«Contratiempo del amor», de Luis Eduardo Aute

Sólo el amor detiene

la violencia del paso del tiempo

en su eterna

fugacidad.

 

 

Luis Eduardo Aute
El sexto animal
Espasa es Poesía

«Es tardísimo», de Javier Sánchez Menéndez

Es tardísimo.

¡Tenemos que dormir más deprisa!

Mañana hay que naufragar.

 

Javier Sánchez Menéndez
El baile del diablo
Editorial Renacimiento

«Muertos», de Alicia Es. Martínez Juan

Se me enredan los cadáveres
al vestido.
Se me enredan entre las piernas,
a los sueños,
a los niños.
Caminar de espaldas al mundo es lo que tiene:
atrás se te quedan los muertos.
Caminar con tus muertos enredados a los pies
no es fácil.
Cada dos pasos tropiezas con ellos
y escuchas sus murmullos persiguiéndote.
A los muertos hay que enterrarlos,
o mejor, no tenerlos.
Dejar que caminen junto a ti,
delante de ti,
o mejor, sobre tu cabeza.
Nunca enredados a tus pies.
Porque los muertos tienden hacia la tierra,
les da por echar raíces,
anclándote al suelo.
Y entonces ya,
imposible.
Entonces ya,
no puedes caminar.
Tienes que pararte.
Sentarte.
Echar tú también raíces.
Montar una casa
o un árbol.
O peor, tienes que morirte tú también.

Si permites a tus muertos sobrevolarte,
fluir por encima de tu cuerpo.
Si permites a tus muertos
que vayan por delante,
que vayan a tu lado,
contigo.
Entonces, sí.
Entonces,
te darán la mano
y tirarán de ti
hacia adelante,
hacia arriba.

Confundirán el cielo con la tierra
y te nacerán alas:
te convertirás en sueño,
en niña,
en nube.

 

Alicia Es. Martínez Juan
En casa, caracol, tienes la tumba
Editorial Gato Encerrado

«Passeig de Gràcia 3», de José María Fonollosa

Tienes que decidirte. Yo no puedo
ir dejando pasar todos los coches.

El tiempo cuenta aprisa la existencia.
No se detiene, duda y retrocede.

Es ahora la ocasión. Si tardas mucho,
acaso cuando llegue el beso tuyo
mi boca esté ocupada en otros labios.

Entonces no valdrá que me supliques.
El deseo de ti se habrá marchado
y el deseo no vuelve una vez ido.

Ahora que te rodea mi deseo,
como un fruto que envuelve una semilla,

tienes que decidirte. En este instante.
El tiempo cuenta aprisa la existencia.

José María Fonollosa
Ciudad del hombre: Barcelona
DVD Poesía

«Soy una mujer», de Belén Reyes

Ni más ni menos

Sin un hijo fuera

Sin un hijo dentro

Soy lo que leéis

Este puto verso

Un bastón de letras

Donde apoyo el miedo.

 

Belén Reyes
Ponerle un bozal al corazón
Editorial Celya

«Me emborracho cada noche», de Ape Rotoma

Me emborracho cada noche para no pensar en ti
y poder dormir. Despierto de madrugada con resaca
y el jodido insomnio alcohólico me impide dormir de nuevo.
Como un zombi, me acerco al ordenador de un compañero de piso
y tecleo cosas ya escritas, para no pensar en ti
y poder vivir un rato. La mañana pasa lenta
y el puto guión me aburre. Tecleo alguna otra cosa,
leo el periódico de ayer y «Hollywood» de Bukowski,
fumo mucho y pienso más, procuro que no sea en ti
y no lo consigo. Vuelta al guión. Otro café. Y, por fin,
grabo en ese mismo software muy despacio este poema.
Y me gusta. Y me entretengo en juguetear con su ritmo,
en respetar su estructura y en multiplicar enlaces,
aunque parezca mentira, para no pensar en ti.

Ape Rotoma
149 PCE
Canalla Ediciones

«Las personas curvas», de Jesús Lizano

Mi madre decía: a mí me gustan las personas rectas.

A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas;
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.
A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños: curvos;
los paraísos: curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva.
El día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!
Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.
Y la paciencia es curva.
El pan es curvo
y la metralla recta.
No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
a mí me gustan los maestros curvos,
las maestras curvas.
No los dioses rectos:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!
El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas.
Vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.

 

Jesús Lizano
El ingenioso libertario Lizanote de la Acracia o la conquista de la inocencia
Virus Editorial

«Las palabras mágicas», de Nacho Vegas

Me preguntas cuáles son las palabras mágicas,
las que nombran al amor, a la vida,
a la muerte y a la revolución.
Las que vienen de un lugar al fondo
de la imaginación, atravesando la realidad.
Me lo preguntas como exigiendo de mis labios
una prueba en forma de sabia oración.
Pero si yo supiera cuáles son esas palabras
haría con ellas una canción, y entonces
lograría comprender,
si tanto, tanto nos queríamos,
cómo es que echamos a correr
cada uno en una dirección.

Y qué si tenemos que gritar solos en medio del océano.
Gritemos y seamos multitud.
Una multitud que pueble este océano.
¿Recuerdas cuando sobrevino aquel desastre?
La gente se aterrorizó, pero una voz
empezó a entonar una canción
a la que se le sumaron más voces
hasta que se abrió una grieta en el cielo plomizo
y así fue como entró la luz y supimos que vivíamos.
Y el desastre continuó.
Pero entonces ya bailábamos.

Escucha, nunca dejes de buscar esas palabras mágicas.
Se pronuncian sin hablar
(por eso son tan mágicas).
Recuerda, nunca dejes de buscarlas.
Las palabras.
Las mágicas.

 

Nacho Vegas
Reanudación de las hostilidades
Espasa es Poesía

«Raíces», de Omar Pimienta

El jardín de doña Sara era la envidia de La Libertad.

Visita obligatoria para la gente que sabía de geranios.

 

Es tan difícil que broten en el desierto

 

Una de las tantas veces en que la vida se puso seca

–como la tierra escondida bajo sus plantas–,

Don Marcos le propuso irse a vivir al otro lado;

de cualquier forma la tierra abonada venía de allá.

 

Ella simplemente contestó:

¿Y mis plantas, Marcos? ¿Cómo nos llevamos mis plantas?

 

Omar Pimienta
La Libertad: ciudad de paso
Centro Cultural Tijuana y DDO Producciones

«698.», de Eddie (J. Bermúdez)

poco o nada:

 

el guiñapo andrajo harapo moho que somos

si de la pavesa aún se respira un aliento de fuego

 

del guiñapo andrajo harapo moho que somos

aún puede restallar

la voz/el poema:

 

la vida desatendida que intentamos ser

 

Eddie (J. Bermúdez)
Ombra
Huerga & Fierro Editores