“La tregua”, de Carlos Marzal

En la tiniebla urgente de esas casas
que uno acaba pidiendo a los amigos;
en asientos traseros de los coches,
abusando de los malabarismos;
en la frecuentación de los hoteles,
tarde o temprano todos parecidos;
sobre la arena tibia de la playa,
pasado ya el peligro de ser vistos;
en la cama de casa, que ya es
como una parte de nosotros mismo,
y en los lugares más insospechados
de dondequiera que haya sucedido,
hay una rara tregua de los cuerpos
que es más que el decaer del apetito
(cuando ella va camino de la ducha
o busca entre su bolso cigarrillos,
mientras coge las ropas esparcidas
o se entrega al silencio como un rito),
porque desaparecen las distancias
y vuelvo a padecer un espejismo:
todas las camas son la misma cama
y un mismo cuerpo todos los que han sido,
todo el tiempo del mundo es ese instante
y en ese instante, el mundo, un laberinto
del que conozco todas las salidas,
porque conozco todos sus sentidos.

Luego esa lucidez desaparece,
y se regresa al cauce primitivo;
de nuevo el mundo es un rompecabezas,
imposible de armar con un principio,
y sólo nos consuela un cuerpo al lado
que solicita un último capricho.

Carlos Marzal
La vida de frontera
Editorial Renacimiento

“Sale caro ser poeta”, de Gloria Fuertes

Sale caro, señores, ser poeta.
La gente va y se acuesta tan tranquila
–que después del trabajo da buen sueño–.
Trabajo como esclavo llego a casa.
me siento ante la mesa sin cocina,
me pongo a meditar lo que sucede.
La duda me acribilla todo espanta;
comienzo a ser comida por las sombras
las horas se me pasan sin bostezo
el dormir se me asusta se me huye
–escribiendo me da la madrugada–.
Y luego los amigos me organizan recitales,
a los que acudo y leo como tonta,
y la gente no sabe de esto nada.
Que me dejo la linfa en lo que escribo,
me caigo de la rama de la rima
asalto las trincheras de la angustia
me nombran su héroe los fantasmas,
me cuesta respirar cuando termino.
Sale caro señores ser poeta.

Gloria Fuertes
Poeta de guardia
Ediciones Torremozas

“La felicidad no es un poema…”, de Óscar Aguado

Juan Fernández Fernández ha convertido en canción este poema de El falso llano:

La felicidad no es un poema
es un niño sin tiempo
un gato que va a desayunar
y una madre que ve llegar un tren
un hombre que llega a casa
un árbol que toca el cielo
un niño sin tiempo
sin tiempo
con todos lo voy a celebrar
porque yo fui contigo
el niño el gato la madre el hombre
y el árbol.

Óscar Aguado
El falso llano
Editorial Gato Encerrado

“No a la transmigración en otra especie…”, de José María Fonollosa

No a la transmigración en otra especie.
No a la post vida, ni en cielo ni en infierno.
No a que me absorba cualquier divinidad.

No a un más allá, ni aun siendo el paraíso
reservado a islamitas, con beldades
que un libro garantiza siempre vírgenes.

Porque esos son los juegos para ingenuos
en que mi agnosticismo nunca apuesta.
Mi envite es al no ser. A lo seguro.

Rechaza otro existir, tras consumida
mi ración de este guiso indigerible.
Otra vez, no. Una vez ya es demasiado.

José María Fonollosa
Ciudad del hombre: Barcelona
DVD Ediciones

“Las tres palabras más extrañas”, de Wislawa Szymborska

Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.

Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.

Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no existencia.

Wislawa Szymborska
El gran número – Fin y principio y otros poemas
Ediciones Hiperión

“Igual que vosotros”, de Blas de Otero

Desesperadamente busco y busco
un algo, qué sé yo qué, misterioso,
capaz de comprender esta agonía
que me hiela, no sé con qué, los ojos.

Desesperadamente, despertando
sombras que yacen, muertos que conozco,
simas de sueño, busco y busco un algo,
qué sé yo dónde, si supieseis cómo.

A veces, me figuro que ya siento,
qué sé yo qué, que lo alzo ya y lo toco,
que tiene corazón y que está vivo,
no sé en qué sangre o red, como un pez rojo.

Desesperadamente, le retengo,
cierro el puño, apretando el aire sólo…
Desesperadamente, sigo y sigo
buscando, sin saber por qué, en lo hondo.

He levantado piedras, frías, faldas
tibias, rosas, azules, de otros tonos,
y allí no había más que sombra y miedo,
no sé de qué, y un hueco silencioso.

Alcé la frente al cielo: lo miré
y me quedé ¡por qué, oh Dios! dudoso:
dudando entre quién sabe, si supiera
qué sé yo qué, de nada ya y de todo.

Desesperadamente, esa es la cosa.
Cada vez más sin causa y más absorto
qué sé yo en qué, sin qué, oh Dios, buscando
lo mismo, igual, oh hombres, que vosotros.

Blas de Otero
Ancia
Visor

“Para escribir tengo que estar muerto…”, de Federico de Arce

Para escribir
Tengo que estar muerto
Escribo de nuevo
La cita de Franz Kafka
Que tanto rumio
Intentando digerir escribo
Tengo que escribir
Sin esperanza
En lo que escribo
De la misma manera
Que no esperan los peces
Recompensa alguna
Por nadar bien
Ni siquiera tengo que escribir bien
Sólo tengo que escribir
Escribir escribir escribir
Y la escritura hace posible
El sagrado juego de la vida
En la que estoy muerto

Federico de Arce
Jugando a las casitas con Emily Dickinson
Mochuelo Libros

“Término”, de Constantino Cavafis

Entre el miedo y las sospechas,
con los ojos inquietos y asustados,
nos consumimos, tramando la manera de escapar
al seguro peligro
que tan terriblemente nos amenaza.
Y sin embargo, nos equivocamos: no está en nuestro camino;
los mensajes eran falsos
(o no alcanzamos a oírlos, o no nos llegaron bien).
Otra catástrofe, que no imaginábamos,
repentina, violenta, cae sobre nosotros,
y sin estar aún preparados –ya no hay tiempo– nos arrastra.

Constantino Cavafis
Poesía completa
Editorial Pre-Textos

“Retención de latidos”, de Laura Carrillo Palacios

Retienes agua en tus piernas,
moho en la despensa
y dolor en las raíces
de tu espalda.

Almacenas ajos en la terraza,
líquido en tus carnes
y una vertiente
de fósforo quemado
en la séptima vértebra
de las dudas.

Sientes apego
por el desapego
y no te marchas nunca,
aunque siempre te estás yendo.

Bajo tu piel de almendruco,
hay más que azufre y bilis negra,
un estómago con ojos
y una vejiga seca
como una uva
marchita de voluntad.

Un mar de sándalo
por tus huesos se derrama
y el viento lo recoge
para ofrecérselo a tus labios.

Sientes desapego
por el apego
y no permaneces nunca,
aunque siempre estés aquí.

Laura Carrillo Palacios
El baile de los girasoles
Gato Encerrado

“Es fácil que con los años…”, de Begoña Abad

Es fácil que con los años
almacenes dinero
y que con él te compres
una casita, un coche,
una finca, un caballo,
un yate, una mansión.
Es incluso probable
que llegues a ser ministro,
que te pases de listo
y compres un país.
A estas alturas del poema
es posible que tengas
damas en propiedad,
por eso me gusta tanto
seguir escribiendo versos
en los que comunicarte
que mis pestañas, ya ves, tan poca cosas,
andan sueltas,
que mis pies y mis manos
ya no te pertenecen
y que mi libertad no está en venta.
Que no podrás tenerme en propiedad.

Begoña Abad
Cómo aprender a volar
Olifante