Salí a la calle y no vi a nadie,
salí a la calle y no vi a nadie,
¡oh, Señor!, desciende por fin
porque en el infierno ya no hay nadie.
Leopoldo María Panero
Narciso en el acorde último de las flautas
Huerga y Fierro Editores
Salí a la calle y no vi a nadie,
salí a la calle y no vi a nadie,
¡oh, Señor!, desciende por fin
porque en el infierno ya no hay nadie.
Leopoldo María Panero
Narciso en el acorde último de las flautas
Huerga y Fierro Editores
A Belfegor, dios pedo o crepitus
Tú que modulas el reptar de las serpientes
de las serpientes del espejo, de la serpientes de la vejez
tú que eres el único digno de besar mi carne arrugada,
y de mirar en el espejo
en donde sólo se ve un sapo,
bello como la muerte:
tú que eres como yo adorador de nadie:
ven aquí, he
construido este poema como anzuelo
para que el lector caiga en él,
y repte
húmedamente entre las páginas.
Leopoldo María Panero
Guarida de un animal que no existe
Visor
Me celebro y me odio a mí mismo
palpo el muro en que habrá de grabarse mi ausencia
mientras el poema se escribe contra mí
contra mi nombre
como una maldición del tiempo.
Escupo estos versos en la guarida de Dios
donde nada existe
sino el poema contra mí.
Leopoldo María Panero
Guarida de un animal que no existe
Visor
Salí a la calle y no vi a nadie,
salí a la calle y no vi a nadie,
¡oh, Señor!, desciende por fin
porque en el Infierno ya no hay nadie.
Leopoldo María Panero
Narciso en el acorde último de las flautas
Huerga & Fierro Editores