“Vietnam”, de Wislawa Szymborska

Mujer, ¿cómo te llamas? -No sé.

¿Cuándo naciste, de dónde eres? -No sé.

¿Por qué cavaste esta madriguera? -No sé.

¿Desde cuándo te escondes? -No sé.

¿Por qué me mordiste el dedo cordial? -No sé.

¿Sabes que no te vamos a hacer nada? -No sé.

¿A favor de quién estás? -No sé.

Estamos en guerra, tienes que elegir. -No sé.

¿Existe todavía tu aldea? -No sé.

¿Estos son tus hijos? -Sí.

 

Wislawa Szymborska
Aquí
Bartleby Editores

«Tener la gripe y nada más que hacer», de Charles Bukowski

leí un libro sobre John Dos Passos y según
el libro John, antaño comunista radical,
acabó en las colinas de Hollywood viviendo de sus inversiones
y leyendo el
Wall Street Journal.

por lo visto ocurre demasiado a menudo.

lo que apenas ocurre nunca es
que un hombre pase de ser conservador de joven a convertirse
en un radical de la hostia de viejo.

sea como sea:
los jóvenes conservadores siempre se convierten en viejos
conservadores.
es una suerte de sellado mental al vapor de por vida.

pero cuando un joven radical acaba siendo un
viejo radical
los críticos y
los conservadores
lo tratan como si se hubiera escapado del
psiquiátrico.

así va nuestra política y te la puedes quedar
enterita.

quédatela.

métetela por el
culo.

Charles Bukowski
La noche desquiciada de pasos
Visor

«Poema nº 48», de Gonzalo Millán

El río invierte el curso de su corriente.
El agua de las cascadas sube.
La gente empieza a caminar retrocediendo.
Los caballos caminan hacia atrás.
Los militares deshacen lo desfilado.
Las balas salen de las carnes.
Las balas entran en los cañones.
Los oficiales enfundan sus pistolas.
La corriente penetra por los enchufes.
Los torturados dejan de agitarse.
Los torturados cierran sus bocas.
Los campos de concentración se vacían.
Aparecen los desaparecidos.
Los muertos salen de sus tumbas.
Los aviones vuelan hacia atrás
Los “rockets” suben hacia los aviones.
Allende dispara.
Las llamas se apagan.
Se saca el casco.
La Moneda se reconstituye íntegra.
Su cráneo se recompone.
Sale a un balcón.
Allende retrocede hasta Tomás Moro.
Los detenidos salen de espalda de los estadios.
11 de Septiembre.
Regresan aviones con refugiados.
Chile es un país democrático.
Las fuerzas armadas respetan la constitución.
Los militares vuelven a sus cuarteles.
Renace Neruda.
Vuelve en una ambulancia a Isla Negra.
Le duele la próstata. Escribe.
Víctor Jara toca la guitarra.
Canta
Los discursos entran en las bocas.
El tirano abraza a Prat.
Desaparece.
Prat revive.
Los cesantes son recontratados.
Los obreros desfilan cantando
¡Venceremos!

Gonzalo Millán
La Ciudad
Amargord

«De un tiempo a esta parte», de Almudena Guzmán

De un tiempo
a esta parte
estoy prisionera
en un coche
de gritos y hielo
que circula
por carreteras oscuras
y en vertical
como catedrales,
deslumbrada
por las luces largas
de los que vienen
en sentido contrario
que sois todos.


Almudena Guzmán
Calendario
Hiperión

«Bizitzak» («La vida que yo veo»), de Bernardo Atxaga

Bizitzak ez du etsitzen
ezpada muga latzetan;
ezpadu Oihanarekin egiten amets,
egiten du Desertuarekin.

Eta hala, Iraila Garo Gorridunak
soilik Elur, soilik Otso,
Barren zabal eta izoztu
izan nahiko zukeen;

Eta izan nahiko zukeen Eguzkiak
Argi huts eta zorrotz
Erleen memoria ahulean;

Gaua, berriz,
hastapenetako garaiaz
oroitzen da bereziki,
orduan ez, baitzen gaua besterik;

Era berean, Egundo Ez
edo Beti Beti
esanka dabil nire Bihotza;
Bi hitz bakarretan
erabakitzen ditu,  zoritxarrez,
bere desira guztiak.

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La vida que yo veo
anhela los extremos confines,
el Desierto, la Selva y nada más.

Veo que Septiembre,
el de los Rojos Helechales,
deplora su materia;
que hubiera preferido ser
sólo Nieve, Inmensidad y Lobos.

Veo que el Sol
sueña con la pura Luz,
y que la Noche
añora los tiempos primordiales,
cuando todo era noche.

Miro también a mi corazón,
y descubro que sus deseos
se resumen, desgraciadamente,
en dos palabras:
la palabra Siempre,
la palabra Nunca.

 

Bernardo Atxaga
Poemas & híbridos
Visor

«Yo no sé cómo saltar…», de Juan Ramón Jiménez

Yo no sé cómo saltar
desde la orilla de hoy
a la orilla de mañana.

El río se lleva, mientras,
la realidad de esta tarde,
a mares sin esperanza.

Miro al oriente, al poniente,
miro al sur y miro al norte.

Toda la verdad dorada
que cercaba al alma mía,
cual con un cielo completo,
se cae, partida y falsa.

Y no sé cómo saltar
desde la orilla de hoy
a la orilla de mañana.

Juan Ramón Jiménez
Estío / Segunda antología poética

«La mujer absoluta», de Félix Chacón

A veces me preguntas
si me fijo en las otras
Yo respondo que sí
No soy de otro planeta
y es normal que lo haga
pero añado enseguida
que a ti es a quien yo quiero
Y de verdad no miento

Es normal que la mente
viva su vida aparte
ella que es la que puede
Por eso a veces busca
a Marta, a Lidia
a Julia, a Sherezade
a Paula o a Vanesa
a Julieta o a Rita
y se acuesta con ellas
por orden o en orgía
gratis y sin riesgos
en privado, en secreto
sin hacer daño a nadie

Pero no soy hipócrita
cuando digo que eres
para mí la mujer
genérica, absoluta
y que hacerte el amor
es igual que follarme
a todas las mujeres
que caben en mi mente
a la mujer mayúscula
que siempre he perseguido
a tu género entero
sobre la piel del mundo
resumido en tu cuerpo
y por mí sublimado

 

Félix Chacón
Decoración de interiores
Amargord Ediciones

«Volveré a por ti», de Antonio José Royuela

Ella, me dijo:

volveré a por ti.

Sé de lo que hablo.

Pasó el verano.

Las tres primaveras siguientes.

Alternaron largas sequías con años de abundantes lluvias.

Pero como me dijo que sabía de lo que hablaba,

aquí sigo, esperándola.

 

Antonio José Royuela
Zonas
Editorial Lastura

«Sé como los árboles…», de Federico de Arce

Sé como los árboles,

cabeza.

Mantén el equilibrio

llena de pájaros.

 


Federico de Arce
Miel de brujas
Descrito Ediciones

«Las estaciones», de Mario Benedetti

Están en mí las estaciones
como si fueran una sola
las cuatro siempre están en mí
son cuatro franjas de un abismo
desde la aurora hasta el ocaso
la lluvia el verde el sol el viento
sin desvelarme están en mí
son la misión recién nacida
y son los muertos de mi mundo
mis escondidas estaciones
me hacen feliz / sufren en mí
cada una de ellas tiene un cielo
y cada cielo es un espejo
que habla de todos y de mí
las estaciones se congregan
se reconocen y se abrazan
las cuatro siempre están en mí
soy su fervor sus hojas muertas
su granizada sus cosechas
su puerta abierta sus candados
su insolación sus aguaceros
como un destino están en mí
las estaciones se entreveran
para mezclarse con mi vida
para juntarse con mi muerte
y finalmente huir de mí.


Mario Benedetti
Buzón de tiempo