A sesenta metros de profundidad
el frágil hilo que te guía se disuelve,
desaparece, por más que lo sientan tus manos.
Las criaturas que se te aparecen entonces
es probable que pertenezcan
a las más abismales simas
de tus deseos o pesadillas.
No las toques,
o puede que nunca regreses del laberinto.
Ángel Manuel Gómez Espada Ventana de emergencias Huerga y Fierro
El consenso de tus labios
y los míos.
El derecho a la autodeterminación
de las medias naranjas.
Ser libres, ante todo ser libres.
La total desaparición de las fronteras,
incluida la ropa,
y un pacto de no agresión
basado en los principios generales
de John Lennon.
Un tratado por el cual
se establece una raza superior:
las personas que sonríen.
Los xenófobos e integristas religiosos
serán condenados a viajar
y conocer mundo.
Y se establece un único premio Nobel:
al que logre amar más que nadie.
La defensa de estos principios constitucionales
descansará en las personas.
Y solo cuando se vean amenazados
se podrá hacer uso
de la poesía.
Aquí os ofrecemos otro adelanto de Pero lo nuestro es cantar, el nuevo libro-disco de Carlos Ávila. Esta canción se titula «La belleza de este mundo» y la conocen muy bien los que han ido a sus conciertos estos últimos años.
En la Alhambra de Granada, en los picos del Nepal,
dentro del Panteón de Agripa, fuera de Chichén Itzá,
en medio de la sabana, siempre mirando hacia el sur,
con mis amigos en Ramallah, en La Habana y en Tinduf.
La belleza de este mundo nadie nos la va a quitar,
hoy se engendra un hijo y mañana el sol saldrá,
y aunque levanten sus muros en el nombre de una fe
siempre acude al agua el que muere de sed…
Ya sabemos que hay mucho soldado
que nos quiere disparar.
Se puede ser libre o ser esclavo,
cada uno es cada cual.
En el suelo con Rhett Butler, en coche con Bonnie and Clyde,
volando con el gran Lebowski, regresando con McFly,
una noche en Casablanca conspirando con Rick Blaine
o con Lawrence en Arabia junto a Charles Foster Kane.
La belleza de este mundo nadie nos la va a quitar,
todo sueño vivo se hará un día realidad,
y aunque destrocen las voces con el ruido de un misil,
siempre con el barro podremos reconstruir.
Ya sabemos que hay muchos ministros
que censuran por ahí
y el que les dirige es un obispo,
de ministro a maniquí.
En la Libre de mi barrio, en El Internacional,
navegando en el barco Aquarius con los héroes de la mar.
En los que gozan la vida, en los que mueren de amor,
en los que luchan como hermanos, en los que saben decir no.
La belleza de este mundo nadie nos la va a quitar,
es nuestro delito el querer vivir en paz,
y aunque vengan con sus leyes, sus sentencias, su pudor,
no nos gustan vallas, pero sí hacer el amor.
Ya sabemos que hay mucha bandera
ondeando por ahí,
de todos colores y de telas
para cada pedigrí.
Con mis hermanos poetas, con los que siempre te dan,
con los que nunca se vendieron y los que dicen la verdad.
Nunca con los malnacidos que te quieren redimir,
pero en mi casa es bienvenido el pecador que va a morir.
La belleza de este mundo nadie nos la va a quitar,
un vino con cuerpo y un conejo pa guisar,
y aunque crean que el disfrute siempre tiene un interés,
no estamos en esto para dar cuentas a usted.
Ya sabemos que hay mucho banquero
estafando por ahí,
no veré yo el día en que su espejo
me conteste guapo a mí.
Ya podéis escuchar “Pandemia sexual”, el primer adelanto de Pero lo nuestro es cantar, libro-disco de Carlos Ávila en el que encontraréis un libro de poemas y un disco con diez nuevas canciones.
PANDEMIA SEXUAL
Todo empezó en España
tomándose una caña
un gitano y un francés.
Hablando en payo fino
uno propuso un vino
y el otro, copa de jerez.
Mientras hablaban de gobiernos
se pusieron muy tiernos,
se fueron a un hotel.
Les vieron unas viejas,
alcahuetas de iglesia,
y un periodista de ABC
salir enamorados
el francés y el gitano
cantando en rumba a Jacques Brel.
Al día siguiente las noticias
eran ya una primicia
de un mundo al revés.
En la cumbre europea
se discutió este tema
como cuestión fundamental.
Mientras los ciudadanos
se iban metiendo mano,
entrando en cada portal.
No sabían cómo
parar la sangría
de esta pandemia sexual.
Todos los comunistas
y algunos socialistas
ya no leían Carlos Marx.
Mientras los yihadistas
se hacían darwinistas
viviendo en Madagascar.
Ya no se fabricaban bragas,
apenas se compraban
en el centro comercial.
En China por el culo
se daba todo el mundo,
se frenó la natalidad.
Y en Estados Unidos,
ya que les gusta el himno,
se echaron hacia el sexo oral.
Se acabaron las invasiones,
ya solo por cojones
se impone masturbar.
En Tokio y Samarkanda,
Perú y Nueva Zelanda,
se frotan semen en la tez.
En Gaza y Cisjordania,
en Grecia y Alemania,
mean en el vientre de usted.
En Ciudad Juárez ya la droga
es un juego de esposas
enganchado en el somier.
En Cuba y Argentina,
en India y Filipinas,
con muertos hay penetración.
Y como ya es pasado
eso de dios y amo,
se folla en el altar mayor.
En Marruecos las bacanales
se hacen con animales pa mayor satisfacción.
Hasta la misma reina
del reino de Inglaterra
ya tiene un consolador,
al que le coge asco
porque su hijo Carlos
se lo mete sin pudor.
Ya ni siquiera se hacen odas
porque ahora está de moda El banquete de Platón.
Y así acabó este mundo
que antes era un absurdo
y ahora una dulce bacanal,
donde hasta los banqueros
se frotan con mineros
y fuman pipa de la paz.
No hay ya intermediarios,
sindicatos ni sicarios,
sino solución sexual.
Todo empezó en España
tomándose una caña
un gitano y un francés.
Hablando en payo fino
uno propuso un vino
y el otro, copa de jerez.
Mientras hablaban de gobiernos
se pusieron muy tiernos,
se fueron a un hotel.
Todo acabó en la sodomía,
que viva el sexo, ¡viva!,
con látigo o sin él.
¿Por qué tienes nombre tú,
día, miércoles?
¿Por qué tienes nombre tú,
tiempo, otoño?
Alegría, pena, siempre
¿por qué tenéis nombre: amor?
Si tú no tuvieras nombre,
yo no sabría qué era,
ni cómo, ni cuándo. Nada.
¿Sabe el mar cómo se llama,
que es el mar? ¿Saben los vientos
sus apellidos, del Sur
y del Norte, por encima
del puro soplo que son?
Si tú no tuvieras nombre,
todo sería primero,
inicial, todo inventado
por mí,
intacto hasta el beso mío.
Gozo, amor: delicia lenta
de gozar, de amar, sin nombre.
Nombre: ¡qué puñal clavado
en medio de un pecho cándido
que sería nuestro siempre
si no fuese por su nombre!
una amistad escribe desde París
para decirme
que siguen
hablando de aquella vez
que la cagué
en la tele francesa
en horario de máxima audiencia
hace unos años.
a mí ahora todo eso me hace gracia
porque recuerdo muy poco
de aquello
pero me sirve para vender
unos cuantos ejemplares más de mis libros
por allá
a algunos intelectuales
por todas las razones erróneas.
pasó lo mismo con los críticos
que pensaron que era estupendo
que no quisiera ir a ver a
Sartre.
los críticos creían que lo
estaba
haciendo de menos
cuando era solo que
no sabía qué decirle
al viejo
que me parecía un escritor
muy bueno.
parece ser que cuando estás
en racha
cada vez te conceden más mérito
por alcanzar grandes logros que
ni siquiera te planteaste.
y poco después envuelve tu obra
un manto adicional de mito
que no hay por qué creer
pero se cree igualmente
y por eso tantos
supuestos genios son en realidad
gilipollas
y tantos gilipollas son
supuestos críticos
literarios.
Charles Bukowski La noche desquiciada de pasos Visor
Feliz quien, sin anhelo,
aguarda la mañana.
Y, en llegando, se dice
sereno: «Ya viví».
Ése empieza ganando
un día y otro día.
Ni se jacta con ello,
ni publica su suerte,
ni menos aún mendiga
aplausos, pompas, humo
con que hacerse una estatua.
Antonio Martínez Sarrión Poeta en Diwan Tusquets Editores