“Muertos”, de Alicia Es. Martínez Juan

Se me enredan los cadáveres
al vestido.
Se me enredan entre las piernas,
a los sueños,
a los niños.
Caminar de espaldas al mundo es lo que tiene:
atrás se te quedan los muertos.
Caminar con tus muertos enredados a los pies
no es fácil.
Cada dos pasos tropiezas con ellos
y escuchas sus murmullos persiguiéndote.
A los muertos hay que enterrarlos,
o mejor, no tenerlos.
Dejar que caminen junto a ti,
delante de ti,
o mejor, sobre tu cabeza.
Nunca enredados a tus pies.
Porque los muertos tienden hacia la tierra,
les da por echar raíces,
anclándote al suelo.
Y entonces ya,
imposible.
Entonces ya,
no puedes caminar.
Tienes que pararte.
Sentarte.
Echar tú también raíces.
Montar una casa
o un árbol.
O peor, tienes que morirte tú también.

Si permites a tus muertos sobrevolarte,
fluir por encima de tu cuerpo.
Si permites a tus muertos
que vayan por delante,
que vayan a tu lado,
contigo.
Entonces, sí.
Entonces,
te darán la mano
y tirarán de ti
hacia adelante,
hacia arriba.

Confundirán el cielo con la tierra
y te nacerán alas:
te convertirás en sueño,
en niña,
en nube.

 

Alicia Es. Martínez Juan
En casa, caracol, tienes la tumba
Editorial Gato Encerrado

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