«Spiritual I», de Leopoldo María Panero

Salí a la calle y no vi a nadie,

salí a la calle y no vi a nadie,

¡oh, Señor!, desciende por fin

porque en el Infierno ya no hay nadie.

 

Leopoldo María Panero
Narciso en el acorde último de las flautas
Huerga & Fierro Editores

«¿Sabes lo que más me espanta del horror?», de Ana Pérez Cañamares

¿SABES LO QUE MÁS ME ESPANTA DEL HORROR?

Que nunca me avergüenza

tanto como merece.

 

Porque si de verdad

                        me indignara lo bastante

saldría a la calle desnuda

iría a un edificio del Poder

y explosionaría

la bomba que tuviera más a mano

 

por ejemplo mi corazón.

 

Ana Pérez Cañamares
El espejo discreto
Editorial Pre-Textos

«To the Censorious Ones» («A los censores»), de Anne Waldman

I’m coming up out of the tomb, Men of War
Just when you thought you had me down, in place, hidden
I’m coming up now
Can you feel the ground rumble under your feet?
It’s breaking apart, it’s turning over, it’s pushing up
It’s thrusting into your point of view, your private property
O Men of War, Censorious Ones!
get ready big boys get ready
I’m coming up now
I’m coming up with all that was hidden
Get ready, Big Boys, get ready
I’m coming up with all you wanted buried,
All the hermetic texts with stories in them of hot & dangerous women
Women with lascivious tongues, sharp eyes & claws
I’ve been working out, my muscles are strong
I’m pushing up the earth with all you try to censor
All the iconoclasm & bravado you scorn
All the taunts against your banner & salute
I’m coming up from Hell with all you ever suppressed
All the dark fantasies, all the dregs are coming back
I’m leading them back up now
They’re going to bark & scoff & rage & bite
I’m opening the box
boo!

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Estoy subiendo desde la tumba, Hombres de la Guerra
Justo cuando pensabais que me tenías abajo, en ese sitio, escondida,
estoy subiendo ahora
¿Podéis sentir el suelo retumbar bajo vuestros pies?
Se está rompiendo, se está dando la vuelta, está empujando hacia arriba,
empujando hacia vuestro centro, vuestra propiedad privada
¡Hombres de la Guerra, Censores!
Preparaos, los más grandes, preparaos
Estoy subiendo ahora
Estoy llegando con todo lo que estaba oculto
Preparaos, Chicos Grandes, preparaos
Estoy subiendo con todo lo que queríais enterrado
Todos los textos herméticos con historias de mujeres calientes y peligrosas
Mujeres con lengua lasciva, ojos afilados y garras
He estado trabajando, mis músculos son fuertes
Estoy empujando la tierra con todo lo que intentáis censurar
Toda la iconoclastia y la valentía que despreciáis
Todas las burlas contra vuestras banderas y saludos
Estoy subiendo desde el infierno con todo lo que alguna vez suprimisteis
Todas las fantasías oscuras, todas las heces regresan
Las estoy guiando ahora
Van a ladrar y a burlarse y a rabiar y a morder
Estoy abriendo la caja
¡Bu!

Anne Waldman
In the Room of Never Grieve

«Yo soy el hombre que lanzó un zapato a Bush…», de Ángel Petisme

YO SOY EL HOMBRE QUE LANZÓ UN ZAPATO A BUSH,
el hombre que no puede evitar su destino.
Yo soy los niños sin cabeza, los de un ojo en la frente,
los de escamas en el cuerpo
a causa del uranio empobrecido.

Yo no soy Vargas Llosa
justificando la invasión en Diario de Irak,
soy el Museo de Bagdad y la desolación de las vitrinas rotas
las máscaras rituales, los tocados reales, los recipientes de oro
que llegaron a vuestros museos ¡milagrosamente!
Yo soy los niños con bolas de billar en los ojos
que les sobran sonrisas pero les faltan dientes.
Soy la sangre por las calles de Faluya, de Tikrit, de Mosul,
de Baquba, de Kirkuk, de Kerbala…
Los gritos de un mundo de aflicción,
quizás no merecíamos existir,
venid a ver.

Yo soy el hombre de las lágrimas secas,
soy Muntazer al-Zaidi,
el que cuelga en su apartamento
una foto del Che,
el que cumple quince años de cárcel.

Soy el azufre de antes de la lluvia,
soy uno de los ochenta mil de Abu Grhaib,
desnudos, cabezas de bolsa de cartón,
defecan sobre nosotros y nos aplican
electricidad en ano y  genitales.

Yo soy la tristeza de la desobediencia,
en ese zapato iba la rabia del Planeta,
los niños harapientos con más huesos que carne,
yo soy el relámpago que brinca desde Asia.

-¡Este es el beso de despedida del pueblo iraquí,
perro!-, le grité una mañana
en la rueda de prensa
un 15 de diciembre de 2008.

Yo soy la primera guitarra conocida en el mundo,
el texto original del Poema de Gilgamesh,
la biblioteca de Asurbanipal en mármol esculpido,
las tablillas con los primeros escritos del hombre…
Me quedé corto, os hubiese lanzado
todas las armas de destrucción más IVA
que esgrimisteis como razón para invadir
mi hogar.

Este es el zapato más aciago del mundo,
este es el zapato del Nuevo Amanecer.

Yo soy un millón de gotas que murieron de sed,
un millón de iraquíes.

 

Ángel Petisme
La noche 351
Ediciones Hiperión

«8», de Rafael Pérez Estrada

Se agotaron las lágrimas,

y los prestamistas, los que conocen el valor de las lágrimas, no daban abasto.

A veces se hizo necesario compartirlas como se comparten el pan y la tristeza.

Y en los desagües, el dolor se atascó de pronto.

 

Rafael Pérez Estrada
El grito & Diario de un tiempo difícil
Miguel Gómez Ediciones

«La cicatriz», de Luis Rosales

A cada hombre le tendríamos que hablar en una lengua distinta,

a cada amigo le tendríamos que hablar con una voz distinta

para que nos pudiesen comprender,

pero la lengua personal es tan fiel a sí misma,

tan incomunicable

que las palabras son como ataúdes

y sólo llevan de hombre a hombre

su andamio agonizante,

su remanente de silencio

y su estertor.

Como aquella mañana

en que al sentarme en el autobús

vi a mi lado una antigua  moneda romana,

una medalla

o una lápida

que hablaba masticando las palabras;

era una campesina ya embebida

por la intemperie de la noche a tientas

y de la vida a ciegas

que me miraba con un poco de luto en las pupilas

como queriéndome abrigar,

y yo no supe contestarle,

y yo callaba junto a ella

porque mi lengua personal es inventada,

enfática,

y como no me sirve para hablar con un obrero o con un niño,

y como no me puede dar la absolución

a veces tengo que ocultarla como se oculta el dinero en la cartera,

a veces tengo que callar

como hice entonces,

sintiendo de repente

la incomunicación

igual que el aletazo de un murciélago,

con su golpe de trapo,

y su asco parcelado sobre su rostro,

donde el labio que calla va convirtiéndose en cicatriz.

 

Luis Rosales
Como el corte hace sangre

«Down / up», de Félix Chacón

A veces me dejo caer hasta tocar fondo

Tan dentro de mí mismo que ni la guardia civil ni los bomberos

ni el ejército podrían rescatarme

Y me siento escoria, podredumbre y vacío

Por decirlo más claro: la mayor mierda de este mundo

 

Es como deslizarse por un tobogán sin fin

Peligrosamente inclinado y terriblemente rápido

 

Lo cierto es que quiero llegar a lo más bajo

 

Sólo cuando no pueda bajar más

Me decidiré a escalar, a emerger de estas profundidades abisales

tan infectadas de lo peor de mí mismo

 

Y será todo un triunfo volver de nuevo a la superficie y respirar

 

Félix Chacón
Intimátum
A la Luz del Candil

«Que todo pase rápido…», de Óscar Aguado

Que todo pase rápido
que todo se vaya al carajo
que ame mucho
y así al fin el amor se acabe
que me rompan los huesos
ya que mi corazón contra todo pronóstico
consigue resistir la acometida
que pasen todas las risas
que sean cortas y rápidas
como una cuchilla cortando una oreja
que la pena me encoja de hombros
como el viento a un árbol sin frutos
que pase todo rápido
que mi amor desista y que ella nunca más se deje llevar por mi locura
que no compren más juguetes a un niño enfermo
que la noche no me tiente con su lluvia
en el cristal
en la sedosa inercia de un vestido corto
que todo pase rápido que no me dé tiempo
a imaginar sus ojos abierto su boca abierta
sus ojos y sus labios húmedos
que alguien silencie el taconeo del amor
que no haya dudas y sea tan pura mi tristeza
como el vaso que se rompe
como esos cristales por los que lloraba de niño
que la cerilla queme la yema de mis dedos
y se apague su llama de una vez.

 

Óscar Aguado
La habitación del extranjero
Amargord Ediciones

Con la editorial Gato Encerrado, Óscar Aguado ha publicado El falso llano.

«When we are sleeping…», de Robert Montgomery

When we are sleeping,

aeroplanes carry memories

of the horrors we have given our silent consent

to into the night sky of our cities,

and leave them there,

to gather like clouds,

and condense into our dreams, before morning

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Cuando dormimos,

los aviones llevan recuerdos

de los horrores que hemos consentido en silencio

al cielo nocturno de nuestras ciudades,

y los dejan allí,

para que se formen nubes

y se condensen en nuestros sueños

antes de la mañana

 

Robert Montgomery

«Prince Street», de José María Fonollosa

Debiera liberarse la mujer
de la opresión en que la tiene el hombre.

Bien es verdad que algunas son verdugos
que sin piedad castigan a sus machos.
Mas, por lo general, es la oprimida.
No cuenta como igual individualmente.
Se la ha apartado a un lado y asignado
las funciones higiénicas más bajas:
es cubo de basura de los hombres.

Resulta incomprensible su obediencia
a unas normas injustas desde siglos.
Parece resignada y adaptada,
incluso unas contentas, a estar presa
de algún dictadorzuelo cruel e imbécil
que la veja y le exige una sonrisa.

Sus razones, supongo, habrá tenido.
O, acaso, ha sido simple experimento
ese dejar hacer. Mas comprobado
de manera exhaustiva que los hombres
no logran resolver la convivencia,
debiera liberarse la mujer.
Y asumir, ella, el mando de la especie.

Nosotros ya tuvimos nuestro tiempo
y hay que reconocer que fracasamos.

José María Fonollosa
Ciudad del hombre: New York
Quaderns Crema