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Archivo de la etiqueta: poesía
«miedo tengo al decir…», de Federico de Arce
miedo tengo al decir
la palabra pájaro
de que muera el pájaro
miedo tengo al decir
la palabra árbol
de que muera el árbol
no tengo miedo al decir
la palabra hombre
un pájaro soy un árbol
perdido en los caminos
Federico de Arce
El guardián de la voz
Editorial Gato Encerrado
La presentación de El guardián de la voz será el 20 de octubre en Toledo.

«Fueron violados los pactos», de Antonio Martínez Sarrión
Hace ya mucho tiempo que esa luz,
la que desde sus límites precisos
descendía a los vivientes y las cosas
orientando sus rumbos, ya no existe.
Quedan las limpias tarde con viento de poniente,
ciertos perfiles de un cuenco de barro
que dicen esa estrofa de mutilados versos
en la que venteamos un resto de esplendor.
Lo demás es penumbra, griterío,
la deformante grieta del espejo,
los años desecando tanto aljibe
para, al cabo, encontrar monedas de latón.
Antonio Martínez Sarrión
De acedía
Hiperión
«Acertijo poético», de Carlos Ávila
El problema no reside
en saber qué país
es el dueño del huevo
que ha puesto el gallo
en la frontera.
Porque en la poesía
el gallo puede poner huevos
y la gallina
puede ser valiente.
El problema no es el gallo, el huevo o el país.
Es la frontera.
Carlos Ávila
Pero lo nuestro es cantar
Editorial Gato Encerrado
«Anoche me dicté…», de Ana Pérez Cañamares
Anoche me dicté
el mejor poema del mundo.
Era una nana
un manifiesto
un discurso de bienvenida
un homenaje
una canción de amor
un réquiem
un pistoletazo de salida
para la revolución.
Era capaz de aniquilar
en un verso
y de resucitar
en el siguiente.
Pero olvidé escribirlo
y ahora soy la misma persona
escribiendo sobre la impotencia.
Ana Pérez Cañamares
Las sumas y los restos
Ya lo dijo Casimiro Parker
«El poema difícil», de José Agustín Goytisolo
El poema está dentro
y no quiere salir.
Golpea en mi cabeza
y no quiere salir.
Yo grito, me estremezco,
y no quiere salir.
Le llamo por su nombre
y no quiere salir.
Bajo a la calle, entonces,
y lo encuentro ante mí.
José Agustín Goytisolo
Algo sucede
Editorial Lumen
«Hijos de la época», de Wislawa Szymborska
Somos hijos de la época,
la época es política.
Todos tus, nuestros, vuestros
asuntos diarios, asuntos nocturnos
son asuntos políticos.
Quieras o no lo quieras,
tus genes tienen un futuro político,
tu piel tiene una tonalidad política,
tus ojos un aspecto político.
Lo que dices, resuena,
lo que callas, tiene un sentido
de todas las formas, político.
Hasta yendo por la selva, por el bosque,
estás dando pasos políticos
con fundamentos políticos.
Los poemas apolíticos también son políticos,
y en lo alto brilla la luna,
un objeto ya no lunático.
Ser o no ser, he aquí la cuestión.
Qué, pregunta, dime, cariño.
Una pregunta política.
No hace falta que seas un ser humano,
para cobrar importancia política.
Basta con que seas petróleo,
pienso o materia reciclada.
O una mesa de debate, cuya forma
fue discutida durante meses:
¿en qué mesa pactar sobre la vida y la muerte?,
¿redonda o cuadrada?
Mientras tanto la gente se moría,
morían los animales,
ardían las casas
y los campos de cultivo se perdían
como en las épocas pretéritas
y menos políticas.
Wislawa Szymborska
Gente sobre el puente
«Jazz-Lilth», de Juan Eduardo Cirlot
Con mis ojos escucho, con mis ojos
de menta y de cristal desmesurado.
Con mis ojos de piano en el ocaso,
con mis ojos de tigre y de cerezo.
Con mis ojos escucho los acordes,
los desgarrados sones de la tarde,
los sones del amor y del sollozo,
los muslos que se acercan por el cielo.
Con mis ojos escucho tantas selvas,
tantas selvas de furia y de carbunclos.
Con mis ojos de piano, con mis ojos
de hoguera abandonada en el desierto.
Los acordes se rompen en el canto,
los acordes se quiebran en los árboles,
los muslos se acercan por el cielo,
los muslos de magnolia y de ceniza.
Con mis ojos escucho los dos muslos,
con mis ojos de menta y de asesino,
con mis ojos de músico extraviado.
Juan Eduardo Cirlot
La habitación imaginaria
Editorial Siruela
«Arma de dos filos», de José Agustín Goytisolo
El poema
es un arma
de dos filos.
Uno, suave,
y el otro
como un grito cortante,
como un rayo
incisivo.
¡Ah, poeta dulcísimo!
No olvides
esta parte
del poema.
El castigo
es morir por la espalda,
degollado
por el segundo
filo.
José Agustín Goytisolo
Algo sucede
Editorial Lumen
«Digresión», de Luis Muñoz
Este amor es posible sólo
porque otros le preceden.
Del modo en que lo mires,
como tú eres porque fuiste otros
y porque en ti coinciden,
en un silencio cálido,
los gestos, la querencia,
los demonios de otros.
Los mismos que nombrar hacen posible,
como un dardo en un fruta roja,
la dulzura y el daño, la inocencia
y la malicia: dos mitades,
dos puntas de veneno,
dos caras
de ninguna moneda.
Luis Muñoz
Limpiar pescado
Visor
