«Me celebro y me odio», de Leopoldo María Panero

Me celebro y me odio a mí mismo

palpo el muro en que habrá de grabarse mi ausencia

mientras el poema se escribe contra mí

contra mi nombre

como una maldición del tiempo.

Escupo estos versos en la guarida de Dios

donde nada existe

sino el poema contra mí.

Leopoldo María Panero
Guarida de un animal que no existe
Visor

«Ortodoncia», de Ana Pérez Cañamares

A través de la alambrada

de mi boca

tus besos tienen el sabor

de la libertad.

 

Ana Pérez Cañamares
La alambrada de mi boca
Ed. Baile del Sol

«Ley de la gravedad», de Itziar Mínguez Arnáiz

Qué enunciado tan preciso

para hacer referencia a eso

que nos mantiene

con los pies en el suelo

 

Itziar Mínguez Arnáiz
Que viene el lobo
Ed. La Isla de Siltolá

Poesía y música con Los Impresentables en El Internacional

Los Impresentables es un espectáculo poético informal y divertido que siempre tiene lugar en la Libro Taberna El Internacional de Toledo.  En esta ocasión leerán sus poemas Elena Román, Paloma Camacho, Isaac Alonso, Alicia Es. Martínez y Félix Chacón. Les acompañará el guitarrista Ariel Acevedo. El acto acabará con un concierto de Carlos Ávila y Ariel Acevedo.

‘Versos perversos’, poesía y música en Burguillos de Toledo

«No soy dueña de nada», de Miriam Reyes

No soy dueña de nada,

mucho menos podría serlo de alguien.

No deberías temer

cuando estrangulo tu sexo,

no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.

 

Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.

Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,

no necesito más paredes y adentro tengo

mucho espacio:

ese desierto negro que tanto te asusta.

 

Miriam Reyes
Bella Durmiente
Editorial Hiperión

«El agua fluye de una manera distinta cuando estás en la grieta», de Paloma Camacho Arístegui

«Bebe más agua», me dicen
«lo necesitas»
y no lo entiendo
no lo entiendo

no lo entiendo
si no hace sino derramarse por todas partes
quiero decir: mis ojos

mis ojos de madera hinchada
abiertos como puertas que ya no cerrarán
pues no encajarán nunca más en el quicio.

¿Y si cada gota fuera un miedo?
¿y si cada silencio, un vómito
que debe quedar dentro?

Dentro para no olvidar
la amargura del dolor ajeno
que se convierte en propio
la acidez, si es que alguna vez lo sentiste
la corrosión, no solo de estómago y corazón
sino también de fuerza y sonrisa.

Hasta que un día desapareces y nadie sabe por qué
porque doler, duele; pero sangrar, no sangras
y cuando no hay sangre en la que hundir los dedos
parece que nada acontece.

 

Paloma Camacho Arístegui
Cartografía de un abandono
Editorial Gato Encerrado

«No sirves para nada», de José Agustín Goytisolo

Fui un mísero afligido desde mi mocedad,
siempre lleno de espanto, lleno de tristeza…
(Salm., 88, 16)

 

Cuando yo era pequeño
estaba siempre triste
y mi padre decía
mirándome y moviendo
la cabeza: hijo mío
no sirves para nada.

Después me fui al colegio
con pan y con adioses
pero me acompañaba
la tristeza. El maestro
graznó: pequeño niño
no sirves para nada.

Vino luego la guerra
la muerte –yo la vi–
y cuando hubo pasado
y todos la olvidaron
yo triste seguí oyendo:
no sirves para nada.

Y cuando me pusieron
los pantalones largos
la tristeza enseguida
cambió de pantalones.
Mis amigos dijeron:
no sirves para nada.

En la calle en las aulas
odiando y aprendiendo
la justicia y sus leyes
me perseguía siempre
la triste cantinela:
no sirves para nada.

De tristeza en tristeza
caí por los peldaños
de la vida. Y un día
la muchacha que amo
me dijo y era alegre:
no sirves para nada.

Ahora vivo con ella
voy limpio y bien peinado.
Tenemos una niña
a la que a veces digo
también con alegría:
no sirves para nada.

 

José Agustín Goytisolo
Salmos al viento

Félix Chacón y Carlos Ávila en la Libre de Barrio de Leganés

Félix Chacón visita este viernes La Libre de Barrio de Leganés para presentar Material de derribo (Espasa), su nuevo libro de poemas. Le acompañará el poeta y cantautor Carlos Ávila, que presentará el acto y pondrá el broche final al encuentro interpretando una serie de poemas a los que ha puesto música, y que forman parte de uno de los proyectos discográficos en los que trabaja actualmente. En el siguiente vídeo, grabado en mayo de este mismo año, Carlos Ávila interpreta «Cuando todo funciona», uno de los poemas de Material de derribo:

CUANDO TODO FUNCIONA

Cuando todo funciona
y la casa está en orden
y todos los relojes
marcan la misma hora
y el móvil tiene rayas
con wifi y batería
y no quiero otros muebles
ni hacer otra reforma
ni colgar ningún cuadro
y los grifos funcionan
y tragan los desagües
y no espero al cartero
ni ningún gilipollas
viene a llamar al timbre
ni suenan los teléfonos
para venderme nada
ni me enferma el PC
por coger algún virus
y el coche está en la calle
intacto y no precisa
ir de nuevo al taller
o a pasar la ITV
y nadie ha convocado
ninguna puñetera
reunión de vecinos
y no hay que hacer gestiones
ni llamar a abogados
ni limpiar las ventanas
ni comprar más vajilla
ni ir otra vez al súper
ni a la tintorería
ni llamar al seguro
por la puta gotera
que ha vuelto a aparecer
entonces, solo entonces
a ratos soy feliz

Material de derribo
ESPASA es POESÍA

«1946: Escuela pública», de Antonio Martínez Sarrión

Todo era gris y desconchado,

rencoroso y atroz. Las criaturas

maduraban muy pronto en lo peor:

el capricho, el sadismo, los instintos

cainitas. Solían ponderarse,

febrilmente, modelos alemanes

de aviones, masacres contra indios

en los peores westerns,

razzias imperialistas con lanceros.

Se burlaban  del Negus,

y en las fotos de Gandhi

clavaban un gargajo muy reído.

La hora del recreo era temible:

imponían su arbitrio los más bestias:

retacos ya con bíceps abultados

y repuntes de barba

que, sólo por mirarles, te insultaban,

te tiraban al suelo, te hacían comer tierra

o te la deslizaban hasta el sexo

después de abrirte la bragueta.

Si te veían renuente a sus depredaciones

de tártaros borrachos,

con torturas más fuertes la emprendían:

empujarte y frotarte contra los urinarios

que rezumaban baba y pestilencia,

obligarte a jugar una partida

de una ruleta tosca y despiadada,

propia de rabadanes y espoliques

en la antigua Caldea

que, mediante una taba de cordero,

en funciones de dado,

sorteaba dignidades: rey,

verdugo, condenado o reo,

y administraba duros cintarazos

que prohibían, no sólo las lágrimas,

sino el quejido, el rictus de dolor.

Nunca vi a los maestros

cortar las salvajadas. Impensable

acudir a la denuncia:

iba en ello la honra.

Todo era abotargado, el aire no corría,

instalándose en aulas y pasillos

como una rata hedionda y desventrada.

 

Todo era miserable, sórdido, sometido.

Pero llegaba abril y en los arriates

escondidos del patio,

una mañana con aire más tibio,

y sin tarjeta de presentación,

estallaban las lilas

y ellas te consolaban

un año y otro y otro.

Todavía,

al asaltarte su delgado aroma

en una encrucijada del Retiro,

sesenta años después,

se humedecen tus ojos.

 

Antonio Martínez Sarrión
Poeta en Diwan
Tusquets Editores