su casa y firmo lo que escribe;
pero el resto es distinto,
tiene razón la gente.

El hombre que creía
que nada más que el miedo consigue que las cosas
parezcan lo que son;
el hombre al que admiraban igual que a los delfines
que escoltan a los barcos sin saber dónde van;

el que calmó su sed
como quien bebe el agua de un vaso donde hubo
unas rosas cortadas;
o el que aún no sabía
que resulta imposible ser un mismo a solas;
ése, ya no soy yo.

El hombre en cuya mano estaba escrito:
–No hay vida más vacía que una tumba sin flores.

El que no sospechaba
que ser independiente
es poder elegir
a quién necesitar.

El hombre con dos caras que jamás era él mismo.
El hombre que quería estar solo y no pudo
porque ya  no quedaba sitio en la soledad.

El hombre que pasaba de largo por los otros.
El hombre que no supo
que el silencio no estaba nada más que en su oído.
El que ya no creía.
El que no te esperaba…

Pregúntale a cualquiera. Lo dice todo el mundo:
–Ya no eres ni la sombra de lo que fuiste,
desde que esa mujer está a tu lado.

 

Benjamín Prado
Ya no es tarde
Visor

“Me celebro y me odio”, de Leopoldo María Panero

Me celebro y me odio a mí mismo

palpo el muro en que habrá de grabarse mi ausencia

mientras el poema se escribe contra mí

contra mi nombre

como una maldición del tiempo.

 

Escupo estos versos en la guarida de Dios

donde nada existe

sino el poema contra mí.

 

Leopoldo María Panero
Guarida de un animal que no exise
Visor

“No soy dueña de nada”, de Miriam Reyes

No soy dueña de nada,

mucho menos podría serlo de alguien.

No deberías temer

cuando estrangulo tu sexo,

no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.

 

Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.

Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,

no necesito más paredes y adentro tengo

mucho espacio:

ese desierto negro que tanto te asusta.

 

Miriam Reyes
Bella Durmiente
Editorial Hiperión

“El agua fluye de una manera distinta cuando estás en la grieta”, de Paloma Camacho Arístegui

«Bebe más agua», me dicen
«lo necesitas»
y no lo entiendo
no lo entiendo

no lo entiendo
si no hace sino derramarse por todas partes
quiero decir: mis ojos

mis ojos de madera hinchada
abiertos como puertas que ya no cerrarán
pues no encajarán nunca más en el quicio.

¿Y si cada gota fuera un miedo?
¿y si cada silencio, un vómito
que debe quedar dentro?

Dentro para no olvidar
la amargura del dolor ajeno
que se convierte en propio
la acidez, si es que alguna vez lo sentiste
la corrosión, no solo de estómago y corazón
sino también de fuerza y sonrisa.

Hasta que un día desapareces y nadie sabe por qué
porque doler, duele; pero sangrar, no sangras
y cuando no hay sangre en la que hundir los dedos
parece que nada acontece.

 

Paloma Camacho Arístegui
Cartografía de un abandono
Editorial Gato Encerrado

“No sirves para nada”, de José Agustín Goytisolo

Fui un mísero afligido desde mi mocedad,
siempre lleno de espanto, lleno de tristeza…
(Salm., 88, 16)

 

Cuando yo era pequeño
estaba siempre triste
y mi padre decía
mirándome y moviendo
la cabeza: hijo mío
no sirves para nada.

Después me fui al colegio
con pan y con adioses
pero me acompañaba
la tristeza. El maestro
graznó: pequeño niño
no sirves para nada.

Vino luego la guerra
la muerte –yo la vi–
y cuando hubo pasado
y todos la olvidaron
yo triste seguí oyendo:
no sirves para nada.

Y cuando me pusieron
los pantalones largos
la tristeza enseguida
cambió de pantalones.
Mis amigos dijeron:
no sirves para nada.

En la calle en las aulas
odiando y aprendiendo
la justicia y sus leyes
me perseguía siempre
la triste cantinela:
no sirves para nada.

De tristeza en tristeza
caí por los peldaños
de la vida. Y un día
la muchacha que amo
me dijo y era alegre:
no sirves para nada.

Ahora vivo con ella
voy limpio y bien peinado.
Tenemos una niña
a la que a veces digo
también con alegría:
no sirves para nada.

 

José Agustín Goytisolo
Salmos al viento