«Encantamiento», de Ángel Guinda

Cuando en la noche asoman las estatuas del mar,
hay vacas, hay caballos, hay ovejas soñando.
Grita la casa de aire abrazada al aire.
Tú que nos levantaste nos has arrodillado.
Quien perdió la cabeza
mirando fijamente el baile de la llama
es ahora una ermita.
Mutilaciones de luz se ciernen sobre los pasos.
Contra las alas de la concentración
repta la dispersión con sus venenos.
¿Qué oídos y bocas son la noche?
Latigazos de artrosis atormentan los pies
que pisaron las nubes en busca de otras órbitas.
Quien niega lo que viene inoculó en sus ojos
la lejanía hostil de haberse ya marchado.
Tú que trajiste todo, todo te lo llevaste.
Y ante el lago de hielo, capirote de fiebres,
la renuncia contiende con el mundo infinito.
Aún vendrán las imágenes con los ruidos de sal.
Cuando en la noche asomen las estatuas del mar.


Ángel Guinda
Catedral de la Noche
Olifante

«La fosa», de Alicia Es. Martínez Juan

Tengo los versos sucios
de quien trabaja la tierra
cavando tumbas
para palabras muertas
y sé que no te gustan
que me ves
y te tapas los oídos
que me escuchas
y cierras los ojos
que me rozas por la calle
en el autobús
en la frutería
así como quien no quiere la cosa
y te tapas la nariz
No te gusta mi olor
–es un gesto–
Pero lo que te pasa
es que en el fondo no quieres
que sienta tu aliento
que descubra que tú también estás muerto
pero no pierdas cuidado
hace tiempo que lo sé
y estoy ampliando la fosa
ensuciando mis poemas
para enterrarte
junto a tus palabras
y a tus perros
y a tus cadenas


Alicia Es. Martínez Juan

En casa, caracol, tienes la tumba
Ed. Gato Encerrado

«Palabra de poeta» de Alicia Es. Martínez en Espacio Leer

«Papiroflexia», de Maribel Tena García

Yo no pasé de simple barco o pajarita
entre aquellas manos que una y otra vez
me doblaban sobre mí misma.
A ratos amagué avión de papel,
trazando en mi caída una lacia parábola,
con la mansedumbre de lo triste,
pobre de acrobacia.
Cada pliegue se quejaba
en su doblez equilátera,
en el surco repetido que trazaba
aquella uña sucia.

Pero gracias a ese dolor
la fibra de celulosa es flexible.
Por eso hoy los dedos largos de tus manos
pliegan con delicadeza geométrica
el papel sobre el papel.

Para que yo pueda ser a tu lado
dragón o libélula.

Maribel Tena García
Como suceden los árboles
La Penúltima Editorial

«O poeta é um fingidor…», de Fernando Pessoa

O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
que chega a fingir que é dor
a dor que deveras sente.

E os que lêem o que escreve,
na dor lida sentem bem,
não as duas que ele teve,
mas só a que eles não têm.

E assim nas calhas de roda
gira, a entreter a razão,
esse comboio de corda
que se chama coração.

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El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que llega a fingir que es dolor
el dolor que de veras siente.

Y los que leen lo que escribe,
en el dolor leído sienten bien,
no los dos que él tuvo
mas solo el que ellos no tienen.

Y así en los raíles
gira, entreteniendo la razón,
ese tren de cuerda
que se llama corazón.

Fernando Pessoa
Autopsicografía

«Post-guerra», de Gloria Fuertes

Sobrevivo al horror de ser vendida,

y de ver sangre fuera de las venas.

La casa de mis padres se ha caído,

el amor que tenía se ha inundado,

la juventud que tuve se ha podrido.

Me río y pisoteo las pastillas.

¿Lo veis? ¡No me he matado!

La Muerte se columpia en una higuera

y esconde su veneno en el colmillo.

 

Gloria Fuertes
Se beben la luz
Editorial Torremozas

«Tienes, pequeño, el alma nueva…», de Isaac Alonso Araque

Tienes, pequeño, el alma nueva

abierta a la felicidad

de un mundo que descubres cada día.

Cómo envidio

tu alma nueva y pequeña.

La mía, con ser más grande, solo está llena de tristeza

por un mundo que me desconcierta

cada día.

Tan chiquitín me enseñas

la alegría de compartir

el conocimiento

cuando muestras a tu peluche

la gran teta que se derrama en la orilla,

atiz, atisch, titisch.

Y que el mundo se nombra

con palabras inventadas

que debemos hacer nuestras

y repetirlas

hasta que nos entiendan.

Atiz, atisch, titisch.

Atiz, atisch, titisch.

 

Isaac Alonso Araque
La Reina Púrpura
Huerga & Fierro

«Y aun así, me levanto», de Maya Angelou

Tú puedes escribirme en la historia
con tus amargas, torcidas mentiras,
puedes aventarme al fango
y aún así, como el polvo… me levanto.

¿Mi descaro te molesta?
¿Por qué estás ahí quieto, apesadumbrado?
Porque camino
como si fuera dueña de pozos petroleros
bombeando en la sala de mi casa.

Como lunas y como soles,
con la certeza de las mareas,
como las esperanzas brincando alto,
así… yo me levanto.

¿Me quieres ver destrozada?
cabeza agachada y ojos bajos,
hombros caídos como lágrimas,
debilitados por mi llanto desconsolado.

¿Mi arrogancia te ofende?
No lo tomes tan a pecho,
Porque yo río como si tuviera minas de oro
excavándose en el mismo patio de mi casa.

Puedes dispararme con tus palabras,
puedes herirme con tus ojos,
puedes matarme con tu odio,
y aún así, como el aire, me levanto.

¿Mi sensualidad te molesta?
¿Surge como una sorpresa
que yo baile como si tuviera diamantes
ahí, donde se encuentran mis muslos?

De las barracas de vergüenza de la historia
yo me levanto
desde el pasado enraizado en dolor
yo me levanto
soy un negro océano, amplio e inquieto,
manando
me extiendo, sobre la marea,
dejando atrás noches de temor, de terror,
me levanto,
a un amanecer maravillosamente claro,
me levanto,
brindado los regalos legados por mis ancestros.
Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.
Me levanto.
Me levanto.
Me levanto.


Maya Angelou

Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado

«Crimen semántico», de Laura Yasan

detener en el aire

la taza

del desayuno

y con cierta solemnidad

cierta lujuria

llamar la atención

del núcleo familiar

para decir

 

quiero matar a alguien

y hacer collares con sus tripas

 

esperar la reacción

y después

libre de tal peso semántico

terminar el café

o comenzar un día diferente

 

Laura Yasan

Safari

Ediciones Liliputienses

«El resto del mundo», de Ángel Petisme

La ONU acaba de finalizar la encuesta más grande de su historia,
la pregunta  fue la siguiente:
Por favor, diga honestamente qué opina de la escasez
de alimentos en el resto del mundo.
Los resultados no han podido ser más desalentadores.
La encuesta ha sido un fracaso descomunal:

Los europeos no entendieron qué significaba escasez.
Los africanos no sabían qué eran alimentos.
Los israelíes no entendieron qué quería decir por favor.
Los yanquis preguntaban qué significa el resto del mundo.
Los chinos y cubanos pedían
que les explicaran el sentido de qué opina.
Y en el congreso argentino, colombiano, chileno, boliviano,
peruano, brasileño y venezolano… hasta hoy se debate
sobre qué quiere decir honestamente.


Ángel Petisme
Poemails
Amargord Ed.