«Advertencia», de Gloria Fuertes

Cuando estés recién muerto,
aún con la tibia tibia,
aún con las uñas cortas,
querrás hacer algo
–lo que podías hacer ahora–;

y ya habrán cerrado las tiendas y portales,
y ya será muy tarde para llegar a tiempo
a los que hoy te aman.

Gloria Fuertes
Cómo atar los bigotes del tigre
Ediciones Torremozas

«Cuando Gaudí construyó Parque Güell…», de Isaac Alonso Araque

Cuando Gaudí construyó Parque Güell

buscaba en una escombrera

platos rotos

con que rematar su obra.

Así, el poeta.

Isaac Alonso Araque
Pastos de invierno
Huerga& Fierro Editores

«Briznas del hogar», de Pilar de Valderrama

Estas pequeñas cosas que conmigo han vivido
íntimamente unidas ¿dónde irán a parar
el día que yo parta, se desmorone el nido,
y sus pajas el viento llegue a desparramar?

Los libros que yo quise y leí tantas veces,
la lámpara que siempre mi trabajo alumbró,
la simbólica imagen que recibió mis preces,
la tela caprichosa que mi mano bordó.

El cofre cincelado, el jarrón, la pintura,
deleites de mis ojos, galas de mi mansión;
ellos fueron testigos de dolor y ventura;
del querido hogar mío fueron la ramazón.

Objetos que estuvisteis con mi vida ligados
y visteis los cambiantes de mi propio sentir
descubriendo en los pliegues más hondos y cerrados
lo que acaso yo misma no supe definir.

Las manos que os recojan ¿serán como las mías?
¿Será su tacto suave, como el mío lo fue?
¿Verán otras pupilas, impasibles y frías,
algún rastro del alma que en vosotros dejé?

¿Cuál será vuestra suerte cuando me marche lejos…?
Mis fieles compañeros, ¿qué dueño encontraréis?
Presos en la nostalgia de los afectos viejos
acaso arrinconados en un desván seréis.

¿No habrá un ser que descubra que el curso de los años
algo os fue transmitiendo de aquel que os poseyó?
¿Que aparecéis a veces con matices extraños
mezcla de luz y sombra de un alma que pasó…

… y que os legó a su paso algún rasgo, una huella
donde quedó estampada su personalidad;
una luz indecisa, como de errante estrella,
que siendo el alma vuestra, es suya en realidad?

No verán nada, nada… ¡pobres objetos míos!
Mi lámpara, mis libros, mi cuadro, mi jarrón…
seréis pequeñas gotas perdidas en los ríos
del olvido, que arrastran recuerdo y tradición.

Pilar de Valderrama
Huerto cerrado

«Un lobo», de Fernando Valverde

Dentro de este poema pasa un lobo
que deja sus pisadas en la nieve.

Sigiloso y hambriento,
recorre la ciudad
que miró confiada hacia el futuro.

Hoy han bajado todas las persianas.

Es tarde,
trato de no hacer ruido
y que avancen los versos como pasan los días
para que el lobo escoja
un camino que lleve a otro lugar,
una presa más débil.

Pero en este poema espera un lobo
que ha venido a buscarme.
Aunque intente estar quieto y no hacer ruido
salta por las palabras un recuerdo
que me arranca un aullido y me devora.

Fernando Valverde
Los ojos del pelícano
Visor

«Si me llamaras, sí…», de Pedro Salinas

¡Si me llamaras, sí,
si me llamaras!

Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!

Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
–¡si me llamaras, sí, si me llamaras! –
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.

Nunca desde los labios que te beso,
nunca
desde la voz que dice: «No te vayas».

Pedro Salinas
La voz a ti debida

«El azucarero», de Elena Román

En momentos de derrota habría que plantearse otra lucha:

una pequeña, fácil, que se pueda superar sin demasiado esfuerzo.

Algo así como avanzar, con la cara hinchada a bofetadas de amargor,

hacia el azucarero, repitiendo en voz alta que, pase lo que pase,

os comeréis un terrón, que eludiréis los obstáculos diabéticos

y los imperios de la sacarina y, cuando lo tengáis a mano, jurad que os lo

vais a comer… y os lo coméis.

Habría que paladearlo bien porque es la salvación, es un placer.

No cambiará nada pero tampoco habrá agravado el entorno.

Todo seguirá doliendo en su sitio menos la dulzura,

que se habrá mudado a la cavidad auxiliar de la memoria.

Elena Román
Novedades: Ayer. Posible antología 2008-2019
Ediciones Liliputienses

«Y llegó la tormenta…», de Ana Pérez Cañamares

Y llegó la tormenta y apagó la tele.
Ella sola decidió que el madridbarça
era en sus manos un juego para niños.

Nos brindó su espectáculo
de luces y sonido: un show
de vanidad herida hecho
para impresionar.

Vaya si lo hizo. No solo
olvidamos a Messi: olvidamos
hasta nuestros nombres.

Maradona bendiga a todas las tormentas
porque nos apartan de nuestros vicios:
el deseo, el poder, la identidad.

Ana Pérez Cañamares
Las sumas y los restos
Ya lo dijo Casimiro Parker

«Sin tiempo ni memoria», de José Agustín Goytisolo

Una voz que bien sé de dónde viene

me ordena que despierte

que me aleje del sueño

que abandone.

 

Digo que así será:

cortaré el agua de los maleficios

verteré azufre en tierra

y me iré a otro lugar

a una región

sin tiempo ni memoria

en la que todo esté por comenzar.

 

José Agustín Goytisolo
Final de un adiós
Lumen

«Ulises», de Zhivka Baltadzhieva

A la playa de Ítaca
me trajeron dormido,
un cuerpo inerte sólo.

Primero
no me reconocieron
y después nadie me preguntó
nada.

He matado a los pretendientes.
Y más

no tengo que navegar.

No tengo que inventarme.
No tengo que inventar nada.
No tengo que ser
otro.

No tengo que ser.

Ni siquiera yo
sueño con Odiseo.

Mi fuga
a lo real

se ha cumplido.

Zhivka Baltadzhieva
Fuga a lo real
Amargord Ediciones

«¿Cómo he tardado tanto en darme cuenta?», de José María Fonollosa

¿Cómo he tardado tanto en darme cuenta?

Los datos anunciaban claramente,

hasta con fluorescentes de colores,

que había un error grave en mis esquemas.

 

Me obcequé en proseguir, empecinado

y tenaz, por la senda equivocada

–los datos recalcábanlo insistentes–

para llegar así a ninguna parte.

 

José María Fonollosa
Destrucción de la mañana
DVD ediciones