“Pienso mesa y digo silla”, de Gloria Fuertes

Pienso mesa y digo silla,
compro pan y me lo dejo,
lo que aprendo se me olvida,
lo que pasa es que te quiero.
La trilla lo dice todo;
y el mendigo en el alero,
el pez vuela por la sala,
el toro sopla en el ruedo.
Entre Santander y Asturias
pasa un río, pasa un ciervo,
pasa un rebaño de santas,
pasa un peso.
Entre mi sangre y el llanto
hay un puente muy pequeño,
y  por él no pasa nada,
lo que pasa es que te quiero.

Gloria Fuertes
Todo asusta

“cuando sea mayor…”, de Alicia Es. Martínez Juan

cuando sea mayor
viviré en un cementerio
un cementerio frente al mar
un cementerio obsceno
pretencioso
los cementerios
excavados en la montaña
con vistas al mar
son urbanizaciones de muertos
exhibicionismo de espejos imprecisos
un feria de cruces y ángeles de piedra
los pueblos que tienen cementerios frente al mar
respetan más a los muertos que a los vivos
vivos putrefactos de pasado
cuando sea mayor
me compraré un mausoleo
en lo alto de la montaña
en barcelona, en sète, en larache
me suicidaré cada atardecer
será una tumba rodeada de una glorieta
ajardinada, con flores blancas
y en la esquina este
un ángel dará la bienvenida
a la luz que no veré más
cuando llegue mi hora
descenderé de mi montaña de muertos
y moriré junto al mar
besando la orilla,
junto a los muertos de verdad
los que no tienen tumba
los nadies
que perdieron la vida
deseando mi cementerio

Alicia Es. Martínez Juan
Vueltas impares tejen del revés
El Petit Editor

Con nuestra editorial, Alicia Es. Martínez ha publicado En casa, caracol, tienes la tumba.

“Me cuestiono qué estoy haciendo aquí…”, de José María Fonollosa

Me cuestiono qué estoy haciendo aquí
entre estos egoístas pretenciosos.
¿Aguantar, halagar las obras de otros
para que, a cambio, elogien la obra mía?

Nunca la aprobarán sinceramente.
De ellos no sacaré más que tolerancia.
Nunca me otorgarán nada más ellos.

No merecen les hable de mi tema.
Es falsa la amistad entre nosotros.
Somos cual enemigos que están juntos
temiendo que los otros triunfen antes.

Cada uno se imagina que es, o quiere
ser, el mejor del grupo. Nos molesta
si uno recibe estímulos de un crítico.
Afortunadamente se da poco.

Y cuando el comentario sale adverso
alegra destacarlo, aunque finjamos
pretender rebatirlo al exponerlo.

Mas seguimos reuniéndonos, buscándonos.
Y ello es porque no hallamos a otra gente
que se preste a escucharnos. Mejor dicho,
se preste a estar presente cuando hablamos.

Les miro con frialdad. Serenamente.
Cada uno viene a hablar en la tertulia
de cuanto le interesa únicamente.
No viene a discutir problema ajeno
al suyo personal, el de los otros,
sino a verter el propio a los demás.
No merecen les hable de mi tema.

José María Fonollosa
Poetas en la noche
Quaderns Crema

10 haikus de Federico de Arce

Niebla en Toledo
Parece que los muertos
Estemos vivos

En aguas limpias
Luciérnaga mi infancia
No alumbra al viejo

Que no se fije
El pensamiento en pájaro
Ya es una jaula

En el camino
No hay patria más allá
De mis zapatos

Por qué te ríes
De los enamorados
Sauce llorón

Desesperada
Se me muere la tinta
En el poema

Tienes en casa
La muerte caracol
No llega nunca

Miro al cielo
Pero no sé en qué estrella
Mueren los números

Vuelo en un pájaro
Quiero pensar el cielo
Tiene mis alas

En un adverbio
Aquí y ahora el haiku
Salta en la rana

Federico de Arce
Alma de cántaro
Huerga & Fierro

“Contra Jaime Gil de Biedma”, de Jaime Gil de Biedma

¿De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación –y ya es decir–,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
–seguro de gustar– es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco…
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

Jaime Gil de Biedma
Las personas del verbo
Seix Barral