«Utopía», de Carlos Ávila

No se puede amar lo que no existe,
los potenciales sueños,
horizontes.

Tu regreso,
el esperma convertido,
el árbol que dará forma a mi ataúd.

La metamorfosis se puede amar.
Pero la mariposa vuela.

No se puede amar lo que no hallo,
en el día a día,
en el nacer de siempre.

Lo que no se tiene
no se puede amar.
Pero lo hago.

Carlos Ávila
Pero lo nuestro es cantar
Editorial Gato Encerrado

«Amor feliz», de Wislawa Szymborska

Amor feliz. ¿Es normal,
es serio, es útil?
¿Qué provecho tiene el mundo de dos personas
que no ven el mundo?

Encumbrados mutuamente sin mérito alguno,
al azar, dos entre un millón, mas convencidos
que así tenía que ser −¿premio de qué?
De nada.
La luz surge de ninguna parte,
¿Por qué cae sobre estos y no sobre otros?
¿Ofende eso a la justicia? Pues sí.
¿Infringe las normas establecidas con esmero?
¿Derriba la moral? La daña y la derriba.

Mírenles qué felices:
¡Si disimularan al menos un poquito,
si fingieran desaliento dando ánimos a los amigos!
Escuchen cómo se ríen –es insultante.
Qué lenguaje usan –aparentemente claro.
Y esas ceremonias, y esos protocolos,
sus obligaciones rebuscadas de uno para con el otro –
¡parece un complot a espaldas de la humanidad!

Hasta resulta difícil prever qué ocurriría
si su ejemplo llega a propagarse.

Con qué podrían contar las religiones y la poesía,
de qué se acordarían, qué olvidarían
aquellos que quisieran pertenecer al círculo.

Un amor feliz. ¿Acaso es necesario?
El tacto y el sentido común aconsejan no hablar de eso
como si de un escándalo en las altas esferas de la Vida se tratase.
Magníficos bebés nacen sin su ayuda.
Jamás podría poblar la tierra,
ocurre muy pocas veces.

Que aquellos que no conocen un amor feliz
afirmen que no existe un amor feliz, en absoluto.

Con esa creencia les será más fácil vivir, y morir.

Wislawa Szymborska
Si acaso

«Antes», de Javier Lostalé

Antes de que se apague
la llama oscura de tu vida,
abre bien tus brazos
hasta ser tomado,
en su último aliento de belleza,
por todo lo que no fuiste.
Antes de que definitivamente
pierdas la voz y la mirada,
asómate a cuanto enterraste
y pronúncialo hasta llegar
a su sima más redentora.
Anúdate luego a lo amado,
quemándose en ello tu memoria,
y en soledad de cielo hueco
espera ya sólo
que tus párpados se cierren
en la escritura total
de este poema sin nadie.

Javier Lostalé
Cielo
Fundación José Manuel Lara

«El cine de los sábados», de Antonio Martínez Sarrión

maravillas del cine galerías
de luz parpadeante entre silbidos
niños con sus mamás que iban abajo
entre panteras un indio se esfuerza
por alcanzar los frutos más dorados
ivonne de carlo baila en scherazade
no sé si danza musulmana o tango
amor de mis quince años marilyn
ríos de la memoria tan amargos
luego la cena desabrida y fría
y los ojos ardiendo como faros

Antonio Martínez Sarrión
Teatro de operaciones

«Escuela de la vida», de Karmelo C. Iribarren

La mirada
al frente,
la sonrisa
a punto,
y los zapatos
limpios.

No lo olvides:

ni una sola pista
a los enemigos.

Karmeno C. Iribarren
Atravesando la noche
Huacanamo

«Contemplación», de Begoña Abad

Destila la hoja la humedad nocturna,
aún no existe, como tal, la gota.
Comienza a condensarse el agua,
resbala delicada por el borde,
pesa lo suficiente, nace
y en ese instante exacto
se derrama, cae, desaparece
su efímera existencia.
Sin embargo, al caer, su sonido
serena el atento oído del viajero,
su golpe sobre la superficie del lago
producirá círculos concéntricos
que moverán la orilla lejana
y el movimiento llegará hasta el fondo
donde un grano diminuto de arena
cambiará para siempre de lugar.

Begoña Abad
La medida de mi madre
Olifante Ediciones

«Tu constancia», de Ana Carolina Quiñonez Salpietro

Tu constancia
no nos va a llevar a ninguna parte

gira alrededor de su propio eje

como los perros
en los dibujos animados

persiguiendo su cola.

Nunca tropiezan
pero tampoco la alcanzan.

Ana Carolina Quiñonez Salpietro
Cuentos tristes que esperan las chicas antes de salir a bailar
Ediciones Liliputienses

"Insomnio", de Gerardo Diego

Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo,
y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño, y por el mar las naves.

En cárceles de espacio, aéreas llaves
te me encierran, recluyen, roban. Hielo,
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo
que alce hasta ti las alas de mis aves.

Saber que duermes tú, cierta, segura
−cauce fiel de abandono, línea pura−,
tan cerca de mis brazos maniatados.

Qué pavorosa esclavitud de isleño;
yo, insomne, loco, en los acantilados,
las naves por el mar, tú por tu sueño.

Gerardo Diego
Alondra de verdad

Hoy Carlos Ávila actuará en tu casa

Hoy, a las 20. 30 horas, podréis ver un concierto de Carlos Ávila sin salir de vuestras casas. Lo emitirán por los canales de Youtube y Facebook de Eklat Cultural.

#yomequedoencasa

«Futuro inmediato: funeral», de Elena Román

Desde la gasolinera veo la autovía
y un cielo gris, denso.
Tiene que irse,
huele a tornado y a productos químicos.
Nos despedimos, le abrazo.
Se sube a un caballo que se pone nervioso
y galopa, indomable, de un lado a otro
hasta tirarlo al suelo.
Veo su cabeza en un charco de sangre,
ha muerto y todo vuelve a empezar.
Tiene que irse,
sé lo que va a ocurrir.
Sé que la palabra que definirá nuestro futuro inmediato
es “funeral”,
le abrazo fuerte y estoy llorando
porque voy a perderle
y no puedo cambiar el destino.
Va a subirse al caballo. Yo me doy la vuelta.
No puedo verle morir más veces,
no lo soportaría.
Pero entonces me llama y me giro.
No se ha subido al caballo y me dice
que está cerca el tornado
y que podríamos irnos a casa
a caballo los dos.

Elena Román
¿Qué hacer con Freud además de matar a Freud?
Ediciones Liliputienses