«La mujer absoluta», de Félix Chacón

A veces me preguntas
si me fijo en las otras
Yo respondo que sí
No soy de otro planeta
y es normal que lo haga
pero añado enseguida
que a ti es a quien yo quiero
Y de verdad no miento

Es normal que la mente
viva su vida aparte
ella que es la que puede
Por eso a veces busca
a Marta, a Lidia
a Julia, a Sherezade
a Paula o a Vanesa
a Julieta o a Rita
y se acuesta con ellas
por orden o en orgía
gratis y sin riesgos
en privado, en secreto
sin hacer daño a nadie

Pero no soy hipócrita
cuando digo que eres
para mí la mujer
genérica, absoluta
y que hacerte el amor
es igual que follarme
a todas las mujeres
que caben en mi mente
a la mujer mayúscula
que siempre he perseguido
a tu género entero
sobre la piel del mundo
resumido en tu cuerpo
y por mí sublimado

 

Félix Chacón
Decoración de interiores
Amargord Ediciones

«Volveré a por ti», de Antonio José Royuela

Ella, me dijo:

volveré a por ti.

Sé de lo que hablo.

Pasó el verano.

Las tres primaveras siguientes.

Alternaron largas sequías con años de abundantes lluvias.

Pero como me dijo que sabía de lo que hablaba,

aquí sigo, esperándola.

 

Antonio José Royuela
Zonas
Editorial Lastura

«Sé como los árboles…», de Federico de Arce

Sé como los árboles,

cabeza.

Mantén el equilibrio

llena de pájaros.

 


Federico de Arce
Miel de brujas
Descrito Ediciones

«Las estaciones», de Mario Benedetti

Están en mí las estaciones
como si fueran una sola
las cuatro siempre están en mí
son cuatro franjas de un abismo
desde la aurora hasta el ocaso
la lluvia el verde el sol el viento
sin desvelarme están en mí
son la misión recién nacida
y son los muertos de mi mundo
mis escondidas estaciones
me hacen feliz / sufren en mí
cada una de ellas tiene un cielo
y cada cielo es un espejo
que habla de todos y de mí
las estaciones se congregan
se reconocen y se abrazan
las cuatro siempre están en mí
soy su fervor sus hojas muertas
su granizada sus cosechas
su puerta abierta sus candados
su insolación sus aguaceros
como un destino están en mí
las estaciones se entreveran
para mezclarse con mi vida
para juntarse con mi muerte
y finalmente huir de mí.


Mario Benedetti
Buzón de tiempo

«Encantamiento», de Ángel Guinda

Cuando en la noche asoman las estatuas del mar,
hay vacas, hay caballos, hay ovejas soñando.
Grita la casa de aire abrazada al aire.
Tú que nos levantaste nos has arrodillado.
Quien perdió la cabeza
mirando fijamente el baile de la llama
es ahora una ermita.
Mutilaciones de luz se ciernen sobre los pasos.
Contra las alas de la concentración
repta la dispersión con sus venenos.
¿Qué oídos y bocas son la noche?
Latigazos de artrosis atormentan los pies
que pisaron las nubes en busca de otras órbitas.
Quien niega lo que viene inoculó en sus ojos
la lejanía hostil de haberse ya marchado.
Tú que trajiste todo, todo te lo llevaste.
Y ante el lago de hielo, capirote de fiebres,
la renuncia contiende con el mundo infinito.
Aún vendrán las imágenes con los ruidos de sal.
Cuando en la noche asomen las estatuas del mar.


Ángel Guinda
Catedral de la Noche
Olifante

«La fosa», de Alicia Es. Martínez Juan

Tengo los versos sucios
de quien trabaja la tierra
cavando tumbas
para palabras muertas
y sé que no te gustan
que me ves
y te tapas los oídos
que me escuchas
y cierras los ojos
que me rozas por la calle
en el autobús
en la frutería
así como quien no quiere la cosa
y te tapas la nariz
No te gusta mi olor
–es un gesto–
Pero lo que te pasa
es que en el fondo no quieres
que sienta tu aliento
que descubra que tú también estás muerto
pero no pierdas cuidado
hace tiempo que lo sé
y estoy ampliando la fosa
ensuciando mis poemas
para enterrarte
junto a tus palabras
y a tus perros
y a tus cadenas


Alicia Es. Martínez Juan

En casa, caracol, tienes la tumba
Ed. Gato Encerrado

«Palabra de poeta» de Alicia Es. Martínez en Espacio Leer

«Papiroflexia», de Maribel Tena García

Yo no pasé de simple barco o pajarita
entre aquellas manos que una y otra vez
me doblaban sobre mí misma.
A ratos amagué avión de papel,
trazando en mi caída una lacia parábola,
con la mansedumbre de lo triste,
pobre de acrobacia.
Cada pliegue se quejaba
en su doblez equilátera,
en el surco repetido que trazaba
aquella uña sucia.

Pero gracias a ese dolor
la fibra de celulosa es flexible.
Por eso hoy los dedos largos de tus manos
pliegan con delicadeza geométrica
el papel sobre el papel.

Para que yo pueda ser a tu lado
dragón o libélula.

Maribel Tena García
Como suceden los árboles
La Penúltima Editorial

«O poeta é um fingidor…», de Fernando Pessoa

O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
que chega a fingir que é dor
a dor que deveras sente.

E os que lêem o que escreve,
na dor lida sentem bem,
não as duas que ele teve,
mas só a que eles não têm.

E assim nas calhas de roda
gira, a entreter a razão,
esse comboio de corda
que se chama coração.

_______________________________________________

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que llega a fingir que es dolor
el dolor que de veras siente.

Y los que leen lo que escribe,
en el dolor leído sienten bien,
no los dos que él tuvo
mas solo el que ellos no tienen.

Y así en los raíles
gira, entreteniendo la razón,
ese tren de cuerda
que se llama corazón.

Fernando Pessoa
Autopsicografía

«Post-guerra», de Gloria Fuertes

Sobrevivo al horror de ser vendida,

y de ver sangre fuera de las venas.

La casa de mis padres se ha caído,

el amor que tenía se ha inundado,

la juventud que tuve se ha podrido.

Me río y pisoteo las pastillas.

¿Lo veis? ¡No me he matado!

La Muerte se columpia en una higuera

y esconde su veneno en el colmillo.

 

Gloria Fuertes
Se beben la luz
Editorial Torremozas