«Los geranios», de Carlos Aurtenetxe

Me temo

que me engaña el hombre.

 

He cogido su cuerpo.

Lo he cortado en pedazos con el hacha y el cuchillo

de cocina.

El tronco, las piernas, la cabeza, un extremo de un ala

que crecía extrañamente,

el abdomen.

He metido los trozos en seis sacos de plástico, para el camión

de la basura.

He tirado los nombres, los gritos, muy picados, repartidos

en los tiestos de geranios

del balcón.

He lavado la sangre, las palabras.

 

Me temo que el hombre me engañaba. Espero que no crezca más

su historia.

Ahora tendré que pasar a otros asuntos más concretos.

 

No obstante vigilaré las plantas. No vaya a crecer de nuevo

todo aquello,

a solas, por las noches,

como una pesadilla.

 

Carlos Aurtenetxe

Los cormoranes

Editorial Bermingham

«Todos somos underground (o como cojones se diga)», de Felipe Zapico Alonso

¿El underground nace o se hace?

¿o te hacen?

¿o no te queda más remedio?

¿o te empujan?

¿o es el único sitio libre?

¿o es el primer peldaño?

o vaya usted a saber

pero

sí,

me dicen que estamos

en el

under

ground

todos en un metro

en el suburbano

en el sub ano

en el culo

de todo

donde queremos estar

¿o donde nos dejan estar?

 

Felipe Zapico Alonso
Muros marcados con tiza
Amargord Ed.

Entrevista a Alicia Es. Martínez: «Nacemos y morimos en la misma casa y solos.»

alicia-es

Amor, muerte y casa se encadenan en cada uno de los poemas. ¿De dónde procede, cómo nace, ese triángulo de elementos?

Ninguno de los tres conceptos responde a categorías absolutas en mi poesía. De hecho, se intercambian como sinónimos y antónimos de sí mismos en una suerte de danza de la vida. El amor es a veces casa, es hogar, es refugio; en otros poemas el amor es entrega y recepción, como habitáculos del otro, es exploración de uno mismo en el espejo que somos, es generosidad; el amor es también muerte por lo que ésta simboliza, es la desaparición del yo, su suicidio, es la búsqueda de uno mismo a través de la comunión con el otro, con los otros. El amor es antónimo de ego. Y, por supuesto, es también erotismo y juego, búsqueda de la ternura y el placer. Otras veces, la casa es muerte porque es encierro, porque impide el vuelo, porque insistimos en el estancamiento. La casa es la vida: la acumulación de historias.

¿La casa es entonces todo?

La casa somos nosotros, una contradicción permanente porque vivimos en la reflexión constante, pero nacemos y morimos en la misma casa y solos, por más que mutemos, que avancemos. Y nuestras ‘babas’ son esencia nuestra sumada a los restos de los otros que nos han ido acompañando y abandonando a lo largo del camino. Somos los otros. Esto es una constante, de todas formas, en mi poesía desde Corazones de Manzana: «O somos todos o nada somos» o «Tú eres: nosotros al otro lado del espejo».

En este poemario juegas más con las imágenes poéticas, con la evocación. ¿Es un objetivo de revelación de un paisaje, de un contexto, de una «tú» fusionada con ambos o cumple otra función?

Mis imágenes poéticas son reflexión, muchas veces incluso clarividente, y búsqueda de la belleza poética a partes iguales. Son mi visión del mundo. Una especie de alucinación de mi entorno. Es así como yo veo. De hecho, cuando no escribo poesía, en mi vida diaria, me rodeo de esas imágenes, de ese ver el mundo desde la poesía, y lo hago inconscientemente. El resultado es, por un lado, una belleza que duele y, por otro, un terror destilado. Esto que, cuando era niña, era visto con simpatía y a veces preocupación por mis mayores, con la madurez se ha convertido en un salvavidas. No hay separación entre el yo poético y la imagen. Cuando hablo de los girasoles engañados por soles artificiales es exactamente eso lo que yo vi en los campos andaluces (espejos plantados para multiplicar el sol y que los girasoles estén más tiempo abiertos y tengan más tiempo de producción) y escribí en el momento y esa imagen me conduce, como si se presionara un resorte en mi cerebro, a la subsiguiente certeza sobre cómo me siento en ese momento: en las sombras del girasol. Y de ahí nace un poema, meramente descriptivo, íntimo.

Pero de ahí surge algo más…

Después están las otras lecturas, de las que me doy cuenta al cabo de meses: los girasoles engañados son una metáfora fascinante del capitalismo y cómo estamos explotados por el sistema, por sus falsas luces y eso me aboca a vivir en las sombras de la sociedad y eso lo convierte en un poema social. Y hay hasta una tercera lectura: el ser humano vive históricamente engañado, siguiendo la estela de falsos líderes, de falsas creencias, de falsas ideologías. No es sólo el capitalismo: está en nuestra naturaleza colectiva. De ahí, la frustración, el desengaño, el desencanto,… Y ahí tenemos un poema de la reflexión. Por eso jamás me atrevo a etiquetar a un poeta.

 ¿Por qué un poemario más íntimo, más femenino, más pegado a la tierra?

Supongo que podemos afirmar que es un poemario más maduro, de asunción. Si lees los tres poemarios seguidos te percatas de ese crecimiento, de la evolución de una persona que va comprendiendo, aprendiendo y desaprendiendo sobre sí misma, sobre los demás, sobre el mundo. Una persona que sabe de dónde viene y que tiene más o menos claro hacia dónde quiere ir, por dónde, con quién, con quién no. Más íntimo porque pese a mi empeño en verme en los otros, de buscarme en ellos, sé que dentro estoy yo y me esfuerzo por recuperar ese yo para no volverme loca. Ahí entra también la feminidad: siempre he aborrecido la etiqueta de poesía escrita por mujeres, incluso daba a leer mis poemas sin saber que eran míos a diferentes amigos para que intentaran averiguar si estaba escrito por un hombre o por una mujer, curiosamente siempre decían que por un hombre: huía de mis cualidades femeninas.

¿Y ahora ya no?

 Ahora ya no, forman parte de ese yo que estoy tratando de recuperar. Una recuperación que me está costando algunos cadáveres, pero es necesaria, para mi equilibrio personal, familiar y poético. Y más pegada a la tierra, sí. Es exactamente la misma búsqueda: volver a mis orígenes para investigar mi yo en ellos: los paisajes, sabores, olores infantiles y también ancestrales: la Tierra, la Madre.

Háblanos del caracol, de la caracola, de lo que te inspiraron esos versos de Federico de Arce que aparecen al inicio del libro.

Es muy complejo y sencillo a un tiempo. Siento fascinación por los caracoles, como animales (de hecho me encantan, sobre todo como los cocina mi madre), colecciono caracolas, como objeto: su belleza, colores, brillo, su forma, la magia sonora que ocultan. Y el símbolo al que aluden es todavía más fascinante: el fin y el principio confundidos,  todo como parte de una espiral que regresa una y otra vez y que, al mismo tiempo se aleja, el pensamiento, la evolución que es introspección y autoconocimiento, su viscosidad como algo a un tiempo suave, tierno pero también repulsivo para muchos, su timidez, su carácter esquivo, como debe mantenerse el poeta, como diría Chantal Maillard. Y todo ello relacionado con el maravilloso hallazgo de Federico de Arce que cuando me dio el título no recordaba el poemilla de la introducción, lo encontró entre unos papeles este verano: en casa, tienes la tumba. Mueres donde naces, en la misma indefensión, y el que finalmente muere eres tú con tu casa  a cuestas, con toda tu vida lo que has ido cargando a la espalda.

Y entonces la casa del caracol es su tumba…

Claro, somos nosotros. No puedes deshacerte de ti mismo. Esos objetos inmateriales son a veces más pesados que los materiales, tano que para evitarse el peso simbólico hay personas que se aferran al objeto material, al real, mimándolo, cuidándolo, porque ahí está su historia, está él, está toda su vida, y deshacerse de esos objetos sería perderse irremediablemente en el olvido, y el olvido es la locura. Al llevar físicamente el objeto, la carga emocional se descarga en él. Esta idea está magistralmente reflejada en la portada de Jesús del Verbo, tomada en Montmatre, en París, el año pasado.

¿Qué significa este libro en tu vida poética? Un testimonio, una experiencia, una reflexión, un hálito, un vómito…

Yo creo que es un punto de inflexión. A partir de este libro estoy afianzando mi lenguaje poético que es caleidoscópico, lleno de aristas, en absoluto uniforme, porque yo no lo soy. Soy múltiples voces, numerosas ‘alicias’. Y eso ya lo he asumido. Ninguna de ellas puede prevalecer sobre las otras, como intentaba antes, está en mi naturaleza ser muchas. Es esa asunción. Y no es un vómito porque es un libro escrito muy despacio, muy espaciado en el tiempo, muy trabajado, palabra a palabra, verso a verso. Tampoco una expiación, ni me fustigo ni expío mis pecados puesto que no tengo esas palabras en mi vocabulario. En un mundo no católico como el mío la culpabilidad no existe, sólo la responsabilidad.

Leer poemas de En casa, caracol, tienes la tumba

Alicia Es. Martínez e Isaac Alonso en Alcalá de Henares

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«Liberté» / «Libertad», de Paul Éluard

Sur mes cahiers d’écolier
sur mon pupitre et les arbres
sur le sable sur la neige
j’écris ton nom.

Sur toutes les pages lues
sur toutes les pages blanches
pierre sang papier ou cendre
j’écris ton nom.

Sur les images dorées
sur les armes des guerriers
sur la couronne des rois
j’écris ton nom.

Sur la jungle et le désert
sur les nids sur les genêts
sur l’écho de mon enfance
j’écris ton nom.

Sur les merveilles des nuits
sur le pain blanc des journées
sur les saisons fiancées
j’écris ton nom.

Sur tous mes chiffons d’azur
sur l’étang soleil moisi
sur le lac lune vivante
j’écris ton nom.

Sur les champs sur l’horizon
sur les ailes des oiseaux
et sur le moulin des ombres
j’écris ton nom.

Sur chaque bouffée d’aurore
sur la mer sur les bateaux
sur la montagne démente
j’écris ton nom.

Sur la mousse des nuages
sur les sueurs de l’orage
sur la pluie épaisse et fade
j’écris ton nom.

Sur les formes scintillantes
sur les cloches des couleurs
sur la vérité physique
j’écris ton nom.

Sur les sentiers éveillés
sur les routes déployées
sur les places qui débordent
j’écris ton nom.

Sur la lampe qui s’allume
sur la lampe qui s’éteint
sur mes maisons réunies
j’écris ton nom.

Sur le fruit coupé en deux
du miroir et de ma chambre
sur mon lit coquille vide
j’écris ton nom.

Sur mon chien gourmand et tendre
sur ses oreilles dressées
sur sa patte maladroite
j’écris ton nom.

Sur le tremplin de ma porte
sur les objets familiers
sur le flot du feu béni
j’écris ton nom.

Sur toute chair accordée
sur le front de mes amis
sur chaque main qui se tend
j’écris ton nom.

Sur la vitre des surprises
sur les lèvres attentives
bien au-dessus du silence
j’écris ton nom.

Sur mes refuges détruits
sur mes phares écroulés
sur les murs de mon ennui
j’écris ton nom.

Sur l’absence sans désir
sur la solitude nue
sur les marches de la mort
j’écris ton nom.

Sur la santé revenue
sur le risque disparu
sur l’espoir sans souvenir
j’écris ton nom.

Et par le pouvoir d’un mot
je recommence ma vie
je suis né pour te connaître
pour te nommer.

Liberté.

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En mis cuadernos de escolar
en mi pupitre en los árboles
en la arena y en la nieve
escribo tu nombre.

En las páginas leídas
en las páginas vírgenes
en la piedra la sangre y las cenizas
escribo tu nombre.

En las imágenes doradas
en las armas del soldado
en la corona de los reyes
escribo tu nombre.

En la selva y el desierto
en los nidos en las emboscadas
en el eco de mi infancia
escribo tu nombre.

En las maravillas nocturnas
en el pan blanco cotidiano
en las estaciones enamoradas
escribo tu nombre.

En mis trapos azules
en el estanque de sol enmohecido
en el lago de viviente lunas
escribo tu nombre.

En los campos en el horizonte
en las alas de los pájaros
en el molino de las sombras
escribo tu nombre.

En cada suspiro de la aurora
en el mar en los barcos
en la montaña desafiante
escribo tu nombre.

En la espuma de las nubes
en el sudor de las tempestades
en la lluvia menuda y fatigante
escribo tu nombre.

En las formas resplandecientes
en las campanas de colores
en la verdad física
escribo tu nombre.

En los senderos despiertos
en los caminos desplegados
en las plazas desbordantes
escribo tu nombre.

En la lámpara que se enciende
en la lámpara que se extingue
en la casa de mis hermanos
escribo tu nombre.

En el fruto en dos cortado
en el espejo de mi cuarto
en la concha vacía de mi lecho
escribo tu nombre.

En mi perro glotón y tierno
en sus orejas levantadas
en su patita coja
escribo tu nombre.

En el quicio de mi puerta
en los objetos familiares
en la llama de fuego bendecida
escribo tu nombre.

En la carne que me es dada
en la frente de mis amigos
en cada mano que se tiende
escribo tu nombre.

En la vitrina de las sorpresas
en los labios displicentes
más allá del silencio
escribo tu nombre.

En mis refugios destruidos
en mis faros sin luz
en el muro de mi tedio
escribo tu nombre.

En la ausencia sin deseo
en la soledad desnuda
en las escalinatas de la muerte
escribo tu nombre.

En la salud reencontrada
en el riesgo desaparecido
en la esperanza sin recuerdo
escribo tu nombre.

Y por el poder de una palabra
vuelvo a vivir
nací para conocerte
para cantarte.

Libertad.


Paul Éluard
Poésie et vérité / Poesía y verdad

«Soy Venus soy Marie», de Alicia Es. Martínez Juan

Hay viejas
con voz de vieja
Sentadas con el cuello
estirado como un árbol
viejo
obsceno
Alisadas en el estiramiento
como una goma pasada
Pero
tienen voz de vieja
y son viejas
feas en su permanente
e inalcanzable belleza
e insisten en llamarse
Venus
pero son viejas
y lo saben
Pero somos viejas
y lo sabemos
Hay viejas que sonríen
sin temor al sarmiento
Viejas que se encorvan
Saben del paso del tiempo
y le miran a la cara
Andan despacio
sin trampas
Y se ponen sombreros
rosas y zapato plano
Y esconden su piel bajo las medias
porque las medias abrazan
Pero
su voz es joven
y son jóvenes
guapas en su permanente
y natural belleza
y siguen llamándose Marie
y son viejas
y lo saben
y somos viejas y lo sabemos

Mañana Venus y Marie morirán
y sus vestidos serán nuestra mortaja


Alicia Es. Martínez Juan

En casa, caracol, tienes la tumba
Ed. Gato Encerrado

Alicia Es. Martínez estará el jueves 17 de noviembre presentando este libro a las 21 horas en el Aleatorio de Madrid.

Gato Encerrado con Alicia Es. Martínez en el Aleatorio

Este jueves, día 17 de noviembre, estaremos en el Aleatorio de Madrid presentando nuestro proyecto editorial y nuestro primer título: En casa, caracol, tienes la tumba, de Alicia Es. Martínez Juan. Acompañarán a la autora Carlos Ávila y Félix Chacón. El acto comenzará a las 21 horas.

Estamos muy contentos de que el primer desembarco en Madrid de la editorial Gato Encerrado sea en el Aleatorio. Esperamos reencontrarnos allí con muchos amigos y amigas.

aleatorio

«9», de Rufa Sánchez-Uría

Se queda a veces Madrid casi desierto
a favor de un descosido
de pascuas podridas en el calendario
casi vacío de sus habitantes automóviles
que se han ido hacia la playa o la montaña
a destriparse por las vías de Dios
y entonces aparecen las calles anchas
adoquines y bordillos de aceras al aire
que casi huele a aire y un silencio
desconocido apenas de tarde en tarde roto
por vocecitas claxoneantes de los pocos
que circulan lejos y tan mansos que casi
los oye una como a un hato de cabras
desperdigado con sus esquilas indolentes
y se queda una acaso parada en una esquina
y vislumbra con pasmo como por mágico catalejo
lo que era lo que sería una ciudad de gente
y respira un momento como el que despierta
de la angustia de una pesadilla y encuentra
que estaba vivo todavía
pero de qué poco le vale porque están trazadas
con rayas de cal muerta en el negro asfalto
los huecos que ya esperan el retorno
de sus legítimos ocupantes y los semáforos
parpadean de verde a rojo en un anhelo
de volver pronto a destellar a tope
en el juego de ordenación de la riada
del tráfico normal y es al fin lo mismo
que cuando por caso retozaba ella conmigo
en un remanso de olvido del mundo entero
y en medio de ello me envenenaba el corazón
la amenaza de que muy pronto volvería
a apoderarse de ella su futuro
y se iría a hacer su vida la vida suya
y a dejarme más sola que un difunto
en su sepulcro cuando los familiares
se han ido todos ya enjugándose los ojos
a buscar su cochecito y al negocio
de la salvación de su alma cada uno.


Rufa Sánchez-Uría
Safo en Madrid
Editorial Lucina

‘Los cuatro sonetos del Apocalipsis’, de Nicanor Parra

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Nicanor Parra
Hojas de Parra

Y Carlos Ávila se traerá la guitarra

Todos los que conocen a Carlos Ávila lo han visto alguna vez cantando y poniendo música a poemas ajenos. En su disco Justicia Poética, aparte de letras propias, podéis encontrar poemas de Gloria Fuertes, Pedro Garfias, César Vallejo o el mismísimo don Luis de Góngora. Cuando algún amigo poeta le invita a participar en la presentación de un poemario, Carlos suele corresponderle cogiendo un poema del libro y convirtiéndolo en canción. Eso es lo que nos ha prometido para la presentación de En casa, caracol, tienes la tumba, de Alicia Es. Martínez, que se presentará este jueves, a las 20 horas, en el Círculo de Arte de Toledo.