«Tienes, pequeño, el alma nueva…», de Isaac Alonso Araque

Tienes, pequeño, el alma nueva

abierta a la felicidad

de un mundo que descubres cada día.

Cómo envidio

tu alma nueva y pequeña.

La mía, con ser más grande, solo está llena de tristeza

por un mundo que me desconcierta

cada día.

Tan chiquitín me enseñas

la alegría de compartir

el conocimiento

cuando muestras a tu peluche

la gran teta que se derrama en la orilla,

atiz, atisch, titisch.

Y que el mundo se nombra

con palabras inventadas

que debemos hacer nuestras

y repetirlas

hasta que nos entiendan.

Atiz, atisch, titisch.

Atiz, atisch, titisch.

 

Isaac Alonso Araque
La Reina Púrpura
Huerga & Fierro

«Y aun así, me levanto», de Maya Angelou

Tú puedes escribirme en la historia
con tus amargas, torcidas mentiras,
puedes aventarme al fango
y aún así, como el polvo… me levanto.

¿Mi descaro te molesta?
¿Por qué estás ahí quieto, apesadumbrado?
Porque camino
como si fuera dueña de pozos petroleros
bombeando en la sala de mi casa.

Como lunas y como soles,
con la certeza de las mareas,
como las esperanzas brincando alto,
así… yo me levanto.

¿Me quieres ver destrozada?
cabeza agachada y ojos bajos,
hombros caídos como lágrimas,
debilitados por mi llanto desconsolado.

¿Mi arrogancia te ofende?
No lo tomes tan a pecho,
Porque yo río como si tuviera minas de oro
excavándose en el mismo patio de mi casa.

Puedes dispararme con tus palabras,
puedes herirme con tus ojos,
puedes matarme con tu odio,
y aún así, como el aire, me levanto.

¿Mi sensualidad te molesta?
¿Surge como una sorpresa
que yo baile como si tuviera diamantes
ahí, donde se encuentran mis muslos?

De las barracas de vergüenza de la historia
yo me levanto
desde el pasado enraizado en dolor
yo me levanto
soy un negro océano, amplio e inquieto,
manando
me extiendo, sobre la marea,
dejando atrás noches de temor, de terror,
me levanto,
a un amanecer maravillosamente claro,
me levanto,
brindado los regalos legados por mis ancestros.
Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.
Me levanto.
Me levanto.
Me levanto.


Maya Angelou

Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado

«Crimen semántico», de Laura Yasan

detener en el aire

la taza

del desayuno

y con cierta solemnidad

cierta lujuria

llamar la atención

del núcleo familiar

para decir

 

quiero matar a alguien

y hacer collares con sus tripas

 

esperar la reacción

y después

libre de tal peso semántico

terminar el café

o comenzar un día diferente

 

Laura Yasan

Safari

Ediciones Liliputienses

«El resto del mundo», de Ángel Petisme

La ONU acaba de finalizar la encuesta más grande de su historia,
la pregunta  fue la siguiente:
Por favor, diga honestamente qué opina de la escasez
de alimentos en el resto del mundo.
Los resultados no han podido ser más desalentadores.
La encuesta ha sido un fracaso descomunal:

Los europeos no entendieron qué significaba escasez.
Los africanos no sabían qué eran alimentos.
Los israelíes no entendieron qué quería decir por favor.
Los yanquis preguntaban qué significa el resto del mundo.
Los chinos y cubanos pedían
que les explicaran el sentido de qué opina.
Y en el congreso argentino, colombiano, chileno, boliviano,
peruano, brasileño y venezolano… hasta hoy se debate
sobre qué quiere decir honestamente.


Ángel Petisme
Poemails
Amargord Ed.

«Ausencia», de Gabriela Mistral

Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.

¡Se te va todo, se nos va todo!

Se va mi voz, que te hacía campana
serrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos, que se devanaban,
en lanzaderas, delante tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.

Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.

Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡Y en tu pasión que retumba en la noche,
como demencia de mares solos!

¡Se nos va todo, se nos va todo!

Gabriela Mistral

«Los geranios», de Carlos Aurtenetxe

Me temo

que me engaña el hombre.

 

He cogido su cuerpo.

Lo he cortado en pedazos con el hacha y el cuchillo

de cocina.

El tronco, las piernas, la cabeza, un extremo de un ala

que crecía extrañamente,

el abdomen.

He metido los trozos en seis sacos de plástico, para el camión

de la basura.

He tirado los nombres, los gritos, muy picados, repartidos

en los tiestos de geranios

del balcón.

He lavado la sangre, las palabras.

 

Me temo que el hombre me engañaba. Espero que no crezca más

su historia.

Ahora tendré que pasar a otros asuntos más concretos.

 

No obstante vigilaré las plantas. No vaya a crecer de nuevo

todo aquello,

a solas, por las noches,

como una pesadilla.

 

Carlos Aurtenetxe

Los cormoranes

Editorial Bermingham

«Todos somos underground (o como cojones se diga)», de Felipe Zapico Alonso

¿El underground nace o se hace?

¿o te hacen?

¿o no te queda más remedio?

¿o te empujan?

¿o es el único sitio libre?

¿o es el primer peldaño?

o vaya usted a saber

pero

sí,

me dicen que estamos

en el

under

ground

todos en un metro

en el suburbano

en el sub ano

en el culo

de todo

donde queremos estar

¿o donde nos dejan estar?

 

Felipe Zapico Alonso
Muros marcados con tiza
Amargord Ed.

«Liberté» / «Libertad», de Paul Éluard

Sur mes cahiers d’écolier
sur mon pupitre et les arbres
sur le sable sur la neige
j’écris ton nom.

Sur toutes les pages lues
sur toutes les pages blanches
pierre sang papier ou cendre
j’écris ton nom.

Sur les images dorées
sur les armes des guerriers
sur la couronne des rois
j’écris ton nom.

Sur la jungle et le désert
sur les nids sur les genêts
sur l’écho de mon enfance
j’écris ton nom.

Sur les merveilles des nuits
sur le pain blanc des journées
sur les saisons fiancées
j’écris ton nom.

Sur tous mes chiffons d’azur
sur l’étang soleil moisi
sur le lac lune vivante
j’écris ton nom.

Sur les champs sur l’horizon
sur les ailes des oiseaux
et sur le moulin des ombres
j’écris ton nom.

Sur chaque bouffée d’aurore
sur la mer sur les bateaux
sur la montagne démente
j’écris ton nom.

Sur la mousse des nuages
sur les sueurs de l’orage
sur la pluie épaisse et fade
j’écris ton nom.

Sur les formes scintillantes
sur les cloches des couleurs
sur la vérité physique
j’écris ton nom.

Sur les sentiers éveillés
sur les routes déployées
sur les places qui débordent
j’écris ton nom.

Sur la lampe qui s’allume
sur la lampe qui s’éteint
sur mes maisons réunies
j’écris ton nom.

Sur le fruit coupé en deux
du miroir et de ma chambre
sur mon lit coquille vide
j’écris ton nom.

Sur mon chien gourmand et tendre
sur ses oreilles dressées
sur sa patte maladroite
j’écris ton nom.

Sur le tremplin de ma porte
sur les objets familiers
sur le flot du feu béni
j’écris ton nom.

Sur toute chair accordée
sur le front de mes amis
sur chaque main qui se tend
j’écris ton nom.

Sur la vitre des surprises
sur les lèvres attentives
bien au-dessus du silence
j’écris ton nom.

Sur mes refuges détruits
sur mes phares écroulés
sur les murs de mon ennui
j’écris ton nom.

Sur l’absence sans désir
sur la solitude nue
sur les marches de la mort
j’écris ton nom.

Sur la santé revenue
sur le risque disparu
sur l’espoir sans souvenir
j’écris ton nom.

Et par le pouvoir d’un mot
je recommence ma vie
je suis né pour te connaître
pour te nommer.

Liberté.

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En mis cuadernos de escolar
en mi pupitre en los árboles
en la arena y en la nieve
escribo tu nombre.

En las páginas leídas
en las páginas vírgenes
en la piedra la sangre y las cenizas
escribo tu nombre.

En las imágenes doradas
en las armas del soldado
en la corona de los reyes
escribo tu nombre.

En la selva y el desierto
en los nidos en las emboscadas
en el eco de mi infancia
escribo tu nombre.

En las maravillas nocturnas
en el pan blanco cotidiano
en las estaciones enamoradas
escribo tu nombre.

En mis trapos azules
en el estanque de sol enmohecido
en el lago de viviente lunas
escribo tu nombre.

En los campos en el horizonte
en las alas de los pájaros
en el molino de las sombras
escribo tu nombre.

En cada suspiro de la aurora
en el mar en los barcos
en la montaña desafiante
escribo tu nombre.

En la espuma de las nubes
en el sudor de las tempestades
en la lluvia menuda y fatigante
escribo tu nombre.

En las formas resplandecientes
en las campanas de colores
en la verdad física
escribo tu nombre.

En los senderos despiertos
en los caminos desplegados
en las plazas desbordantes
escribo tu nombre.

En la lámpara que se enciende
en la lámpara que se extingue
en la casa de mis hermanos
escribo tu nombre.

En el fruto en dos cortado
en el espejo de mi cuarto
en la concha vacía de mi lecho
escribo tu nombre.

En mi perro glotón y tierno
en sus orejas levantadas
en su patita coja
escribo tu nombre.

En el quicio de mi puerta
en los objetos familiares
en la llama de fuego bendecida
escribo tu nombre.

En la carne que me es dada
en la frente de mis amigos
en cada mano que se tiende
escribo tu nombre.

En la vitrina de las sorpresas
en los labios displicentes
más allá del silencio
escribo tu nombre.

En mis refugios destruidos
en mis faros sin luz
en el muro de mi tedio
escribo tu nombre.

En la ausencia sin deseo
en la soledad desnuda
en las escalinatas de la muerte
escribo tu nombre.

En la salud reencontrada
en el riesgo desaparecido
en la esperanza sin recuerdo
escribo tu nombre.

Y por el poder de una palabra
vuelvo a vivir
nací para conocerte
para cantarte.

Libertad.


Paul Éluard
Poésie et vérité / Poesía y verdad

«Soy Venus soy Marie», de Alicia Es. Martínez Juan

Hay viejas
con voz de vieja
Sentadas con el cuello
estirado como un árbol
viejo
obsceno
Alisadas en el estiramiento
como una goma pasada
Pero
tienen voz de vieja
y son viejas
feas en su permanente
e inalcanzable belleza
e insisten en llamarse
Venus
pero son viejas
y lo saben
Pero somos viejas
y lo sabemos
Hay viejas que sonríen
sin temor al sarmiento
Viejas que se encorvan
Saben del paso del tiempo
y le miran a la cara
Andan despacio
sin trampas
Y se ponen sombreros
rosas y zapato plano
Y esconden su piel bajo las medias
porque las medias abrazan
Pero
su voz es joven
y son jóvenes
guapas en su permanente
y natural belleza
y siguen llamándose Marie
y son viejas
y lo saben
y somos viejas y lo sabemos

Mañana Venus y Marie morirán
y sus vestidos serán nuestra mortaja


Alicia Es. Martínez Juan

En casa, caracol, tienes la tumba
Ed. Gato Encerrado

Alicia Es. Martínez estará el jueves 17 de noviembre presentando este libro a las 21 horas en el Aleatorio de Madrid.

«9», de Rufa Sánchez-Uría

Se queda a veces Madrid casi desierto
a favor de un descosido
de pascuas podridas en el calendario
casi vacío de sus habitantes automóviles
que se han ido hacia la playa o la montaña
a destriparse por las vías de Dios
y entonces aparecen las calles anchas
adoquines y bordillos de aceras al aire
que casi huele a aire y un silencio
desconocido apenas de tarde en tarde roto
por vocecitas claxoneantes de los pocos
que circulan lejos y tan mansos que casi
los oye una como a un hato de cabras
desperdigado con sus esquilas indolentes
y se queda una acaso parada en una esquina
y vislumbra con pasmo como por mágico catalejo
lo que era lo que sería una ciudad de gente
y respira un momento como el que despierta
de la angustia de una pesadilla y encuentra
que estaba vivo todavía
pero de qué poco le vale porque están trazadas
con rayas de cal muerta en el negro asfalto
los huecos que ya esperan el retorno
de sus legítimos ocupantes y los semáforos
parpadean de verde a rojo en un anhelo
de volver pronto a destellar a tope
en el juego de ordenación de la riada
del tráfico normal y es al fin lo mismo
que cuando por caso retozaba ella conmigo
en un remanso de olvido del mundo entero
y en medio de ello me envenenaba el corazón
la amenaza de que muy pronto volvería
a apoderarse de ella su futuro
y se iría a hacer su vida la vida suya
y a dejarme más sola que un difunto
en su sepulcro cuando los familiares
se han ido todos ya enjugándose los ojos
a buscar su cochecito y al negocio
de la salvación de su alma cada uno.


Rufa Sánchez-Uría
Safo en Madrid
Editorial Lucina