Somos hijos de la época,
la época es política.
Todos tus, nuestros, vuestros
asuntos diarios, asuntos nocturnos
son asuntos políticos.
Quieras o no lo quieras,
tus genes tienen un futuro político,
tu piel tiene una tonalidad política,
tus ojos un aspecto político.
Lo que dices, resuena,
lo que callas, tiene un sentido
de todas las formas, político.
Hasta yendo por la selva, por el bosque,
estás dando pasos políticos
con fundamentos políticos.
Los poemas apolíticos también son políticos,
y en lo alto brilla la luna,
un objeto ya no lunático.
Ser o no ser, he aquí la cuestión.
Qué, pregunta, dime, cariño.
Una pregunta política.
No hace falta que seas un ser humano,
para cobrar importancia política.
Basta con que seas petróleo,
pienso o materia reciclada.
O una mesa de debate, cuya forma
fue discutida durante meses:
¿en qué mesa pactar sobre la vida y la muerte?,
¿redonda o cuadrada?
Mientras tanto la gente se moría,
morían los animales,
ardían las casas
y los campos de cultivo se perdían
como en las épocas pretéritas
y menos políticas.
Wislawa Szymborska
Gente sobre el puente
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«La cara de un candidato político en un cartel callejero», de Charles Bukowski
ahí está él
sin demasiadas resacas
sin demasiadas peleas con las mujeres
sin demasiadas ruedas pinchadas
nunca un pensamiento de suicidio
no más de tres dolores de muela
nunca le faltó la comida
nunca en la cárcel
nunca enamorado
siete pares de zapatos
un hijo en la universidad
un coche nuevo
pólizas de seguros
un jardín muy verde
el cubo de basura con la tapa ajustada
será elegido
Charles Bukowski
El infierno es un lugar solitario
Editorial Txalaparta
«Tener la gripe y nada más que hacer», de Charles Bukowski
leí un libro sobre John Dos Passos y según
el libro John, antaño comunista radical,
acabó en las colinas de Hollywood viviendo de sus inversiones
y leyendo el
Wall Street Journal.
por lo visto ocurre demasiado a menudo.
lo que apenas ocurre nunca es
que un hombre pase de ser conservador de joven a convertirse
en un radical de la hostia de viejo.
sea como sea:
los jóvenes conservadores siempre se convierten en viejos
conservadores.
es una suerte de sellado mental al vapor de por vida.
pero cuando un joven radical acaba siendo un
viejo radical
los críticos y
los conservadores
lo tratan como si se hubiera escapado del
psiquiátrico.
así va nuestra política y te la puedes quedar
enterita.
quédatela.
métetela por el
culo.
Charles Bukowski
La noche desquiciada de pasos
Visor