«Federico», de Nicolás Guillén

Toco la puerta de un romance.
–¿No anda por aquí Federico?
Un papagayo me contesta:
–Ha salido.

Toco una puerta de cristal.
–¿No anda por aquí Federico?
Viene una mano, y me contesta:
–Está en el río.

Toco la puerta de un gitano.
–¿No anda por aquí Federico?
Nadie contesta, no habla nadie…
–¡Federico! ¡Federico!

La casa oscura, vacía;
humedad en las paredes;
brocal de pozo sin cubo,
jardín de lagartos verdes.

Sobre la tierra mullida,
caracoles que se mueven,
y el rojo viento de julio
entre las ruinas, meciéndose.

¡Federico! ¡Federico!
¿Dónde el gitano se muere?
¿Dónde sus ojos se enfrían?
¡Dónde estará, que no viene!
¡Federico! ¡Federico!

(UNA CANCIÓN)

Salió el domingo, a las nueve;
salió el domingo, de noche;
salió el domingo, ¡y no vuelve!
Llevaba en la mano un lirio,
llevaba en los ojos fiebre;
el lirio, se tornó sangre,
la sangre, tornose muerte.

(OTRA CANCIÓN)

¡Dónde estará Federico,
dónde estará, que no viene!
¡Federico! ¡Federico!
¡Dónde estará, que no viene!
¡Dónde estará, que no viene!

(MOMENTO EN GARCÍA LORCA)

Soñaba Federico en nardo y cera,
y aceituna y clavel y luna fría.
Federico, Granada y Primavera.

En afilada soledad dormía,
al pie de sus ambiguos limoneros,
echado, musical, junto a la vía.

Alta la noche, ardiente de luceros,
arrastraba su cola transparente
por todos los caminos carreteros.

«¡Federico!», gritaron de repente,
con las manos inmóviles, atadas,
gitanos que pasaban lentamente.

¡Qué voz la de sus venas desangradas!
¡Qué ardor el de sus cuerpos ateridos!
¡Qué suaves sus pisadas, sus pisadas!

Iban verdes, recién anochecidos;
en el duro camino invertebrado
caminaban descalzos los sentidos.

Alzose Federico, en luz bañado;
Federico, Granada y Primavera;
y con luna y clavel y nardo y cera,
siguiolos por el monte perfumado.

Nicolás Guillén
España: Poema en cuatro angustias y una esperanza
Ediciones Españolas