«La aurora», de Federico García Lorca

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados:
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

Federico García Lorca
Poeta en Nueva York
Ya lo dijo Casimiro Parker

«Lagunas», de Sofía Morante Thomas

No he olvidado cómo me miraste
la primera vez que nos conocimos
El futuro que proyectamos en un pasado
regresa incesantemente a mi presente.

No puedo ya recordarte de tanto en tanto
tanto como me gustaría
Cuando llegan las primeras luces de la mañana
todavía me siento enferma, vuelvo a casa, sé
que no estás. Me falta el aire.

Ahora este es mi presente
un estómago por rebosar de decepciones
el aumento de cantidad de sangre bombeada por minuto
Tú sin querer me quitaste la fortaleza.

No he olvidado cómo me miraste
la primera vez que nos conocimos
cómo me miraste la última
no me reconocías.

Sofía Morante Thomas
Otra conversación
Editorial Gato Encerrado

«Spiritual I», de Leopoldo María Panero

Salí a la calle y no vi a nadie,
salí a la calle y no vi a nadie,
¡oh, Señor!, desciende por fin
porque en el infierno ya no hay nadie.

Leopoldo María Panero
Narciso en el acorde último de las flautas
Huerga y Fierro Editores

«quizá…», de María Jesús Silva

quizá
podría ser que
ahora que hemos abandonado
la caja de resonancia
que hemos llegado
a este lugar
que no sabíamos que existía
a esta parada aleatoria
que nos deja al descubierto

nos anclemos a la tierra

(existe una probabilidad)

María Jesús Silva
Números inexactos
Editorial Gato Encerrado

«Fábula del tiempo», de Luis Muñoz

Seguramente, si lo piensas,
estos años no van a repetirse.
Vivirás su carencia irremediable,
se llenará de sombras tu mirada,
te habitará el vacío y, con el tiempo,
se destruirá tu imagen del espejo.

Y esperarás cansado, te aseguran,
muchas tardes morir en tu ventana,
buscando en la memoria
ese tiempo feliz, siempre perdido,
esa estación dorada que tuviste
y que debe ser ésta, más o menos.

Luis Muñoz
Limpiar pescado
Visor

«Mi caballo ganador», de Carlos Ávila


Con un verso de Machado
aprendí de niño a envejecer.
Los amigos, las chicas,
Kortatu y Joan Manuel.

Me gustan los días si se hace el amor,
manos que cruzan la piel,
naves que huyen hacia otro sol,
resacas que nunca dan sed.

Me gusta estar solo buscando un lugar
donde la mente esté bien,
acariciando la libertad,
funambulista sin red.

Si mi Atleti va ganando
y mi perro corre por el jardín
y mi amor me está amando
en un día sin fin.

Entonces no hay ruinas, no hay mediocridad,
no va el palmero a aplaudir,
no están los dueños de la maldad,
no sueña nadie morir.

Entonces me gusta ver la realidad
como si fuera una luz
que en mi penumbra viene a alumbrar
futuros con un cielo azul.

Cuando dos gotas de agua
se convierten en lluvia de abril,
multiplican el miedo
del que va a dividir.

Y aunque nos confundan con frases de ayer
inventadas por su dios,
solo el amor es toda mi fe,
mi caballo ganador.

Y aunque hagan sus muros y diques al mar
con banderas de papel,
haremos puentes para volar,
gafas para poder ver.

Carlos Ávila
Pero lo nuestro es cantar (libro-disco)
Editorial Gato Encerrado

«El sueño es un talismán…», de Eli Tolaretxipi

El sueño es un talismán.
Lo toco.
Hay una mujer que mastica cristales
se los traga y no sangra.
Los cristales del sueño no cortan, pero la vigilia
es un estado de vértigo permanente donde
las cosas suceden y pasan
y ella permanece.
Cuestión de velocidad, el miedo y
su repetición: la posibilidad de caer,
de circular en el curso de las cosas.
Ahora soy yo quien lee del libro
hasta que la enfermera
decide que la iniquidad de la historia
es nociva
y vuelve a inyectar en la vena
el antipático líquido.

Eli Tolaretxipi
Ojo suelto. Antología de poesía
Editorial Gato Encerrado

«Estampa madrileña», de Karmelo C. Iribarren

Gente entrando
y saliendo por las bocas
de metro

a la caza del siguiente minuto,
sacudiéndose
de los talones
los segundos muertos
del anterior,

como si temiesen quedarse fuera
de la próxima hora,

por aforo completo.

Karmelo C. Iribarren
Las luces interiores
Renacimiento

Poemas de Rengo Wrongo

La dinámica de acumular poder
y la dinámica de cuidar la vida

mal que le pese a Nietzsche 5.0
o a cualquiera de las versiones anteriores

no son –barrunta Wrongo–
compatibles



Al historiador izquierdista
A.J.P. Taylor le preguntaron una vez si era cierto
que sostenía concepciones políticas extremas

Respondió que así era
pero que las sostenía de forma moderada

Esto a Wrongo
–que tenía varios amigos
extremistas discretos–
le resultaba cercano



Quienes creen
que en el mundo sólo hay cazadores y presas
contribuyen eficazmente a crear ese mundo abominable
donde sólo hay cazadores y presas

Pero en el mundo, claro, hay mucho más
–se decía Wrongo absorto en la belleza
de los tres pájaros posados un instante
sobre la antena de televisión



No vivimos a la intemperie
por amor al peligro
–aclara Wrongo–

sino porque no hemos sabido construir
nuevos hogares



Wrongo habla con pocas imágenes
porque es harto consciente
del poder titánico de las mismas

Una imagen con la espoleta equivocada
puede matar a un hombre

Una imagen con el temporizador alterado
puede hacer saltar por los aires
toda una ciudad



Si se le pide a Wrongo
una definición de ser humano:

animal que camina al borde del abismo


Jorge Riechmann
W – Rengo Wrongo seguido de Historias del señor W
Editorial Gato Encerrado

«No veo nada», de Charles Bukowski

no veo nada más que
el crepúsculo mutilado.
me gustaría aventurarme
con esperanza
no solo por la supervivencia humana
sino también por la supervivencia del pensamiento y
la música y el arte y la pintura e incluso
la historia de la humanidad,
pero, sabes, es como un chivatazo que me dio una vez
mi corredor de apuestas:
no apuestes por ello.
ahora lo veo todo
convirtiéndose en beicon requemado
van goghs tullidos mendigando calderilla a
banqueros tullidos,
todo yéndose al garete
todos mendigando y descendiendo a la deriva
por el paisaje retorcido
hacia los valles
el público condenado
aullando:

el caso es que
todo esto es lo que
nos merecemos.

la oscuridad está vacía:
la mayoría de nuestros héroes se han
equivocado.

Charles Bukowski
La noche desquiciada de pasos
Visor