«Donde fuiste feliz alguna vez…», de Félix Grande

Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás: el tiempo
habrá hecho sus destrozos, levantado
su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina.

Si la felicidad te la dio una mujer
ahora habrá envejecido u olvidado
y sólo sentirás asombro
−el anticipo de las maldiciones.
Si una taberna fue, habrá cambiado
de dueño o de clientes
y tu rincón se habrá ocupado
con intrusos fantasmagóricos
que con su ajeneidad te empujan a la calle, al vacío.
Si fue un barrio, hallarás
entre los cambios del urbano progreso
tu cadáver diseminado.

No debieras volver jamás a nada, a nadie,
pues toda historia interrumpida
tan sólo sobrevive
para vengarse en la ilusión, clavarle
su cuchillo desesperado,
morir asesinando.

Mas sabes que la dicha es como un criminal
que seduce a su víctima,
que la reclama con atroz dulzura
mientras esconde la mano homicida.
Sabes que volverás, que te hallas condenado
a regresar, humilde, donde fuiste feliz.

Sabes que volverás
porque la dicha consistió en marcarte
con la nostalgia, convertirte
la vida en cicatriz;
y si has de ser leal, girarás errabundo
alrededor del desastre entrañable
como girase un perro ante la tumba
de su dueño… su dueño… su dueño…

Félix Grande
Música amenazada

«Qué cabe en un poema…», de Javier Manzano Fijó

Qué cabe en un poema.

Qué hacer con esa foto

de nuestra política de defensa.

Qué memoria, qué amor,

qué verdad exhausta perseguimos

en el suicidio lento de la pereza,

el cómodo asesinato de la suerte.

Cómo traducir ese dolor abrazando a tu hija viva.

Javier Manzano Fijó
La esperanza o el cuerpo
Editorial Gato Encerrado

«Al cuerpo, o a la nada…», de Javier Manzano Fijó

Al cuerpo, o a la nada.
Como si los códigos de los libros
fueran lo mismo que tus ojos intactos.
Como si los siervos impasibles
no existieran.

Al cuerpo o a la nada,
a ellos nos debemos.
Y sí, la fiebre se queda,
el portal sigue sucio,
perseguimos a redentores del abandono,
por eso la muerte no nos basta
y nos lleva a la risa.

 

Javier Manzano Fijó
La esperanza o el cuerpo
Editorial Gato Encerrado

Presentación del nuevo poemario de Javier Manzano Fijó

El día 26 de septiembre os esperamos en la presentación de La esperanza o el cuerpo, el nuevo poemario de Javier Manzano Fijó. Será a las 19.30 horas en la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Federico de Arce y Alicia Avilés acompañarán al autor.

Gato Encerrado en el Festival de Poesía Voix Vives

Un año más se celebrará en Toledo el Festival de Poesía Voix Vives. En esta ocasión será los días 6, 7 y 8 de septiembre, todo un fin de semana en el que podréis disfrutar de poesía en vivo a todas horas y en diferentes localizaciones de la ciudad.

Nuestra editorial tendrá una escena propia el día 8, domingo, de 19 a 20 horas en la plaza del Ayuntamiento. Estarán con nosotros todos los poetas que hemos publicado hasta el momento y algunos que lo harán muy pronto.

Desde el siguiente enlace podéis descargar en pdf el programa del festival:

Programa de Voix Vives 2019

«Pobres diablos», de Karmelo C. Iribarren

Aunque nos cueste admitirlo
cómo nos alegra
comprobar
que aquel viejo colega
−al que no habíamos visto
desde vete a saber cuándo−
tampoco ha llegado
a ningún sitio,

que en el fondo no es más
que un pobre diablo,
como nosotros,

y que el cabrón de él
se alegra de lo mismo.

Karmelo C. Iribarren
La frontera y otros poemas
Renacimiento

«Paternidad», de Brenda Ríos

Hacer una casa es escribir una casa
se te cae del cuello
del borde del vestido

por seguridad
hay que coserse las casas en el dobladillo
nadie sabe en tiempos inciertos

Mi amigo tendrá un hijo
con una mujer que juega con él
un gatito pequeño ella y él la bola de estambre
se rumiarán felices

Te digo:
quepo en 345 cajas de cartón
no es mucho si lo piensas
un tráiler vendrá y me llevará a otra parte

Seremos nuevos recién nacidos
en un placer de asombro
o de temblor
de margarina derretida

Mi amigo amamantará a su hijo bastardito
y lo querrá porque eso es él: puro querer de gratis
le pondremos nombres que vayan con su futuro:
amarillo, industrial, en vías de desarrollo, sustentable

Será bueno este hijo y la casa que, imagino, espera por ellos
con la mujer cruel se equilibra de tal suerte
que nada cae de su sitio.

 

Brenda Ríos
Aspiraciones de la clase media
Ediciones Liliputienses

«Himno a Satanás», de Leopoldo María Panero

A Belfegor, dios pedo o crepitus

Tú que modulas el reptar de las serpientes

de las serpientes del espejo, de la serpientes de la vejez

tú que eres el único digno de besar mi carne arrugada,

y de mirar en el espejo

en donde sólo se ve un sapo,

bello como la muerte:

tú que eres como yo adorador de nadie:

ven aquí, he

construido este poema como anzuelo

para que el lector caiga en él,

y repte

húmedamente entre las páginas.

Leopoldo María Panero
Guarida de un animal que no existe
Visor

«La ducha», de Vanessa Jiménez

Perpetua cascada humana,
la artificiosa ducha
que escupe agua al agua,
me devuelve al contorno y al deseo,
porque oigo tu cuerpo chocar
contra las cacerolas,
y tus maldiciones bajitas
que me trae el silencio.
Quiero, lo sé,
quiero volver mi cuerpo a tu casa,
una vez más, la última.
Quizás solo somos eso,
dos cuerpos destinados a encontrarse.
Nos sobraría el resto del mundo
fuera de la cama,
y hasta también la cama.

¿Y si solo soy cuerpo?
¿Mi alma se ha marchado?
Entonces el vuelo está vetado,
la ascensión no existe.
Debería entregar mis carnes
a la tierra generosa
y ponerme la losa encima,
y que otro viva por mí,
y se alce,
y halle su primavera en el abrazo,
y baile su demencia
y se lleve mis alas …
mientras mi mano atraviesa el ataúd
y le dice adiós,
llorando polvo.

Y todo por esa última vez
en la que sienta
que no soy un pedazo de materia,
girando sola,
en el enorme espacio…

Vanessa Jiménez
De pájaro y muertes
Editorial Gato Encerrado

«Elegido por aclamación», de Ángel González

Sí, fue un malentendido.

Gritaron: ¡a las urnas!

y él entendió: ¡a las armas! –dijo luego.

Era pundonoroso y  mató mucho.

Con pistolas, con rifles, con decretos.

 

Cuando envainó la espada dijo, dice:

La democracia  es lo perfecto.

El público aplaudió. Sólo callaron,

impasibles, los muertos.

 

El deseo popular será cumplido.

A partir de esta hora soy –silencio–

el Jefe, si queréis. Los disconformes

que levanten el dedo.

 

Inmóvil mayoría de cadáveres

le dio el mando total del cementerio.

 

Ángel González
Grado elemental