«Acertijo poético», de Carlos Ávila

El problema no reside

en saber qué país

es el dueño del huevo

que ha puesto el gallo

en la frontera.

 

Porque en la poesía

el gallo puede poner huevos

y la gallina

puede ser valiente.

 

El problema no es el gallo, el huevo o el país.

Es la frontera.

 

Carlos Ávila
Pero lo nuestro es cantar
Editorial Gato Encerrado

«Anoche me dicté…», de Ana Pérez Cañamares

Anoche me dicté
el mejor poema del mundo.

Era una nana
un manifiesto
un discurso de bienvenida
un homenaje
una canción de amor
un réquiem
un pistoletazo de salida
para la revolución.

Era capaz de aniquilar
en un verso
y de resucitar
en el siguiente.

Pero olvidé escribirlo
y ahora soy la misma persona
escribiendo sobre la impotencia.

Ana Pérez Cañamares
Las sumas y los restos
Ya lo dijo Casimiro Parker

«El poema difícil», de José Agustín Goytisolo

El poema está dentro
y no quiere salir.

Golpea en mi cabeza
y no quiere salir.

Yo grito, me estremezco,
y no quiere salir.

Le llamo por su nombre
y no quiere salir.

Bajo a la calle, entonces,
y lo encuentro ante mí.

José Agustín Goytisolo
Algo sucede
Editorial Lumen

«Hijos de la época», de Wislawa Szymborska

Somos hijos de la época,
la época es política.

Todos tus, nuestros, vuestros
asuntos diarios, asuntos nocturnos
son asuntos políticos.

Quieras o no lo quieras,
tus genes tienen un futuro político,
tu piel tiene una tonalidad política,
tus ojos un aspecto político.

Lo que dices, resuena,
lo que callas, tiene un sentido
de todas las formas, político.

Hasta yendo por la selva, por el bosque,
estás dando pasos políticos
con fundamentos políticos.

Los poemas apolíticos también son políticos,
y en lo alto brilla la luna,
un objeto ya no lunático.
Ser o no ser, he aquí la cuestión.
Qué, pregunta, dime, cariño.
Una pregunta política.

No hace falta que seas un ser humano,
para cobrar importancia política.
Basta con que seas petróleo,
pienso o materia reciclada.

O una mesa de debate, cuya forma
fue discutida durante meses:
¿en qué mesa pactar sobre la vida y la muerte?,
¿redonda o cuadrada?

Mientras tanto la gente se moría,
morían los animales,
ardían las casas
y los campos de cultivo se perdían
como en las épocas pretéritas
y menos políticas.

Wislawa Szymborska
Gente sobre el puente

«Jazz-Lilth», de Juan Eduardo Cirlot

Con mis ojos escucho, con mis ojos
de menta y de cristal desmesurado.
Con mis ojos de piano en el ocaso,
con mis ojos de tigre y de cerezo.
Con mis ojos escucho los acordes,
los desgarrados sones de la tarde,
los sones del amor y del sollozo,
los muslos que se acercan por el cielo.
Con mis ojos escucho tantas selvas,
tantas selvas de furia y de carbunclos.
Con  mis ojos de piano, con mis ojos
de hoguera abandonada en el desierto.
Los acordes se rompen en el canto,
los acordes se quiebran en los árboles,
los muslos se acercan por el cielo,
los muslos de magnolia y de ceniza.
Con mis ojos escucho los dos muslos,
con mis ojos de menta y de asesino,
con mis ojos de músico extraviado.

Juan Eduardo Cirlot
La habitación imaginaria
Editorial Siruela

«Arma de dos filos», de José Agustín Goytisolo

El poema
es un arma
de dos filos.
Uno, suave,
y el otro
como un grito cortante,
como un rayo
incisivo.

¡Ah, poeta dulcísimo!

No olvides
esta parte
del poema.
El castigo
es morir por la espalda,
degollado
por el segundo
filo.

José Agustín Goytisolo
Algo sucede
Editorial Lumen

«Digresión», de Luis Muñoz

Este amor es posible sólo
porque otros le preceden.
Del modo en que lo mires,
como tú eres porque fuiste otros
y porque en ti coinciden,
en un silencio cálido,
los gestos, la querencia,
los demonios de otros.

Los mismos que nombrar hacen posible,
como un dardo en un fruta roja,
la dulzura y el daño, la inocencia
y la malicia: dos mitades,
dos puntas de veneno,
dos caras
de ninguna moneda.

Luis Muñoz
Limpiar pescado
Visor

«Otras veces», de Ángel González

Quisiera estar en otra parte,
mejor en otra piel,
y averiguar si desde allí la vida,
por las ventanas de otros ojos,
se ve así de grotesca algunas tardes.

Me gustaría mucho conocer
el efecto abrasivo del tiempo en otras vísceras,
comprobar si el pasado
impregna los tejidos del mismo zumo acre,
si todos los recuerdos en todas las memorias
desprenden este olor
a fruta mustia y a jazmín podrido.

Desearía mirarme
con las pupilas duras de aquel que más me odia,
para que así el desprecio
destruya los despojos
de todo lo que nunca enterrará el olvido.

Ángel González
Palabra sobre palabra
Seix Barral

«Sé de su presencia», de Elena Román

Detrás de la puerta
se esconde el viento
con sus maneras de tambor.

Quinientas treinta y cinco horquillas
llevaría
si fuera a abrirle.

Pero no voy a hacerlo, porque
hoy las cosas son ligeras
y no quiero perderlas.

De golpe.

 

Elena Román
Novedades: Ayer. Posible antología 2008-2019
Ediciones Liliputienses

«La tregua», de Carlos Marzal

En la tiniebla urgente de esas casas
que uno acaba pidiendo a los amigos;
en asientos traseros de los coches,
abusando de los malabarismos;
en la frecuentación de los hoteles,
tarde o temprano todos parecidos;
sobre la arena tibia de la playa,
pasado ya el peligro de ser vistos;
en la cama de casa, que ya es
como una parte de nosotros mismo,
y en los lugares más insospechados
de dondequiera que haya sucedido,
hay una rara tregua de los cuerpos
que es más que el decaer del apetito
(cuando ella va camino de la ducha
o busca entre su bolso cigarrillos,
mientras coge las ropas esparcidas
o se entrega al silencio como un rito),
porque desaparecen las distancias
y vuelvo a padecer un espejismo:
todas las camas son la misma cama
y un mismo cuerpo todos los que han sido,
todo el tiempo del mundo es ese instante
y en ese instante, el mundo, un laberinto
del que conozco todas las salidas,
porque conozco todos sus sentidos.

Luego esa lucidez desaparece,
y se regresa al cauce primitivo;
de nuevo el mundo es un rompecabezas,
imposible de armar con un principio,
y sólo nos consuela un cuerpo al lado
que solicita un último capricho.

Carlos Marzal
La vida de frontera
Editorial Renacimiento