A través de la alambrada
de mi boca
tus besos tienen el sabor
de la libertad.
Ana Pérez Cañamares
La alambrada de mi boca
Ed. Baile del Sol
A través de la alambrada
de mi boca
tus besos tienen el sabor
de la libertad.
Ana Pérez Cañamares
La alambrada de mi boca
Ed. Baile del Sol
Qué enunciado tan preciso
para hacer referencia a eso
que nos mantiene
con los pies en el suelo
Itziar Mínguez Arnáiz
Que viene el lobo
Ed. La Isla de Siltolá
Los Impresentables es un espectáculo poético informal y divertido que siempre tiene lugar en la Libro Taberna El Internacional de Toledo. En esta ocasión leerán sus poemas Elena Román, Paloma Camacho, Isaac Alonso, Alicia Es. Martínez y Félix Chacón. Les acompañará el guitarrista Ariel Acevedo. El acto acabará con un concierto de Carlos Ávila y Ariel Acevedo.
No soy dueña de nada,
mucho menos podría serlo de alguien.
No deberías temer
cuando estrangulo tu sexo,
no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.
Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.
Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,
no necesito más paredes y adentro tengo
mucho espacio:
ese desierto negro que tanto te asusta.
Miriam Reyes
Bella Durmiente
Editorial Hiperión
«Bebe más agua», me dicen
«lo necesitas»
y no lo entiendo
no lo entiendo
no lo entiendo
si no hace sino derramarse por todas partes
quiero decir: mis ojos
mis ojos de madera hinchada
abiertos como puertas que ya no cerrarán
pues no encajarán nunca más en el quicio.
¿Y si cada gota fuera un miedo?
¿y si cada silencio, un vómito
que debe quedar dentro?
Dentro para no olvidar
la amargura del dolor ajeno
que se convierte en propio
la acidez, si es que alguna vez lo sentiste
la corrosión, no solo de estómago y corazón
sino también de fuerza y sonrisa.
Hasta que un día desapareces y nadie sabe por qué
porque doler, duele; pero sangrar, no sangras
y cuando no hay sangre en la que hundir los dedos
parece que nada acontece.
Paloma Camacho Arístegui
Cartografía de un abandono
Editorial Gato Encerrado
Fui un mísero afligido desde mi mocedad,
siempre lleno de espanto, lleno de tristeza…
(Salm., 88, 16)
Cuando yo era pequeño
estaba siempre triste
y mi padre decía
mirándome y moviendo
la cabeza: hijo mío
no sirves para nada.
Después me fui al colegio
con pan y con adioses
pero me acompañaba
la tristeza. El maestro
graznó: pequeño niño
no sirves para nada.
Vino luego la guerra
la muerte –yo la vi–
y cuando hubo pasado
y todos la olvidaron
yo triste seguí oyendo:
no sirves para nada.
Y cuando me pusieron
los pantalones largos
la tristeza enseguida
cambió de pantalones.
Mis amigos dijeron:
no sirves para nada.
En la calle en las aulas
odiando y aprendiendo
la justicia y sus leyes
me perseguía siempre
la triste cantinela:
no sirves para nada.
De tristeza en tristeza
caí por los peldaños
de la vida. Y un día
la muchacha que amo
me dijo y era alegre:
no sirves para nada.
Ahora vivo con ella
voy limpio y bien peinado.
Tenemos una niña
a la que a veces digo
también con alegría:
no sirves para nada.
José Agustín Goytisolo
Salmos al viento
Félix Chacón visita este viernes La Libre de Barrio de Leganés para presentar Material de derribo (Espasa), su nuevo libro de poemas. Le acompañará el poeta y cantautor Carlos Ávila, que presentará el acto y pondrá el broche final al encuentro interpretando una serie de poemas a los que ha puesto música, y que forman parte de uno de los proyectos discográficos en los que trabaja actualmente. En el siguiente vídeo, grabado en mayo de este mismo año, Carlos Ávila interpreta «Cuando todo funciona», uno de los poemas de Material de derribo:
CUANDO TODO FUNCIONA
Cuando todo funciona
y la casa está en orden
y todos los relojes
marcan la misma hora
y el móvil tiene rayas
con wifi y batería
y no quiero otros muebles
ni hacer otra reforma
ni colgar ningún cuadro
y los grifos funcionan
y tragan los desagües
y no espero al cartero
ni ningún gilipollas
viene a llamar al timbre
ni suenan los teléfonos
para venderme nada
ni me enferma el PC
por coger algún virus
y el coche está en la calle
intacto y no precisa
ir de nuevo al taller
o a pasar la ITV
y nadie ha convocado
ninguna puñetera
reunión de vecinos
y no hay que hacer gestiones
ni llamar a abogados
ni limpiar las ventanas
ni comprar más vajilla
ni ir otra vez al súper
ni a la tintorería
ni llamar al seguro
por la puta gotera
que ha vuelto a aparecer
entonces, solo entonces
a ratos soy feliz
Material de derribo
ESPASA es POESÍA
Todo era gris y desconchado,
rencoroso y atroz. Las criaturas
maduraban muy pronto en lo peor:
el capricho, el sadismo, los instintos
cainitas. Solían ponderarse,
febrilmente, modelos alemanes
de aviones, masacres contra indios
en los peores westerns,
razzias imperialistas con lanceros.
Se burlaban del Negus,
y en las fotos de Gandhi
clavaban un gargajo muy reído.
La hora del recreo era temible:
imponían su arbitrio los más bestias:
retacos ya con bíceps abultados
y repuntes de barba
que, sólo por mirarles, te insultaban,
te tiraban al suelo, te hacían comer tierra
o te la deslizaban hasta el sexo
después de abrirte la bragueta.
Si te veían renuente a sus depredaciones
de tártaros borrachos,
con torturas más fuertes la emprendían:
empujarte y frotarte contra los urinarios
que rezumaban baba y pestilencia,
obligarte a jugar una partida
de una ruleta tosca y despiadada,
propia de rabadanes y espoliques
en la antigua Caldea
que, mediante una taba de cordero,
en funciones de dado,
sorteaba dignidades: rey,
verdugo, condenado o reo,
y administraba duros cintarazos
que prohibían, no sólo las lágrimas,
sino el quejido, el rictus de dolor.
Nunca vi a los maestros
cortar las salvajadas. Impensable
acudir a la denuncia:
iba en ello la honra.
Todo era abotargado, el aire no corría,
instalándose en aulas y pasillos
como una rata hedionda y desventrada.
Todo era miserable, sórdido, sometido.
Pero llegaba abril y en los arriates
escondidos del patio,
una mañana con aire más tibio,
y sin tarjeta de presentación,
estallaban las lilas
y ellas te consolaban
un año y otro y otro.
Todavía,
al asaltarte su delgado aroma
en una encrucijada del Retiro,
sesenta años después,
se humedecen tus ojos.
Antonio Martínez Sarrión
Poeta en Diwan
Tusquets Editores
Mataos
pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna.
Si vuestra rabia es fuego que devora tal cielo
y en vuestras almohadas crecen las pistolas:
destruíos aniquilaos ensangrentad
con ojos desgarrados los acumulados cementerios
que bajo la luna de tantas cosas callan
pero dejad tranquilo al campesino
que cante en la mañana
el azul nutritivo de los soles.
Invadid con vuestro traqueteo
los talleres los navíos las universidades
las oficinas espectrales donde tanta gente languidece
triturad toda rosa hallad al noble pensativo
preparad las bombas de fósforo y las nupcias del agua con la muerte
que han de aplastar a las dulces muchachas paseantes
en esta misma hora que sonríe
por una desconocida ciudad de provincias
pero dejad tranquilo al joven estudiante
que lleva en su corazón un estío secreto.
Inundad los periódicos las radios los cines las tribunas
de entelequias estructuras incompatibilidades
pero dejad tranquilo al obrero que fumando un pitillo
ríe con los amigos en aquel bar de la esquina.
Asesinaos si así lo deseáis
exterminaos vosotros: los teorizantes de ambas cercas
que jamás asiríais un fusil de bravura
pero dejad tranquilo a ese hombre tan bueno y tan vulgar
que con su mujer pasea en los económicos atardeceres.
Aplastaos pero vosotros
los inquisitoriales azuzadores de la matanza
los implacables dogmáticos de estrechez mentecata
los monstruosos depositarios de la enorme Gran Estafa
los opulentos energúmenos que en alza favorable de cotizaciones
preparáis la trituración de los sueños modestos
bajo un hacha de martirios inútiles.
Pisotead mi sepulcro también
os lo permito si así lo deseáis inclusive y todo
aventad mis cenizas gratuitamente
si consideráis que mi voz de la calle no se acomoda a vuestros fines suculentos
pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna
al campesino que nos suda la harina y el aceite
al joven estudiante con su llave de oro
al obrero en su ocio ganado fumándose un pitillo
y al hombre gris que coge los tranvías
con su gabán roído a las seis de la tarde.
Esperan otra cosa.
Los parieron sus madres para vivir con todos
y entre todos aspiran a vivir tan sólo esto
y de ellos ha de crecer
si surge
una raza de hombres con puñales de amor inverosímil
hacia otras aventuras más hermosas.
Miguel Labordeta
Epilírica