«Intenta entender lo de los campos de exterminio», de Begoña Abad

Intenta entender lo de los campos de exterminio

y lee páginas y páginas del espanto.

Intenta ponerse en el lugar

de los guardianes, atroces, abominables.

Intenta entender qué placer hay

en el dolor por el dolor,

del cordero llevado al matadero.

Intenta entenderlo, día y noche,

porque ella ni siquiera pasará a la historia

a pesar de que vive ya en un campo de concentración

y su S.S. particular figura en su libro de familia

como el padre de sus hijos.

 

Begoña Abad
Cómo aprender a volar
Editorial Olifante

«Alfabeto», de Félix Chacón

Prepárate un plan be
y ten previsto el ce por si fracasa
no descartes el de
y ten planificado con prudencia
el e, el efe, el ge
el hache, el i y el jota
Recorre el alfabeto
como el itinerario del fracaso
y ten mucho cuidado
de no caer a plomo hasta el plan zeta

O apuesta todo al a
–yo no tuve valor
y sigo descendiendo el alfabeto–
abandona otros planes
rechaza lo mediocre
descarta las opciones del cobarde
y juégate la vida a todo o nada

 

Félix Chacón
Material de derribo
Espasa es Poesía

«Spiritual I», de Leopoldo María Panero

Salí a la calle y no vi a nadie,

salí a la calle y no vi a nadie,

¡oh, Señor!, desciende por fin

porque en el Infierno ya no hay nadie.

 

Leopoldo María Panero
Narciso en el acorde último de las flautas
Huerga & Fierro Editores

«¿Sabes lo que más me espanta del horror?», de Ana Pérez Cañamares

¿SABES LO QUE MÁS ME ESPANTA DEL HORROR?

Que nunca me avergüenza

tanto como merece.

 

Porque si de verdad

                        me indignara lo bastante

saldría a la calle desnuda

iría a un edificio del Poder

y explosionaría

la bomba que tuviera más a mano

 

por ejemplo mi corazón.

 

Ana Pérez Cañamares
El espejo discreto
Editorial Pre-Textos

David Trashumante presenta su nuevo libro en Toledo

Este sábado, David Trashumante presentará Apenas (Ed. Ya Lo Dijo Casimiro Parker), su nuevo poemario, en Toledo. Le acompañará el poeta Eddie (J. Bermúdez). Será a las 20 horas en Libro Taberna El Internacional (C/ Ciudad, 15).

 

 

 

«Yo soy el hombre que lanzó un zapato a Bush…», de Ángel Petisme

YO SOY EL HOMBRE QUE LANZÓ UN ZAPATO A BUSH,
el hombre que no puede evitar su destino.
Yo soy los niños sin cabeza, los de un ojo en la frente,
los de escamas en el cuerpo
a causa del uranio empobrecido.

Yo no soy Vargas Llosa
justificando la invasión en Diario de Irak,
soy el Museo de Bagdad y la desolación de las vitrinas rotas
las máscaras rituales, los tocados reales, los recipientes de oro
que llegaron a vuestros museos ¡milagrosamente!
Yo soy los niños con bolas de billar en los ojos
que les sobran sonrisas pero les faltan dientes.
Soy la sangre por las calles de Faluya, de Tikrit, de Mosul,
de Baquba, de Kirkuk, de Kerbala…
Los gritos de un mundo de aflicción,
quizás no merecíamos existir,
venid a ver.

Yo soy el hombre de las lágrimas secas,
soy Muntazer al-Zaidi,
el que cuelga en su apartamento
una foto del Che,
el que cumple quince años de cárcel.

Soy el azufre de antes de la lluvia,
soy uno de los ochenta mil de Abu Grhaib,
desnudos, cabezas de bolsa de cartón,
defecan sobre nosotros y nos aplican
electricidad en ano y  genitales.

Yo soy la tristeza de la desobediencia,
en ese zapato iba la rabia del Planeta,
los niños harapientos con más huesos que carne,
yo soy el relámpago que brinca desde Asia.

-¡Este es el beso de despedida del pueblo iraquí,
perro!-, le grité una mañana
en la rueda de prensa
un 15 de diciembre de 2008.

Yo soy la primera guitarra conocida en el mundo,
el texto original del Poema de Gilgamesh,
la biblioteca de Asurbanipal en mármol esculpido,
las tablillas con los primeros escritos del hombre…
Me quedé corto, os hubiese lanzado
todas las armas de destrucción más IVA
que esgrimisteis como razón para invadir
mi hogar.

Este es el zapato más aciago del mundo,
este es el zapato del Nuevo Amanecer.

Yo soy un millón de gotas que murieron de sed,
un millón de iraquíes.

 

Ángel Petisme
La noche 351
Ediciones Hiperión

«8», de Rafael Pérez Estrada

Se agotaron las lágrimas,

y los prestamistas, los que conocen el valor de las lágrimas, no daban abasto.

A veces se hizo necesario compartirlas como se comparten el pan y la tristeza.

Y en los desagües, el dolor se atascó de pronto.

 

Rafael Pérez Estrada
El grito & Diario de un tiempo difícil
Miguel Gómez Ediciones

«La cicatriz», de Luis Rosales

A cada hombre le tendríamos que hablar en una lengua distinta,

a cada amigo le tendríamos que hablar con una voz distinta

para que nos pudiesen comprender,

pero la lengua personal es tan fiel a sí misma,

tan incomunicable

que las palabras son como ataúdes

y sólo llevan de hombre a hombre

su andamio agonizante,

su remanente de silencio

y su estertor.

Como aquella mañana

en que al sentarme en el autobús

vi a mi lado una antigua  moneda romana,

una medalla

o una lápida

que hablaba masticando las palabras;

era una campesina ya embebida

por la intemperie de la noche a tientas

y de la vida a ciegas

que me miraba con un poco de luto en las pupilas

como queriéndome abrigar,

y yo no supe contestarle,

y yo callaba junto a ella

porque mi lengua personal es inventada,

enfática,

y como no me sirve para hablar con un obrero o con un niño,

y como no me puede dar la absolución

a veces tengo que ocultarla como se oculta el dinero en la cartera,

a veces tengo que callar

como hice entonces,

sintiendo de repente

la incomunicación

igual que el aletazo de un murciélago,

con su golpe de trapo,

y su asco parcelado sobre su rostro,

donde el labio que calla va convirtiéndose en cicatriz.

 

Luis Rosales
Como el corte hace sangre

Mujeres poetas en Urbana 6 y El Internacional

«Down / up», de Félix Chacón

A veces me dejo caer hasta tocar fondo

Tan dentro de mí mismo que ni la guardia civil ni los bomberos

ni el ejército podrían rescatarme

Y me siento escoria, podredumbre y vacío

Por decirlo más claro: la mayor mierda de este mundo

 

Es como deslizarse por un tobogán sin fin

Peligrosamente inclinado y terriblemente rápido

 

Lo cierto es que quiero llegar a lo más bajo

 

Sólo cuando no pueda bajar más

Me decidiré a escalar, a emerger de estas profundidades abisales

tan infectadas de lo peor de mí mismo

 

Y será todo un triunfo volver de nuevo a la superficie y respirar

 

Félix Chacón
Intimátum
A la Luz del Candil