«El orgullo de la caída», de José Gonzalo

Ya nadie quiere sufrir.
Ni por el orgullo de la caída,
ni por el sexo. Ni por un simple
dolor de garganta.

Yo aún no estoy curado.
Llevo
toda una vida
escupiendo versos en los bares sin
tener la disciplina suficiente
para sentarme a escribir.

Este es el final del día.
Después de expulsar toda mi vergüenza,
cabalgando por Madrid
deseando la “no muerte”,
descanso en mi sofá de pensar,
recordando esta noche
de cumpleaños XXL. Que aterriza,
cada vez más deprisa,
y doblemente maldita.

 

José Gonzalo
Mi primer enfado
Amargord Ediciones

«Corazón», de David González

si te acostumbras

como yo

a soñar solo

y             a despertar solo

en el lado izquierdo

de tu lecho conyugal,

 

el lado del corazón,

 

has de entender

metértelo bien en la cabeza

que un día cualquiera

el menos pensado

ese corazón tuyo

del lado del cual duermes

se transformará

al tacto

en la sábana

del otro extremo

de tu lecho conyugal:

 

una sábana fría

en la que no duerme nadie

 

ni siquiera tú

 

David González
Loser
Bartleby Editores

Alicia Es. Martínez en el Festival de Poesía Voix Vives de Sète

Estos días, como cada año, se está celebrando el Festival de Poesía Voix Vives en Sète (Francia). Alicia Es. Martínez es una de las poetas invitadas en esta convocatoria. Os dejamos un vídeo en el que recita «Oficio de campesina», un poema de su libro En casa, caracol, tienes la tumba.

«No creo en la vía pacífica», de Nicanor Parra

NO CREO EN LA VÍA PACÍFICA

no creo en la vía violenta
me gustaría creer
en algo –pero no creo
creer es creer en Dios
lo  único que yo hago
es encogerme de hombros
perdónenme la franqueza
no creo ni en la Vía Láctea

Nicanor Parra
Emergency poems

«Las causas», de Jorge Luis Borges

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.


Jorge Luis Borges

«Todos los poemas», de Javier Aguirre Gandarias

Vi, tarde, que todos los poemas que quería escribir

ya estaban escritos. Entonces cogí un hacha

y dándome la vuelta grité: ¡Viva!

y me lancé contra la oscuridad.

 

Javier Aguirre Gandarias
Sumar y restar
Ed. Bermingham

Alicia Es. Martínez e Isaac Alonso participarán en el Recital Poético Noches de Almagro

 

«Años triunfales», de Jaime Gil de Biedma

… y la más hermosa
sonríe al más fiero de los vencedores.
Rubén Darío

Media España ocupaba España entera
con la vulgaridad, con el desprecio
total de que es capaz, frente al vencido,
un intratable pueblo de cabreros.

Barcelona y Madrid eran algo humillado.
como una casa sucia, donde la gente es vieja,
la ciudad parecía más oscura
y los Metros olían a miseria.

Con luz de atardecer, sobresaltada y triste,
se salía a las calles de un invierno
poblado de infelices gabardinas
a la deriva, bajo el viento.

Y pasaban figuras mal vestidas
de mujeres, cruzando como sombras,
solitarias mujeres adiestradas
–viudas, hijas o esposas–

en los modos peores de ganar la vida
y suplir a sus hombres. Por la noche,
las más hermosas sonreían
a los más insolentes de los vencedores.

Jaime Gil de Biedma
Las personas del verbo
Seix Barral

«A vivir», de Karmelo C. Iribarren

Después de hacer balance,

tras considerar

la situación de arriba abajo,

en frío,

he decidido

no volarme hoy tampoco

la tapa de los sesos.

 

Nunca se sabe, con la vida,

me he dicho.

Y además,

qué carajo: ya que me trata

peor que a un perro,

que se tome ella

la molestia de matarme.

 

Karmelo C. Iribarren
Desde el fondo de la barra
Ed. Línea de Fuego