“Yo soy el hombre que lanzó un zapato a Bush…”, de Ángel Petisme

YO SOY EL HOMBRE QUE LANZÓ UN ZAPATO A BUSH,
el hombre que no puede evitar su destino.
Yo soy los niños sin cabeza, los de un ojo en la frente,
los de escamas en el cuerpo
a causa del uranio empobrecido.

Yo no soy Vargas Llosa
justificando la invasión en Diario de Irak,
soy el Museo de Bagdad y la desolación de las vitrinas rotas
las máscaras rituales, los tocados reales, los recipientes de oro
que llegaron a vuestros museos ¡milagrosamente!
Yo soy los niños con bolas de billar en los ojos
que les sobran sonrisas pero les faltan dientes.
Soy la sangre por las calles de Faluya, de Tikrit, de Mosul,
de Baquba, de Kirkuk, de Kerbala…
Los gritos de un mundo de aflicción,
quizás no merecíamos existir,
venid a ver.

Yo soy el hombre de las lágrimas secas,
soy Muntazer al-Zaidi,
el que cuelga en su apartamento
una foto del Che,
el que cumple quince años de cárcel.

Soy el azufre de antes de la lluvia,
soy uno de los ochenta mil de Abu Grhaib,
desnudos, cabezas de bolsa de cartón,
defecan sobre nosotros y nos aplican
electricidad en ano y  genitales.

Yo soy la tristeza de la desobediencia,
en ese zapato iba la rabia del Planeta,
los niños harapientos con más huesos que carne,
yo soy el relámpago que brinca desde Asia.

-¡Este es el beso de despedida del pueblo iraquí,
perro!-, le grité una mañana
en la rueda de prensa
un 15 de diciembre de 2008.

Yo soy la primera guitarra conocida en el mundo,
el texto original del Poema de Gilgamesh,
la biblioteca de Asurbanipal en mármol esculpido,
las tablillas con los primeros escritos del hombre…
Me quedé corto, os hubiese lanzado
todas las armas de destrucción más IVA
que esgrimisteis como razón para invadir
mi hogar.

Este es el zapato más aciago del mundo,
este es el zapato del Nuevo Amanecer.

Yo soy un millón de gotas que murieron de sed,
un millón de iraquíes.

 

Ángel Petisme
La noche 351
Ediciones Hiperión

“Arde una biblioteca”, de Ángel Petisme

En la profunda penumbra de la tarde,
cerca del Nilo Azul,
sentados bajo el árbol de la memoria,
los niños y las mujeres
guardamos silencio y respeto.
La voz de uno de los ancianos
se escucha temblorosa:
hace tanto tiempo que nadie
lo recuerda, sucedió…
Cuenta leyendas inolvidables,
mitos que nadie ha escrito.
Como la historia del jaguar
que de hambre mordió la luna,
o la estrella negra que se enamoró
de un joven de la aldea…
No hay libros que cuenten nuestra Historia,
la vieja historia desde que el mono
se incorporó sobre sus patas
para abrazar la luz.
Va cayendo la noche. De boca en boca
la saliva es la tinta del mundo primigenio,
la memoria el papel y la voz de la sangre.
Antes no había nada,
la fricción de unas piedras produjeron el fuego
y el calor de nuestra tradición.
Esto es lo que somos y de donde venimos.
Somos únicos bajo el gran árbol,
irrepetibles como el alba en el río.

En África cuando muere un anciano
arde una biblioteca.

 

Ángel Petisme
El faro de Dakar
Ed. Renacimiento

“El resto del mundo”, de Ángel Petisme

La ONU acaba de finalizar la encuesta más grande de su historia,
la pregunta  fue la siguiente:
Por favor, diga honestamente qué opina de la escasez
de alimentos en el resto del mundo.
Los resultados no han podido ser más desalentadores.
La encuesta ha sido un fracaso descomunal:

Los europeos no entendieron qué significaba escasez.
Los africanos no sabían qué eran alimentos.
Los israelíes no entendieron qué quería decir por favor.
Los yanquis preguntaban qué significa el resto del mundo.
Los chinos y cubanos pedían
que les explicaran el sentido de qué opina.
Y en el congreso argentino, colombiano, chileno, boliviano,
peruano, brasileño y venezolano… hasta hoy se debate
sobre qué quiere decir honestamente.


Ángel Petisme
Poemails
Amargord Ed.