“Jazz-Lilth”, de Juan Eduardo Cirlot

Con mis ojos escucho, con mis ojos
de menta y de cristal desmesurado.
Con mis ojos de piano en el ocaso,
con mis ojos de tigre y de cerezo.
Con mis ojos escucho los acordes,
los desgarrados sones de la tarde,
los sones del amor y del sollozo,
los muslos que se acercan por el cielo.
Con mis ojos escucho tantas selvas,
tantas selvas de furia y de carbunclos.
Con  mis ojos de piano, con mis ojos
de hoguera abandonada en el desierto.
Los acordes se rompen en el canto,
los acordes se quiebran en los árboles,
los muslos se acercan por el cielo,
los muslos de magnolia y de ceniza.
Con mis ojos escucho los dos muslos,
con mis ojos de menta y de asesino,
con mis ojos de músico extraviado.

Juan Eduardo Cirlot
La habitación imaginaria
Editorial Siruela

“Digresión”, de Luis Muñoz

Este amor es posible sólo
porque otros le preceden.
Del modo en que lo mires,
como tú eres porque fuiste otros
y porque en ti coinciden,
en un silencio cálido,
los gestos, la querencia,
los demonios de otros.

Los mismos que nombrar hacen posible,
como un dardo en un fruta roja,
la dulzura y el daño, la inocencia
y la malicia: dos mitades,
dos puntas de veneno,
dos caras
de ninguna moneda.

Luis Muñoz
Limpiar pescado
Visor

“Otras veces”, de Ángel González

Quisiera estar en otra parte,
mejor en otra piel,
y averiguar si desde allí la vida,
por las ventanas de otros ojos,
se ve así de grotesca algunas tardes.

Me gustaría mucho conocer
el efecto abrasivo del tiempo en otras vísceras,
comprobar si el pasado
impregna los tejidos del mismo zumo acre,
si todos los recuerdos en todas las memorias
desprenden este olor
a fruta mustia y a jazmín podrido.

Desearía mirarme
con las pupilas duras de aquel que más me odia,
para que así el desprecio
destruya los despojos
de todo lo que nunca enterrará el olvido.

Ángel González
Palabra sobre palabra
Seix Barral

“La tregua”, de Carlos Marzal

En la tiniebla urgente de esas casas
que uno acaba pidiendo a los amigos;
en asientos traseros de los coches,
abusando de los malabarismos;
en la frecuentación de los hoteles,
tarde o temprano todos parecidos;
sobre la arena tibia de la playa,
pasado ya el peligro de ser vistos;
en la cama de casa, que ya es
como una parte de nosotros mismo,
y en los lugares más insospechados
de dondequiera que haya sucedido,
hay una rara tregua de los cuerpos
que es más que el decaer del apetito
(cuando ella va camino de la ducha
o busca entre su bolso cigarrillos,
mientras coge las ropas esparcidas
o se entrega al silencio como un rito),
porque desaparecen las distancias
y vuelvo a padecer un espejismo:
todas las camas son la misma cama
y un mismo cuerpo todos los que han sido,
todo el tiempo del mundo es ese instante
y en ese instante, el mundo, un laberinto
del que conozco todas las salidas,
porque conozco todos sus sentidos.

Luego esa lucidez desaparece,
y se regresa al cauce primitivo;
de nuevo el mundo es un rompecabezas,
imposible de armar con un principio,
y sólo nos consuela un cuerpo al lado
que solicita un último capricho.

Carlos Marzal
La vida de frontera
Editorial Renacimiento

“Sale caro ser poeta”, de Gloria Fuertes

Sale caro, señores, ser poeta.
La gente va y se acuesta tan tranquila
–que después del trabajo da buen sueño–.
Trabajo como esclavo llego a casa.
me siento ante la mesa sin cocina,
me pongo a meditar lo que sucede.
La duda me acribilla todo espanta;
comienzo a ser comida por las sombras
las horas se me pasan sin bostezo
el dormir se me asusta se me huye
–escribiendo me da la madrugada–.
Y luego los amigos me organizan recitales,
a los que acudo y leo como tonta,
y la gente no sabe de esto nada.
Que me dejo la linfa en lo que escribo,
me caigo de la rama de la rima
asalto las trincheras de la angustia
me nombran su héroe los fantasmas,
me cuesta respirar cuando termino.
Sale caro señores ser poeta.

Gloria Fuertes
Poeta de guardia
Ediciones Torremozas

“La felicidad no es un poema…”, de Óscar Aguado

Juan Fernández Fernández ha convertido en canción este poema de El falso llano:

La felicidad no es un poema
es un niño sin tiempo
un gato que va a desayunar
y una madre que ve llegar un tren
un hombre que llega a casa
un árbol que toca el cielo
un niño sin tiempo
sin tiempo
con todos lo voy a celebrar
porque yo fui contigo
el niño el gato la madre el hombre
y el árbol.

Óscar Aguado
El falso llano
Editorial Gato Encerrado

“No a la transmigración en otra especie…”, de José María Fonollosa

No a la transmigración en otra especie.
No a la post vida, ni en cielo ni en infierno.
No a que me absorba cualquier divinidad.

No a un más allá, ni aun siendo el paraíso
reservado a islamitas, con beldades
que un libro garantiza siempre vírgenes.

Porque esos son los juegos para ingenuos
en que mi agnosticismo nunca apuesta.
Mi envite es al no ser. A lo seguro.

Rechaza otro existir, tras consumida
mi ración de este guiso indigerible.
Otra vez, no. Una vez ya es demasiado.

José María Fonollosa
Ciudad del hombre: Barcelona
DVD Ediciones

“Igual que vosotros”, de Blas de Otero

Desesperadamente busco y busco
un algo, qué sé yo qué, misterioso,
capaz de comprender esta agonía
que me hiela, no sé con qué, los ojos.

Desesperadamente, despertando
sombras que yacen, muertos que conozco,
simas de sueño, busco y busco un algo,
qué sé yo dónde, si supieseis cómo.

A veces, me figuro que ya siento,
qué sé yo qué, que lo alzo ya y lo toco,
que tiene corazón y que está vivo,
no sé en qué sangre o red, como un pez rojo.

Desesperadamente, le retengo,
cierro el puño, apretando el aire sólo…
Desesperadamente, sigo y sigo
buscando, sin saber por qué, en lo hondo.

He levantado piedras, frías, faldas
tibias, rosas, azules, de otros tonos,
y allí no había más que sombra y miedo,
no sé de qué, y un hueco silencioso.

Alcé la frente al cielo: lo miré
y me quedé ¡por qué, oh Dios! dudoso:
dudando entre quién sabe, si supiera
qué sé yo qué, de nada ya y de todo.

Desesperadamente, esa es la cosa.
Cada vez más sin causa y más absorto
qué sé yo en qué, sin qué, oh Dios, buscando
lo mismo, igual, oh hombres, que vosotros.

Blas de Otero
Ancia
Visor