«Sopa quemada», de Elena Román

Espero en la orilla las olas más grandes,
olas que no vienen desde atrás hacia adelante
sino de izquierda a derecha
y que no se producen al fondo
sino en la misma orilla,
donde me tumbo para ser el relleno del agua.
A continuación llevo ropa de abrigo
y estoy en un edificio
atendiendo la llamada de mi antiguo jefe,
quien me recrimina que se me haya quemado la sopa.
Yo nunca hago sopa –miento.
¿Se puede quemar la sopa? –me cuestiono.
Me pide disculpas por el despiste
y de paso me pregunta cómo me va la vida
y si quiero volver a trabajar con él:
no le importaría echar a su secretaria
y contratarme de nuevo a mí,
lo haría por el bien de la literatura.
Le respondo que no
aunque me tienta la oferta
porque estaría cerca de Madrid
y aprendería de los trenes
lo que me falta por aprender.
Una mujer sale de un portal y se tira al suelo
con el rostro incendiado
y escucho sus gritos, sus gritos, sus gritos,
en vez de los míos, los míos, los míos.

 

Elena Román
¿Qué hacer con Freud además de matar a Freud?
Ediciones Liliputienses

«Advertencia al lector», de Nicanor Parra

El autor no responde de las molestias que puedan ocasionar sus escritos:
Aunque le pese
El lector tendrá que darse siempre por satisfecho.
Sabelius, que además de teólogo fue un humorista consumado,
Después de haber reducido a polvo el dogma de la Santísima Trinidad
¿Respondió acaso de su herejía?
Y si llegó a responder, ¡cómo lo hizo!
¡En qué forma descabellada!
¡Basándose en qué cúmulo de contradicciones!

Según los doctores de la ley este libro no debiera publicarse:
La palabra arcoíris no aparece en él en ninguna parte,
Menos aún la palabra dolor,
La palabra torcuato.
Sillas y mesas sí que figuran a granel,
¡Ataúdes!, ¡útiles de escritorio!
Lo que me llena de orgullo
Porque, a mi modo de ver, el cielo se está cayendo a pedazos.

Los mortales que hayan leído el Tractatus de Wittgenstein
Pueden darse con una piedra en el pecho
Porque es una obra difícil de conseguir:
Pero el Círculo de Viena se disolvió hace años,
Sus miembros se dispersaron sin dejar huella
Y yo he decidido declarar la guerra a los cavalieri di la luna.

Mi poesía  puede perfectamente no conducir a ninguna parte:
«¡Las risas de este libro son falsas!», argumentarán mis detractores,
«Sus lágrimas, ¡artificiales!»
«En vez de suspirar, en estas páginas se bosteza»
«Se patalea como un niño de pecho»
«El autor se da a entender a estornudos».
Conforme: os invito a quemar vuestras naves,
Como los fenicios pretendo formarme mi propio alfabeto.

«¿A qué molestar al público entonces?», se preguntarán los amigos lectores:
«Si el propio autor empieza por desprestigiar sus escritos,
¡Qué podrá esperarse de ellos!»
Cuidado, yo no desprestigio nada
O, mejor dicho, yo exalto mi punto de vista,
Me vanaglorio de mis limitaciones,
Pongo por las nubes mis creaciones.

Los pájaros de Aristófanes
Enterraban en sus propias cabezas
Los cadáveres de sus padres
(Cada pájaro era un verdadero cementerio volante.)
A mi modo de ver
Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia
¡Y yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores lectores!

 

Nicanor Parra
Poemas y antipoemas

«Propios y extraños», de Benjamín Prado

Lo dice todo el mundo:  ya no soy el que era.
Me llamo como el otro,
uso su ropa,
vivo en su casa y firmo lo que escribe;
pero el resto es distinto,
tiene razón la gente.

El hombre que creía
que nada más que el miedo consigue que las cosas
parezcan lo que son;
el hombre al que admiraban igual que a los delfines
que escoltan a los barcos sin saber dónde van;

el que calmó su sed
como quien bebe el agua de un vaso donde hubo
unas rosas cortadas;
o el que aún no sabía
que resulta imposible ser un mismo a solas;
ése, ya no soy yo.

El hombre en cuya mano estaba escrito:
–No hay vida más vacía que una tumba sin flores.

El que no sospechaba
que ser independiente
es poder elegir
a quién necesitar.

El hombre con dos caras que jamás era él mismo.
El hombre que quería estar solo y no pudo
porque ya  no quedaba sitio en la soledad.

El hombre que pasaba de largo por los otros.
El hombre que no supo
que el silencio no estaba nada más que en su oído.
El que ya no creía.
El que no te esperaba…

Pregúntale a cualquiera. Lo dice todo el mundo:
–Ya no eres ni la sombra de lo que fuiste,
desde que esa mujer está a tu lado.

 

Benjamín Prado
Ya no es tarde
Visor

«Me celebro y me odio», de Leopoldo María Panero

Me celebro y me odio a mí mismo

palpo el muro en que habrá de grabarse mi ausencia

mientras el poema se escribe contra mí

contra mi nombre

como una maldición del tiempo.

Escupo estos versos en la guarida de Dios

donde nada existe

sino el poema contra mí.

Leopoldo María Panero
Guarida de un animal que no existe
Visor

«Ortodoncia», de Ana Pérez Cañamares

A través de la alambrada

de mi boca

tus besos tienen el sabor

de la libertad.

 

Ana Pérez Cañamares
La alambrada de mi boca
Ed. Baile del Sol

«Ley de la gravedad», de Itziar Mínguez Arnáiz

Qué enunciado tan preciso

para hacer referencia a eso

que nos mantiene

con los pies en el suelo

 

Itziar Mínguez Arnáiz
Que viene el lobo
Ed. La Isla de Siltolá

Poesía y música con Los Impresentables en El Internacional

Los Impresentables es un espectáculo poético informal y divertido que siempre tiene lugar en la Libro Taberna El Internacional de Toledo.  En esta ocasión leerán sus poemas Elena Román, Paloma Camacho, Isaac Alonso, Alicia Es. Martínez y Félix Chacón. Les acompañará el guitarrista Ariel Acevedo. El acto acabará con un concierto de Carlos Ávila y Ariel Acevedo.

‘Versos perversos’, poesía y música en Burguillos de Toledo

«No soy dueña de nada», de Miriam Reyes

No soy dueña de nada,

mucho menos podría serlo de alguien.

No deberías temer

cuando estrangulo tu sexo,

no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.

 

Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.

Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,

no necesito más paredes y adentro tengo

mucho espacio:

ese desierto negro que tanto te asusta.

 

Miriam Reyes
Bella Durmiente
Editorial Hiperión

«El agua fluye de una manera distinta cuando estás en la grieta», de Paloma Camacho Arístegui

«Bebe más agua», me dicen
«lo necesitas»
y no lo entiendo
no lo entiendo

no lo entiendo
si no hace sino derramarse por todas partes
quiero decir: mis ojos

mis ojos de madera hinchada
abiertos como puertas que ya no cerrarán
pues no encajarán nunca más en el quicio.

¿Y si cada gota fuera un miedo?
¿y si cada silencio, un vómito
que debe quedar dentro?

Dentro para no olvidar
la amargura del dolor ajeno
que se convierte en propio
la acidez, si es que alguna vez lo sentiste
la corrosión, no solo de estómago y corazón
sino también de fuerza y sonrisa.

Hasta que un día desapareces y nadie sabe por qué
porque doler, duele; pero sangrar, no sangras
y cuando no hay sangre en la que hundir los dedos
parece que nada acontece.

 

Paloma Camacho Arístegui
Cartografía de un abandono
Editorial Gato Encerrado