«Me cuestiono qué estoy haciendo aquí…», de José María Fonollosa

Me cuestiono qué estoy haciendo aquí
entre estos egoístas pretenciosos.
¿Aguantar, halagar las obras de otros
para que, a cambio, elogien la obra mía?

Nunca la aprobarán sinceramente.
De ellos no sacaré más que tolerancia.
Nunca me otorgarán nada más ellos.

No merecen les hable de mi tema.
Es falsa la amistad entre nosotros.
Somos cual enemigos que están juntos
temiendo que los otros triunfen antes.

Cada uno se imagina que es, o quiere
ser, el mejor del grupo. Nos molesta
si uno recibe estímulos de un crítico.
Afortunadamente se da poco.

Y cuando el comentario sale adverso
alegra destacarlo, aunque finjamos
pretender rebatirlo al exponerlo.

Mas seguimos reuniéndonos, buscándonos.
Y ello es porque no hallamos a otra gente
que se preste a escucharnos. Mejor dicho,
se preste a estar presente cuando hablamos.

Les miro con frialdad. Serenamente.
Cada uno viene a hablar en la tertulia
de cuanto le interesa únicamente.
No viene a discutir problema ajeno
al suyo personal, el de los otros,
sino a verter el propio a los demás.
No merecen les hable de mi tema.

José María Fonollosa
Poetas en la noche
Quaderns Crema

10 haikus de Federico de Arce

Niebla en Toledo
Parece que los muertos
Estemos vivos

En aguas limpias
Luciérnaga mi infancia
No alumbra al viejo

Que no se fije
El pensamiento en pájaro
Ya es una jaula

En el camino
No hay patria más allá
De mis zapatos

Por qué te ríes
De los enamorados
Sauce llorón

Desesperada
Se me muere la tinta
En el poema

Tienes en casa
La muerte caracol
No llega nunca

Miro al cielo
Pero no sé en qué estrella
Mueren los números

Vuelo en un pájaro
Quiero pensar el cielo
Tiene mis alas

En un adverbio
Aquí y ahora el haiku
Salta en la rana

Federico de Arce
Alma de cántaro
Huerga & Fierro

«Contra Jaime Gil de Biedma», de Jaime Gil de Biedma

¿De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación –y ya es decir–,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
–seguro de gustar– es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco…
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

Jaime Gil de Biedma
Las personas del verbo
Seix Barral

«Signo de interrogación», de Luis Eduardo Aute

La respuesta

a la Gran Pregunta

debe ser otra pregunta

que se pregunte por qué

y para qué

tanta pregunta.

Luis Eduardo Aute
El sexto animal
Espasa

«Esos días», de Karmelo C. Iribarren

Hay días
en los que levantarse de la cama
suele terminar siendo
más que un acto rutinario
un gesto épico.

Y no me refiero ahora a las resacas
ni a que caigan
chuzos de punta ahí fuera
ni a que hayas roto con ella.

Me refiero
a cuando te quieren y hace sol
y no te duele nada,
a cuando tienes el mundo
rendido a tus pies

y no te basta.

Karmelo C. Iribarren
Mientras me alejo
Editorial Visor

«Vendrán más años malos…», de Rafael Sánchez Ferlosio

Vendrán más años malos
y nos harán más ciegos;
vendrán más años ciegos
y  nos harán más malos.

Vendrán más años tristes
y nos harán más fríos
y nos harán más secos
y nos harán más torvos.

Rafael Sánchez Ferlosio
Vendrán más años malos y nos harán más ciegos
Destino

«Yo», de Vanessa Jiménez

No quiero dejar de escribirme
con las manos de otro entre las mías,
con las aspas que nos giran y dispersan,
con la duda mordiendo mis rodillas.

No quiero dejar de escribirte,
con el puño como sombra,
con la boca cosida a mi silencio,
con olvido del mundo que te aguarda.

No quiero, pero quiero:
escribir,
desde la clara calma de mis mares,
desde la oscuridad en su hora no forzada,
desde la verdad que no excluya ruiseñores,
desde el cariño con que riego mis cristales,
desde el cuerpo que me llama y que deseo,
aunque no tenga tu alma,
desde el alma cuyo cuerpo no visito
y que no tengo,
desde ti, desde él, desde nosotros…

Todos, prisioneros de mi cárcel,
enlazados a las telas de mi vida,
que descoso ahora una por una,
que debo separar ya de esta urdimbre,
que han flotar solas y llorarme.

Voy a apagar todos los gritos de la tarde,
a desnudar mi hoy y a poseerlo,
a beber de la arteria que desangro.

Voy a ser yo,
sola y en huesos,
desértica y lejana,
egoísta amante de mí,
triste campana que vuela
y se redobla en eco blanco.
Voy a ser yo
para ser de todos,
para tener el amor,
la vida
y la muerte
dentro.

Vanessa Jiménez
De pájaro y muertes
Editorial Gato Encerrado

De pájaro y muertes se presentará el día 26 de abril a las 19.30 horas en el auditorio del Palacio de Pedro I de Torrijos (Toledo).

«De pequeños huíamos de la realidad…», de Óscar Aguado

De pequeños huíamos de la realidad aunque la realidad era amable y bobalicona. Nos aburríamos con sus raíces, devorábamos su canción. Buscábamos los libros para encontrar en ellos el tiempo que no habíamos vivido, para habitar ese espacio peligroso, resbaladizo, donde los ojos de los espectros nos cambiaban la vida a cada segundo. Ahora buscamos la realidad aunque sea áspera y voraz. El más allá es un tapete donde se juega una partida de locos, un truco de magia del que no nos interesa formar parte. Y la realidad es un cajón donde hemos guardado las gafas y el reloj. De pequeño crecías en la realidad y levitabas en la fantasía. Ahora este mundo de cartón, esta corrompida realidad, ha arrasado con todo, se ha llevado consigo hasta el sentir venidero. Y esas señales que te indicaban el camino de la fantasía te han llevado a un precipicio, al fin del mundo, donde o saltas o regresas a la realidad.

Óscar Aguado
Esperando en la estación a la chica del psiquiátrico
Ediciones Mandres

«La cara de un candidato político en un cartel callejero», de Charles Bukowski

ahí está él
sin demasiadas resacas
sin demasiadas peleas con las mujeres

sin demasiadas ruedas pinchadas
nunca un pensamiento de suicidio

no más de tres dolores de muela
nunca le faltó la comida
nunca en la cárcel
nunca enamorado

siete pares de zapatos

un hijo en la universidad

un coche nuevo

pólizas de seguros

un jardín muy verde

el cubo de basura con la tapa ajustada

será elegido

 

Charles Bukowski
El infierno es un lugar solitario
Editorial Txalaparta

«Arquitectura», de Vanessa Jiménez

Yo te creé, pequeña ave en el gigante estío,
y te quise vertical y nuevo,
y te consagré a la fuerza del tiempo venidero.
Y ahora, ¿qué?
Ahora, ¿dónde está el lugar en el vasar?
No sabría cómo barrer el polvo que te cubra,
que manchará la hoja
entristeciendo el brillo verde.
No sé de arquitecturas,
solo de creación natural,
libre y extensa.
¿Debí haber creado antes la alcoba que la oscuridad?
Un espacio diáfano donde contar tus dedos
hasta que me falte uno,
el dedo que en la penumbra escribe 
el silencio libélula en mi boca.
Creé una balsa de palabras
a la que agarrarme en la tormenta,
pero el agua se mezcla con el agua,
(solo es materia flotante la madera),
y tampoco sé de barcos,
más de pecios y naufragios.
Yo te creé y no me sobras tú,
sino que me falta el hueco
de un estanque
en el que quemar tu piel
y destruirte generosamente,
y hasta el banco de mi sombra
en el que me siente a dormir
a la luz inmensa de esta pira funeraria,
que purifica solo los pecados
nunca cometidos.


Vanessa Jiménez
De pájaro y muertes
Editorial Gato Encerrado

De pájaro y muertes se presentará el 5 de abril, viernes, en la Biblioteca Pública Municipal de Burguillos de Toledo a las 19 horas.