“Tu constancia”, de Ana Carolina Quiñonez Salpietro

Tu constancia
no nos va a llevar a ninguna parte

gira alrededor de su propio eje

como los perros
en los dibujos animados

persiguiendo su cola.

Nunca tropiezan
pero tampoco la alcanzan.

Ana Carolina Quiñonez Salpietro
Cuentos tristes que esperan las chicas antes de salir a bailar
Ediciones Liliputienses

"Insomnio", de Gerardo Diego

Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo,
y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño, y por el mar las naves.

En cárceles de espacio, aéreas llaves
te me encierran, recluyen, roban. Hielo,
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo
que alce hasta ti las alas de mis aves.

Saber que duermes tú, cierta, segura
−cauce fiel de abandono, línea pura−,
tan cerca de mis brazos maniatados.

Qué pavorosa esclavitud de isleño;
yo, insomne, loco, en los acantilados,
las naves por el mar, tú por tu sueño.

Gerardo Diego
Alondra de verdad

“Futuro inmediato: funeral”, de Elena Román

Desde la gasolinera veo la autovía
y un cielo gris, denso.
Tiene que irse,
huele a tornado y a productos químicos.
Nos despedimos, le abrazo.
Se sube a un caballo que se pone nervioso
y galopa, indomable, de un lado a otro
hasta tirarlo al suelo.
Veo su cabeza en un charco de sangre,
ha muerto y todo vuelve a empezar.
Tiene que irse,
sé lo que va a ocurrir.
Sé que la palabra que definirá nuestro futuro inmediato
es “funeral”,
le abrazo fuerte y estoy llorando
porque voy a perderle
y no puedo cambiar el destino.
Va a subirse al caballo. Yo me doy la vuelta.
No puedo verle morir más veces,
no lo soportaría.
Pero entonces me llama y me giro.
No se ha subido al caballo y me dice
que está cerca el tornado
y que podríamos irnos a casa
a caballo los dos.

Elena Román
¿Qué hacer con Freud además de matar a Freud?
Ediciones Liliputienses

“Autorretrato”, de Nicanor Parra

Considerad, muchachos,
este gabán de fraile mendicante:
soy profesor en un liceo obscuro,
he perdido la voz haciendo clases.
(Después de todo o nada
hago cuarenta horas semanales).
¿Qué les dice mi cara abofeteada?
¡Verdad que inspira lástima mirarme!
Y qué les sugieren estos zapatos de cura
que envejecieron sin arte ni parte.

En materia de ojos, a tres metros
no reconozco ni a mi propia madre.
¿Qué sucede? -¡Nada!
Me los he arruinado haciendo clases:
la mala luz, el sol,
la venenosa luna miserable.
Y todo ¡para qué!
para ganar un pan imperdonable
duro como la cara del burgués
y con olor y con sabor a sangre.
¡Para qué hemos nacido como hombres
si nos dan una muerte de animales!

Por el exceso de trabajo, a veces
veo formas extrañas en el aire,
oigo carreras locas,
risas, conversaciones criminales.
Observad estas manos
y estas mejillas blancas de cadáver,
estos escasos pelos que me quedan.
¡Estas negras arrugas infernales!

Sin embargo yo fui tal como ustedes,
joven, lleno de bellos ideales,
soñé fundiendo el cobre
y limando las caras del diamante:
aquí me tienes hoy
detrás de este mesón inconfortable
embrutecido por el sonsonete
de las quinientas horas semanales.

Nicanor Parra
Poemas y antipoemas

“Biografía del perdedor”, de Carlos Ávila

Por nacer en un sucio hospital público
y llorar como lloran casi todos los niños
en el azote del «welcome, no sabes lo que has hecho»,
y no aprobar como aprueban
los hijos de buena madre en las carnicerías
y empezar mal el arte de las mujeres
que pegando manotazos huían por el recreo,
no me recordarán en mi ciudad,
ni pondrán mi nombre en una calle,
ni en mi casa se dirá que allí viví.

Que por ser de una tendencia política marginada
no se hablará de mí en extensos congresos
con ilustres estudiosos de mis amores y desamores,
ni obtendré los ansiados premios póstumos
que tantísimo me gustan.

Que por escribir lo que se quiere,
por vivir lo que se puede
o por contar lo que se sabe,
no se harán de mí esas épicas películas,
ni será un best seller mi simple autobiografía,
ni tendré entre mis anales
millones de mujeres, hijos que me reclamen,
novias que nunca tuve.

Nadie, por mi autista manera
de no jugar a sus juegos,
por mi obstinada creencia de no creer en nada,
se parará por la calle a pedirme un autógrafo,
ni contará a sus hijos
que una vez conoció
a Carlos Ávila.

Carlos Ávila
Pero lo nuestro es cantar
Editorial Gato Encerrado

Carlos Ávila presentará en Madrid su nuevo libro-disco, Pero lo nuestro es cantar, con un concierto en la sala Alevosía (C/ Andrés Borrego, 8). Será el 29 de febrero, sábado, a las 21 horas.

“Las palabras inútiles”, de Ángel González

Aborrezco este oficio algunas veces:
espía de palabras, busco,
busco
el término huidizo,
la expresión inestable
que signifique, exacta, lo que eres.

Inmóvil en la nada, al margen
de la vida (hundido
en un denso silencio sólo roto
por el batir oscuro de mi sangre),
busco,
busco aquellas palabras
que no existen
−quizá sirvan: delicia de tu cuello…−,
que te acosan y mueren sin rozarte,
cuando lo que quisiera
es llegar a tu cuello
con mi boca
−o acaso: increíble sonrisa que he besado−,
subir hasta tu boca
con mis labios,
sujetar con mis manos tu cabeza
y ver
allá en el fondo de tus ojos,
instantes antes de cerrar los míos,
paz verde y luz dormida,
claras sombras
−tal vez
fuera mejor decir: humo en la tarde,
borrosa música que llueve del otoño,
niebla que cae despacio sobre un valle
avanzando hacia mí,
girando,
penetrándome
hasta anegar mi pecho y levantar
mi corazón salvado, ileso, en vilo
sobre la leve espuma de la dicha.

Ángel González
Palabra sobre palabra
Seix Barral